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Sábado, 1 de octubre de 2016

El largo brazo de los sindicatos

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Con las elecciones acelerando su pulso, dos son los actores que desde ángulos contrapuestos entran en liza con la intención de bascular los inciertos resultados cara al 7 de octubre, día en el que se perfilan como favoritos el partido de la Administración, el PAM y los islamistas parlamentarios del PJD, con un Abdelillah Benkirán al frente de los “Hermanos” y quien, en un reciente encuentro ante la “chabiba” de su partido, no dudaba en mostrar su simpatía hacia un icono histórico del wahabismo hambalí, el infumable y extremista Ibn Tayymiya. Curiosa toma de posición ideológica del islamista de Su Majestad.

 

Ya hablaremos otro día de la “caza política” del salafista, nada desdeñable electoralmente hablando en un país inmerso en una creciente y más que evidente oleada de radicalización islamista, radicalización que cada formación política, a su modo, intenta reconducir y rentabilizar. No en vano si un adjetivo tiene la democracia “a la marroquí” es el religioso, democracia islámica digamos pues, inexcusablemente, cualquier formación política podrá tener el sesgo ideológico que prefiera (desde la extrema derecha al comunismo) siempre que, faltaría más, mantenga una forzada y obligada referencia al Islam.

 

En el otro lado del amplio espectro social, el campo sindical también rompe aguas doblemente. Primero per se, es decir que tenemos de base una clara apuesta política por parte de sindicatos históricos cara a estas reñidísimas y en parte decisivas elecciones legislativas. Y en segundo lugar, por la manipulación de los partidos políticos de sus propios sindicatos de referencia, usándolos sin ningún pudor como correa de transmisión. Si es clásico y legítimo el doble juego, en el tajo y en las urnas, de las formaciones con marchamo izquierdista (socialista y comunista), usando como tenaza el sindicato y el partido, esto es difícilmente entendible en partidos políticos de referencia conservadora o de derechas, como son los casos del Istiqlal y el PJD que cuentan, cada uno, con su particular sindicato: la UGTM (Unión General de Trabajadores Marroquíes) y la UNTM (Unión Nacional de Trabajadores Marroquíes), respectivamente.

 

En realidad, el campo sindical en Marruecos es amplio y complejo. Si bien la actividad sindical fue introducida en el país por el Partido Comunista, hay que esperar a 1955, un año antes de la Independencia, para que se funde la Unión Marroquí de Trabajadores (UMT), el sindicato de referencia que sufriría con el tiempo la escisión “nacionalista” de la Unión General de Trabajadores Marroquíes (UGTM) y, posteriormente, la post socialista de la Confederación Democrática del Trabajo (CDT). La Unión Socialista de Fuerzas Populares (USFP), el partido de la rosa, crearía por segunda vez, a partir de 2002, su propio brazo sindical: la Federación Democrática del Trabajo (FDT). Por su lado, profesores y estudiantes universitarios tienen sus propios sindicatos.

 

Cara al 7 de octubre, los actores sindicales han tomado rápidamente posiciones no dejando de moverse.

 

Así y desde la UMT su secretario general, El Miludi El Mohharek, ha sido rotundo días pasados, llamando a sus afiliados a “votar contra el gobierno, sus componentes y el partido que los dirige”, es decir un torpedo directo contra la línea de flotación del PJD, pues “el balance del gobierno es negativo” y, lo que aun es peor, para el líder sindical los islamistas del PJD “no creen ni en la democracia ni en la Constitución pues han violado muchas disposiciones”. Eso sí: la UMT no ha dado consigna alguna para votar a un partido concreto.

 

La izquierdista CDT por su lado, animada por el Congreso Nacional Ittihadi (CNI) toma un sesgo más directo, apoyando expresamente a la coalición de Izquierda Democrática (FGD) liderada por la profesora universitaria Nabila Mounib.

 

En cuanto al sindicato de los Hermanos del PJD, también busca cómo no su espacio no dejando de pinchar aquí y allí: así el pasado 22 de septiembre, entre las 8 y 11 de la mañana la islamista UNMT organizaba una “sentada” en el acceso a la Granja Bora en Tarudant, una fértil explotación agrícola de 1800 hectáreas especializada en producción de naranjas destinadas a la exportación, en los últimos tiempos a Rusia. Unos 40 empleados, animados por el sindicato, se concentraron pacíficamente protestando por los bajos salarios y despidos improcedentes. El asunto no pasaría de ahí si no fuera porque la Granja Bora es propiedad del cuarto en el orden de sucesión al Trono marroquí, el polémico príncipe Mulay Hicham.

 

Queda pues claro que para estas elecciones, los sindicatos han tocado a rebato y están apretando las filas. Hay mucho en juego el próximo 7 de octubre. Posiblemente los electores estén optando, si bien de forma larvada e imperceptible sin un profundo análisis, por todo un modelo de sociedad con dos modelos contrapuestos aun dentro de una sociedad formalmente islámica: Oriente y Occidente. Las espadas están en alto.
Haya salud.
Visto.

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