Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies
Domingo, 4 de septiembre de 2016

Auschwitz: el “libro negro” sobre el exterminio

Guardar en Mis Noticias.

En 1943, dos años antes de la rendición del III Reich, Josef Stalin encargaba al Comité Judío Antifascista de la Unión Soviética el denominado Libro Negro del genocidio nazi a los judíos soviéticos. Era el primer documento histórico sobre el horror del Holocausto, redactado por sus contemporáneos y “sobre el terreno”.

 

El Ejército Rojo no había liberado aún el campo de Auschwitz, hecho que se produciría el 27 de Enero de 1945. Los aliados occidentales no habían tenido acceso aún a los meticulosos archivos del aparato burocrático del nazismo ni descubierto esas grandes fosas comunes con millares de cadáveres.

 

Sin embargo, los editores del voluminoso documento habían conseguido compilar material suficiente para denunciar al mundo que en Auschwitz se ejecutó, gaseó o mató de hambre a “cuatro millones de ciudadanos soviéticos, polacos, franceses, belgas, holandeses, checos, rumanos, húngaros y de otras naciones” , según estimaciones de entonces; que científicos y médicos alemanes sometían a sus experimentos a hombres, mujeres y niños vivos; y que el mayor “campo de la muerte” levantado por el nazismo estaba equipado para cumplir sus funciones de arma de exterminio masivo.

 

Este documento que hubiese sido una bofetada para quienes pretendían no haber oído ni sabido lo que ocurría tras las alambradas del campo de exterminio, jamás se publicó íntegro; el propio Stalin se encargó de censurarlo en cuanto terminó la II Guerra Mundial. ¿Motivo?: lo que durante el conflicto consideró hábil instrumento de propaganda antigermana se convirtió de repente en arma de doble filo.

 

El drama del pueblo judío no acababa ahí. A los seis millones de judíos muertos a manos del nacionalsocialismo, habría que sumar los que, después de la capitulación alemana, fueron víctimas de las “purgas estalinistas”. La sombra de Hitler molestaba las intenciones de su alma gemela, Stalin.

 

El título completo del volumen era largo e ilustrativo: “Libro Negro sobre el criminal aniquilamiento masivo de judíos por los fascistas alemanes en los territorios ocupados de la Unión Soviética y campos de concentración de Polonia, durante la guerra 1941-1945”

 

Cincuenta años más tarde, en 1995, apareció por primera vez una edición en su versión íntegra, traducida al alemán. En total, 1148 páginas cuyo principal valor documental residía en la inmediatez de sus testimonios. Testigos presenciales y supervivientes del paso de las tropas del III Reich por Ucrania, Repúblicas Bálticas, Bielorrusia, Rusia y, por supuesto, Polonia, narraban las penalidades de la víctima por antonomasia del nazismo: el pueblo judío.

 

La realidad del campo de exterminio de Auschwitz y el crematorio de Birkenau, última estación para millares de judíos soviéticos, merecía varios capítulos del libro. No obstante, la inmediatez de los hechos condicionó que en sus páginas hubiera más pasión que rigor histórico.

 

Documentos posteriores se encargaron de desmentir cifras de masacres, nombres de oficiales de las SS o amagos de levantamientos que en realidad nunca sucedieron. Sin embargo, por encima de todo consigue perfilarse aún el espíritu que guió tanto a Hitler , artífice del Holocausto, como a Stalin, “inspirador” de la obra.

 

En Junio de 1941, el Führer había roto el pacto secreto de no agresión suscrito con el líder soviético sólo dos años antes. El pretexto era exterminar a los tres millones de judíos repartidos entre Polonia y la URSS. El resultado fue no sólo el Holocausto, sino también el avance de las tropas del III Reich hasta las puertas de Moscú.

 

Stalin se erigió en valedor del pueblo amenazado, pero sólo momentáneamente y por propio interés. El lapso de tiempo transcurrido entre el encargo del Libro Negro (1943) y su conclusión (1945) fue determinante para la suerte posterior del volumen. Localizar testimonios repartidos en zonas inmensas aún en guerra no fue fácil, pero menos aún verlos publicados en cuanto pasó el peligro y afloró el propio antisemitismo del régimen soviético.

 

Los dos compiladores del volumen- Vassili Grossmann e Ilja Ehremburg-actuaron ya en 1945 con toda cautela. Los textos reflejaban la obligada autocensura propia de toda obra publicada en esa época y circunstancias, especialmente en lo que se refería a las acciones en Ucrania o en las Repúblicas Bálticas. También testimonios enteros sobre zonas que sufrieron alternativamente el horror nazi y el estalinista y, en general, todo aquello que se remitía a los sufrimientos del pueblo judío, que no se circunscribiese a la campaña de ocupación soviética.

 

El Libro Negro sólo salió a la luz tras pasar el filtro de esa implacable censura que mutiló a conciencia su contenido e intenciones. Como última condición irrefutable a su publicación, se le arrancó el prólogo escrito por Albert Einstein, escudándose en que tiraba por la borda el internacional principio de “no injerencia en asuntos internos”.

 

La guerra contra Hitler había quedado atrás y denunciar las penalidades de los judíos en plena purga contravenía los planes de Stalin. Más de tres millones de soviéticos habían padecido las consecuencias de la brutal deportación masiva con la que Moscú pretendía aniquilar cualquier resurgimiento nacionalista.

 

El centenar largo de etnias que integraban la URSS era un polvorín “contrarrevolucionario” que había que neutralizar a golpe de desarraigo. Siberia, Kazajstán y Asia Central fueron el destino de un millón de colonos alemanes asentados en el Volga- catalogados colectivamente de colaboracionistas- pero también de 400.000 chechenos y otros tantos polacos. Decenas de miles de ellos murieron de hambre y frío en el camino.

 

Los propios editores del Libro Negro no escaparon a la purga. En 1948, Stalin ordenó la disolución del Comité Judío Antifascista por considerarlo un núcleo contrarrevolucionario. Contra quince de sus miembros, cuatro de ellos autores del libro, se decretó la pena de muerte.

 

El Libro Negro fue reeditado en su versión recortada en Jerusalén, Nueva York y Tel Aviv a finales de la década de los 80. La traducción alemana publicada en 1995 ilustraba las sensibles “diferencias” respecto al original, reproduciendo en cursiva párrafos y capítulos arrebatados o manipulados del original. En 2012 se publicó, por fin, una edición en español de Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores con traducción de Jorge Ferrer y 1226 páginas . Un amplio volumen donde se recoge con todo lujo de detalles los horrores de la tragedia judía en la II Guerra Mundial.

Acceda para comentar como usuario Acceda para comentar como usuario
¡Deje su comentario!
Normas de Participación
Esta es la opinión de los lectores, no la nuestra.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
1 Comentario
Fecha: Lunes, 5 de septiembre de 2016 a las 13:12
José Valdemás Pérez
Se sabe con detalle lo que hicieron los nazis y por eso la apología del nazismo es delito pero no se sabe en detalle lo que hicieron los comunistas (o si) y siguen entre nosotros con el puño en alto.

El Pueblo de Ceuta • Términos de usoPolítica de PrivacidadMapa del sitio
© 2017 • Todos los derechos reservados