Los Caballas sellan su historia de amor con Cádiz

CARNAVAL

La comparsa ceutí 'Los Caballas' ha sellado definitivamente su historia de amor con Cádiz. La agrupación de José Miguel Romero, Alfredo Luque y Juanito Sánchez Carrasco consigue encandilar, una vez más, al público gaditano con dos pasodobles dignos de la fase de cuartos

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Hay historias de amor que perduran más allá de que un acto matrimonial certifique que los tortolitos se quieren tela, que van más allá del 'si quiero' mientras una madre llora y otra le hace señas al novio de que se meta la camisa por dentro del pantalón. Y en el carnaval también: hay agrupaciones que caen bien, que conquistan al público, más allá de que el palmarés les contemple como ganadores, finalistas o semifinalistas de un certámen, a criterio y gusto de los miembros del Jurado.

Una de esas historias es la José Miguel Romero con el Falla. A su padre le mandaron a hacer la mili a San Fernando, y ahí conoció a un tal Juan Rivero que inculcó el veneno del carnaval a nuestro añorado Pepe. Y este, a sus hijos. Y sus hijos a los nietos. Josemi escoge esta historia para decir que aprendió geografía gaditana no con mapas ni libros, sino a través de esas cintas de casette que traían cada año a Ceuta las coplas de "los que han ganado este año en Cádiz". Si se sabe que en La Caleta hay una piedra cuadrada no es a base de baños en la emblemática playa gaditana, sino porque de niño escuchó hasta la saciedad la presentación de 'Quince piedras' de Enrique Villegas, el ayamontino más gaditano. Esas coplas que hablaban de la Alameda, de Cortadura, de los patios de vecinos, de la Cuesta de Jabonería o el drama de San Severiano. En conclusión: si Cádiz ha enamorado a tantos miles de personas a través de su carnaval, no ha sido por cantarle solo a Trump, el cambio climático o los 1.748.654 (sin exagerar, o si) casos de corrupción de cada año. Cádiz enamoró al mundo cantándole a Cádiz.

Esa es la idea fuerza del segundo pasodoble. El primero es dedicado a un fenómeno cada vez más universal, pero siempre igual de duro. De esas bofetadas que nos da la vida a los ceutíes, a 'los caballas' cada equis días en forma de cadáver en la Ribera, Santa Catalina o Benítez. De gente tan desesperada, con una vida tan complicada, que no tiene miedo a jugársela con la esperanza de encontrar otra. Esas muertes no son sólo cifras que los medios de comunicación ofrecemos de cuando en cuando. Son números que definen a una persona, una vida que se ahoga y unos culpables de que esto ocurra.

Los cuplés para el contenedor de la basura y el anisakis del pescadito. Y así acaba, de momento, la historia de amor entre la comparsa de Ceuta, que dura ya varios años, y el templo de los ladrillos colorados. Que sea por mucho tiempo, pues.

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