Piden 10 años de prisión para un acusado de abusar sexualmente de una familiar de 15 años

TRIBUNALES

Los hechos denunciados se remontan a 2017 y la vista ha quedado suspendida hasta este miércoles a falta de la declaración de un testigo clave

Y.A.L. frente al tribunal. / FOTO NICOL'S
Y.A.L. frente al tribunal. / FOTO NICOL'S

Un hombre -Y.A.L.- se ha sentado en el banquillo de la Audiencia Provincial con sede en Ceuta acusado de un delito de abuso sexual contra la prima de su esposa, que en el momento de los hechos tenía 15 años y estaba cuidando a los niños pequeños de la pareja. Las acusaciones piden 10 años de cárcel para el supuesto agresor al entender que se prevalió de su relación de superioridad o de parentesco para con la denunciante, que ha sido sometida a un duro interrogatorio por vía telemática. El juicio ha sido suspendido hasta este miércoles a las 13:00, ya que este martes no ha comparecido un testigo clave, uno de los tíos de la menor al que la niña le habría explicado la situación horas después de que pasara.

Los hechos denunciados se produjeron durante la noche del 11 al 12 de octubre de 2017, solo días después de que la denunciante, su madre y su hermana mayor acudieran a Ceuta desde Madrid para asistir a una boda. Esa noche, la prima de la víctima le pidió que se quedara con sus tres hijos –más pequeños- para cuidarlos mientras ella se dedicaba a los preparativos de la ceremonia. La niña, de entonces 15 años, no esperaba que el marido acudiese a la casa, pero lo hizo en el momento en el que ella se encontraba jugando con los pequeños en el sofá. Según el testimonio de la adolescente, los niños le estaban haciendo cosquillas, y el presunto agresor se apuntó al juego y aprovechó para manosearla, impidiendo que se moviese al pedir a los hijos que continuaran con el juego. De acuerdo con la denunciante, también estaba a cargo de más miembros pequeños de la familia aquella noche.

La víctima reconoce que en ese momento no fue consciente de las intenciones del acusado, por lo que continuó jugando con los niños tumbada en el suelo mientras ellos le ponían juguetes en su espalda. Cuando los menores fueron a la cocina a buscar comida, volvió a aparecer Y.A.L., que se sentó sobre su trasero inmovilizándola y le tocó su vagina, sus nalgas y sus pechos por debajo de la ropa con la excusa de querer hacerle un masaje. La chica supo que su pariente estaba excitado porque notó la erección, pero no pudo zafarse hasta que la puerta de la cocina se abrió y el hombre se levantó.

La denunciante ha contado todos estos detalles por vía telemática, pero la conexión no ha sido óptima y esto la ha obligado a repetir su declaración varias veces. Posteriormente ha sufrido un interrogatorio que podría ser tildado de estigmatizante, pero que ha logrado completar sin perder la compostura: “¿Le dijo que no le estaba gustando y que parase?”, “¿por qué no pidió auxilio?”, “¿por qué no se fue de la casa?”, “¿por qué se quedó a dormir si estaba tan asustada?”, “¿por qué tardó tanto en denunciar los hechos?”, “¿no se ha inventado lo que ha denunciado?”, etc.

“Sentía que estaba haciendo el bien”

La mujer, que ahora rondará los 23 años, ha contestado que pasó la noche en aquel domicilio porque era “responsable” de los niños, que los tocamientos fueron contra su voluntad explícita y que no podía moverse por tener menos fuerza que él, así como que entonces no fue consciente de lo que le había pasado y que temía “ser la culpable de romper la familia”.

En los días posteriores le contó el episodio a un tío –el testigo ausente- y a una prima suya, pero estos no la creyeron e incluso ella sospechó que su agresor mantenía relaciones sexuales tanto con esa prima como con otras dos mujeres de la familia.

Tras su marcha de Ceuta a su domicilio habitual, la adolescente comenzó a hablar con Y.A.L. por WhatsApp e Instagram para que él confesara el delito, pero también para descubrir con qué mujeres le estaba siendo infiel a su prima, y se “ganó su confianza” hasta el punto que habrían acordado que él le regalaría un teléfono móvil a cambio de su silencio.

“Creía que lo estaba haciendo bien chantajeándolo. No entendí la gravedad de la situación. Era una niña de 15 años y sentía que estaba haciendo el bien. Yo fui la que lo conté, si me quiere juzgar por eso, júzgueme”, ha respondido al final de su declaración, insistiendo en que aportó los mensajes al presentar la denuncia.

El resto de la familia

Ambas acompañantes en el viaje a Ceuta han comparecido también en el juicio por vía telemática. Las dos han destacado que la niña se comportaba de una manera extraña a su vuelta a Madrid, que estaba más retraída, y la primera en conocer la historia fue su hermana mayor a finales de diciembre de 2017. Entonces le explicó que lo correcto no era chantajearlo ni intentar que él se incriminase, sino denunciar, así como le enseñó el significado del término “pederasta”. A la niña le dio miedo y vergüenza contar la historia a su madre, pero finalmente lo hizo a instancias de su hermana y la progenitora creó un grupo de WhatsApp para exponer la situación al resto de la familia.

La primera en contestar sería la esposa del acusado, que le recriminó que no hubiera enfrentado la situación “en privado”. Luego discutieron, y solo una persona creyó la historia, el tío de la víctima y hermano de la madre, que también ha comparecido como testigo. La madre también ha explicado que no denunciaron la situación a la policía hasta junio de 2018 porque ella misma “no se encontraba bien” y tenía que acompañar a su hija en el proceso.

Por último, el hermano de la madre ha suscrito esta versión y ha contado que tuvo varios enfrentamientos con el presunto agresor, entre ellos uno en el que sufrió “una paliza” y en el que le robaron un móvil donde estaría la confesión del delito por escrito. Entre ambos hombres hay más procedimientos abiertos y tienen una orden de alejamiento.

“Me dijo que tenía 17 años”

El acusado ha defendido en todo momento que lo manifestado por los testigos es “mentira” y que la denunciante también lo habría engañado con su edad –pensaba que tenía 17 años- y luego durante sus conversaciones con tierra de por medio.

Ante preguntas del fiscal, ha debido de contextualizar unos comprometedores mensajes: “Te lo aseguro, me encantó. El día que estuve encima estaba muy cómodo e incluso me corrí un poco”, leyó el fiscal. El acusado ha contestado que “le seguía el juego” como ella a él y que se refería a que durante la boda se le sentó encima de sus piernas cuando estaban en un jardín.

Finalmente, el juez ha requerido que se le aplique una multa al testigo ausente solicitado por la acusación particular, que considera su declaración “fundamental” a pesar de que en el Juzgado de Instrucción “no tuvo ningún interés en declarar y no quiere que lo metan en problemas”.

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