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Viernes, 9 de septiembre de 2016

El último adiós a la selectividad ¿o no?

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Andan estos días jóvenes y “jóvenas” –que dirían al unísono Carmen Romero y la musa de Zapatero, Bibiana Aido- , inquietos, angustiados, estresados, en un sinvivir, porque se enfrentan, dentro de unos días, a la PAU ( Prueba de Acceso a la Universidad), vulgo Selectividad. Usted va y pregunta a estos alumnos, que acaban de finalizar sus estudios de 2º de Bachillerato -tras los exámenes de primeros de Septiembre- por la citada Prueba, y es como mentarles la Bicha de Balazote. Y no vale que se les argumente que según las estadísticas, 9 de cada 10 examinandos aprueba la dichosa Selectividad en junio. Y en septiembre, también.

 

Históricamente la primera prueba similar a la Selectividad se remonta a 1857, durante el reinado de Isabel II. Se trataba del Examen General de Bachillerato del Plan General de Estudios diseñado por el político Claudio Moyano.

 

La primera vez que aparece el nombre de “reválida” es en 1926 y fue impulsada por el ministro de Educación durante la Dictadura de Primo de Rivera, Eduardo Callejo. En la Reforma de la Enseñanza promovida por la II República se impuso otra reválida, ésta conocida como plan Villalobos.

 

Ya en época de la Dictadura franquista, el Plan de estudios de 1953, recoge tres novedades en los estudios de Bachillerato: una reválida al finalizar el Bachillerato Elemental , que abarcaba los cuatro primeros cursos del mismo; y otra reválida de Grado Superior que tenían que superar los estudiantes que hubieran aprobado los dos últimos cursos de Bachillerato. Además se implantaba el conocido popularmente como “Preu”, es decir el curso de preparación a la Universidad. Hago un inciso. Cuántos y cuántos ceutíes, mayores de 60 años, que estudiaron en aquel inolvidable INEM (Instituto de Enseñanza Media), inolvidable por la gran categoría de su profesorado y los conocimientos que impartían , recordarán esto que digo.

 

En 1970 se aprueba la Ley General de Educación, la conocida como Ley Villar Palasí y que supuso la instauración de la EGB y el BUP. En junio de 1975 y como consecuencia de la demanda creciente de estudios universitarios y la masificación de las facultades, el Gobierno instaura una prueba académica destinada a servir de filtro para el acceso a la Universidad. Nacía así la Selectividad. El padre de la criatura fue el ministro Cruz Martinez Esteruelas que para colmo era economista y no tenía pajolera idea del tema educativo. No obstante esta primigenia prueba sólo era necesario superarla para ingresar en las Licenciaturas, Ingenierías y Arquitectura.

 

En 1983, al calor de la LRU (Ley de Reforma Universitaria) se modela la prueba de acceso que todos conocen ya como Selectividad, y que será requisito indispensable para entrar en la Universidad.

 

En aquella época la Selectividad también fue acogida con recelo por parte de los estudiantes. La prueba se planteó con un claro objetivo: que los alumnos llegaran con un nivel de conocimiento alto, pero al final este examen no respondió a las expectativas que se habían creado. Ni la dificultad de la prueba era alta, ni el nivel de entonces era mucho mayor que el que existe hoy. Así es la Selectividad de ahora. Un filtro que no es tal porque su baja exigencia permite que más del 90 % del alumnado la supere sin dificultades, a pesar de que ha empeorado, con el paso de los años, el nivel de conocimientos de los estudiantes fruto en gran parte de la nefasta Logse. Decía Manuel Clavero Arévalo- noventa años de edad le contemplan- que fue Rector de la Universidad de Sevilla; “ En mi época, en la reválida, nos presentábamos 50 y aprobábamos 4. Naturalmente quitaron aquella prueba tan dura y la sustituyeron por una más liviana”. La Selectividad de ahora es también una prueba no ya liviana, sino descafeinada, y por este motivo son frecuentes las críticas provenientes de la Universidad, cuando comprueban el bajo nivel académico de muchos de los futuros aspirantes a graduados universitarios.

 

Con la Ley Orgánica de Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE), esta Prueba de Acceso a la Universidad tiene los días contados. Pasará a tener un carácter académico. Esto significa que para obtener el título de Bachillerato, los alumnos deberán aprobar de forma obligatoria un último examen . La nota final de dicho examen , siempre que se apruebe, se fijará con un 60% de la nota media de Bachillerato y el 40 % del nuevo examen. Llega la Reválida. No obstante, aunque la primera se desarrollará, supuestamente, en junio de 2017, ésta se llevará a cabo a modo de prueba y no será necesario aprobar el examen para obtener el título de Bachillerato. Y también hay que señalar que , según la Ley Wert, que es como se conoce también a la Lomce, se permite a las universidades realizar su propia prueba de acceso después de la reválida.

 

La Lomce sigue provocando demasiadas incertidumbres para el futuro de los estudiantes. El nuevo sistema continúa siendo una incógnita, entre otras cosas porque la situación política actual genera muchas dudas en cuanto a su aplicación, a pesar de que el gobierno en funciones del PP da por sentado que la actual Selectividad pasa a mejor vida , dando paso a la tan temida y denostada Reválida. Claro que podría darse el caso, aunque son meras elucubraciones, dependiendo del giro que tome la actual situación política, pendiente de si hay unas terceras elecciones y se producen cambios en el espectro político con la llegada de nuevos inquilinos a La Moncloa, que podría derogarse esta Ley y sustituirla por otra. Recuérdese la afición de nuestros políticos para “parir” nuevas leyes educativas, y recuérdese también que la LOCE (Ley Orgánica de la Calidad Educativa) propugnada por la ministra del gobierno de Aznar, Pilar del Castillo, ni siquiera llegó a entrar en vigor cuando el PSOE ganó de forma inesperada, las elecciones de 2004. Simplemente fue a la papelera. ¿Qué ocurrirá pues, el próximo curso académico?

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