El personal de Ingesa pierde la batalla de las 35 horas semanales

LABORAL

Ceuta permanece como uno de los territorios donde la reducción de la jornada laboral no solo no se ha implantado sino que ni tan siquiera se negocia

Instalaciones del centro de salud de El Recinto/EL PUEBLO
Instalaciones del centro de salud de El Recinto/EL PUEBLO

No todos los profesionales de la sanidad pública española gozan de la jornada laboral de 35 horas, una vieja reivindicación de las organizaciones sindicales. Tras la crisis económica de 2008 y la consiguiente implementación de recortes en las cuentas públicas, los trabajadores perdieron este derecho que solo después, y no en todos los territorios, ha podido llegar a recuperarse. No es este el caso, sin embargo, de Ceuta. “Es una demanda que planteamos reiteradamente en todas las mesas sectoriales”, coinciden los representantes de los sindicatos ceutíes.

La negociación con el Instituto de Gestión Sanitaria (Ingesa) para la reducción de la jornada ni tan siquiera se ha abierto. El presidente de la Junta de Personal de Ingesa y de CSIF-Sanidad, Alejandro Artero, critica la actitud de la administración, a la que reprocha su renuencia a abrir el debate de las 35 horas semanales. “Siempre hay un pero con el que se justifica que no se avance en una posible negociación”, lamenta el sindicalista.

La responsable de Cemsatse -segunda fuerza sindical en la Junta de Personal- y secretaria general de Satse, Elisabeth Muñoz, abunda en el argumento. “Lo que se nos dice es que están por la labor de que accedamos a las 35 horas semanales, pero que eso depende del Ministerio de Administraciones Públicas”, explica Muñoz.

Iniciado 2025, son ya muchos los servicios de salud pública en los que la administración autonómica ha pactado con los sindicatos la implantación de las 35 horas. Junto a Ceuta, territorios como Navarra, Comunidad Valenciana, Madrid o Aragón esperan todavía a que la reducción de jornada se haga realidad algún día.

La negociación de las 35 horas está en Ceuta condicionada por las dificultades que el sistema sanitario público encuentra para la contratación de personal cualificado. La reducción de la jornada implicaría la incorporación de nuevos trabajadores, con el consiguiente gasto, lo que no haría sino aumentar las dificultades que Ingesa ya encuentra para cubrir las necesidades de su plantilla.

“Si yo paso a hacer 1.500 horas en lugar de 1.645, son horas que dejo de cubrir y, por tanto, personal nuevo al que hay que contratar: en el fondo, todo es cuestión de dinero”, argumenta la sindicalista de Satse.

Las 35 horas como incentivo

Si el precio a pagar por la implantación de la reducción de jornada es un incremento de la inversión en personal, renunciar a ella supondrá añadir un motivo más para que los profesionales que potencialmente podrían recalar en Ceuta no lo hagan.

Concebir las 35 horas como un reclamo más de los que la administración debería habilitar para hacer efectiva la consideración de “difícil cobertura” de la que gozan los puestos del personal sanitario en la ciudad es otro de los argumentos de los sindicatos.

Los sindicatos, sin embargo, no renuncian a emular a sus compañeros gallegos -que en 2023, y tras una huelga médica, lograron arrancar a la Xunta el compromiso de implantar las 35 horas- o aragoneses -que disfrutan de una jornada de 35 horas y 40 minutos desde el pasado 1 de enero. “Con todo, lo más cerca que hemos estado de las 35 horas ha sido con la actual dirección, que al menos nos dicen que también lo comparten, aunque después maticen que no depende de ellos”, concluye Muñoz.

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