El presunto asesino de Mari Ángeles se niega a contestar a las acusaciones y asegura que su hija estaba "endiablada"
TRIBUNALES
Alonso G. quedó muy tocado este lunes tras decidir responder solo a las preguntas de su abogada. Insistió en echarle la culpa del disparo mortal a la niña
Arrancó la segunda semana del juicio contra Alonso G., el policía local sentado en el banquillo por supuestamente asesinar a su mujer de un tiro en su vivienda de la barriada Parques de Ceuta en 2022 delante de su hija, entonces menor. La jornada de este lunes por la mañana iba a estar centrada en dos pruebas periciales: una sobre los supuestos problemas mentales que padecía el acusado desde hace décadas y otra enfocada en demostrar que el suceso fue violencia de género, pero tras la falta de cobertura de uno de los peritos que debía conectarse por videollamada, la magistrada Rosa de Castro decidió empezar por la declaración del presunto autor del crimen, que solo contestó a las preguntas de su abogada Inmaculada Guil e insistió en echarle la culpa a la niña, a la que el hombre describe como “endiablada”.
Perdió Alonso G. una oportunidad de oro para dar explicaciones al jurado popular y así remontar las horas bajas por las que pasa su defensa después del varapalo que se llevaron los peritos criminalísticos José Jiménez Planelles y el doctor Cabrera el pasado viernes, cuando la Policía Cientifica desmontó el relato que habían construido para exculpar al acusado.
Realizó una declaración escueta, prácticamente sin emocionarse ni mencionar el nombre de su mujer e hija y renunció a contestar a las preguntas que tenían preparadas la Fiscalía y la acusación particular. Ambas partes hicieron llegar todas sus cuestiones al jurado popular.
Alonso G. aseguró que aquel trágico día se encontraba trabajando, como era habitual, en el Mercado de San José. Empezó a sufrir graves problemas de espalda, por lo que decidió volver a casa sobre las 10.00 horas en busca de una cita médica clave para desplazarse los próximos días a Algeciras para ser tratado. Llegó a su vivienda y, según su declaración, dejó la pistola y el cinturón sobre la mesa del salón. En un principio creía que estaba solo. Se tomó un paracetamol y se hizo varios tés para relajarse. Al poco tiempo empezó a escuchar ruidos en una de las habitaciones. Era su hija M.G.L.
Acudió a la habitación y recriminó a la joven no estar en el colegio, algo que desembocó en una fuerte discusión que finalizó con la niña cerrando de un portazo. El acusado entonces acudió al salón y se quedó dormido. Sobre las 10:55 fue su mujer, Mari Ángeles, la que lo despertó después de llegar de hacer unos recados. Alonso G. pidió ayuda a su esposa para encontrar la cita médica. Después de un rato, según cuenta, no dieron con ella. En este punto su relato hace aguas ya que el asesinato se cometió sobre las 11.03 minutos. No dio tiempo a buscar con insistencia el documento.
“No discutimos en ningún momento”, afirmó, contradiciendo la versión de su hija, que asegura que salió de la habitación por los fuertes gritos que estaba escuchando. Tras la búsqueda sin éxito, Mari Ángeles fue a la cocina y se puso a rebuscar en la basura la cita médica. Alonso G. cuenta que entonces cogió la pistola y el cinturón que había dejado en el salón.
Entonces, cuando salía dirección a su dormitorio para guardar el arma en la caja fuerte, relata que su mujer lo llamó con insistencia y acudió a la cocina pistola en mano. La niña salió de su cuarto “endiablada” e intentó quitarle el arma. Comenzó un forcejeo que acabó con padre e hija en el suelo. El primer disparo impactó en la nevera, el segundo y mortal fue el que mató a Mari Ángeles. Contradice así la versión de la hija, que dejó claro en su declaración que Alonso G. y su esposa -que quería separarse- tuvieron una fuerte discusión. También contó que el padre asesinó a su mujer de un primer tiro delante suya y posteriormente comenzó el forcejeo entre el policía local y su descendiente. “Nunca nos quisimos divorciar”, apuntó este lunes el acusado.
Tras el suceso y con Mari Ángeles herida de muerte, Alonso G. emprendió su camino hacia la habitación para dejar el arma y el cinturón en un lugar seguro: debajo de la cama. “No daba tiempo a meterla en la caja fuerte”, se excusó para intentar defender que no quería esconderla. A partir de ese momento sostiene que llamó a Emergencias para pedir una ambulancia, pero su mujer ya prácticamente había fallecido. “Fue perdiendo poco a poco la consciencia”.
- "¿Sostiene entonces que los dos tiros fueron accidentales?”, preguntó la defensa
- “Sí, totalmente accidentales”, respondió contradiciendo a su propia hermana, que declaró hace unos días que la niña asesinó a su madre voluntariamente buscando “libertad”.
“Después perdí el sentido por completo. No me acordaba de las cosas”, explicó. Un año después del trágico suceso, Alonso G. decidió dar un giro a sus declaraciones y centrar su defensa en acusar a su hija de matar a Mari Ángeles “accidentalmente”.
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