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Sábado, 8 de octubre de 2016

Marruecos: las elecciones de la incertidumbre

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Son las 18.30 de la tarde en Rabat, una hora más en Ceuta y el resto de España salvo las Canarias y les escribo, como es habitual en estos lances, a uña de caballo y a pelo.

 

Los colegios electorales que debían haber cerrado hace media hora, prolongan su labor hasta las 19 a ver si Alláh es Grande y hay suerte. Porque pintan bastos y si a las 12 de la mañana solo había votado el 10% de un renuente electorado, a estas horas me adelantan que solo ha ejercido su derecho al voto no más del 45% de los electores.

 

En cifras: menos de 7 millones de personas, sobre una población total que dentro de las fronteras del país sobrepasa los 34 millones, con menos de un 40% de la misma viviendo en zonas rurales con, atención, mayor cuota de representación parlamentaria que la residente en medios urbanos. Y eso que esta mañana en las mezquitas, en la tradicional “jotba” o sermón de los viernes, los imames llamaron a los fieles a llenar con su voto las urnas, pero que si quieres cus-cús Fátima, ni por esas. Medida por cierto que muestra, una vez más, la amalgama entre religión y política poniendo al Islam como paradigma de la Religión Política (con mayúscula) por excelencia. Y eso que éstas elecciones se presentan como un test después de la mal llamada Primavera Árabe de 2011 y el consiguiente y acelerado proceso electoral, pudiéndose entenderse además como un doble plebiscito soterrado, tanto a la política seguida por Benkirán y sus islamistas parlamentarios del PJD (Partido de la Justicia y el Desarrollo), fielmente auxiliados por Nabil Benabdellah y sus ex comunistas del PPS (Partido Popular Socialista), como al mismo régimen neomajzeniano del soberano reformista Mohamed VI.

 

En cuanto al comentario que les adelantaba ayer sobre los colonos de Ceuta y Melilla que, eventualmente, podrían votar como portadores de la nacionalidad marroquí (además de la española, ¡joder qué tropa!) en el limes inmediato, léase Castillejos o Nador, habría que añadir aquellos que, lisa y llanamente, representan a partidos políticos. Verificando datos y cifras, les avanzo algunos nombres la mayoría de ellos en Nador y en La Oriental: por los engrasados “tractoristas” del PAM (Partido de la Autenticidad y Modernidad), figura Solimán Houlich, los de la rosa (USFP, Unión Socialista de Fuerzas Populares) llevan al compañero Mohamed Aberkan y entre los “harakíes” o berberistas oficiales del MP (Movimiento Popular) figuran las hermanas Bousra y Yousra Mounif además de Leila Hakim, una de las hijas de mi estimado amigo el coronel (retirado) Hakim, militar marroquí formado en sus años mozos en la Academia de Caballería de Valladolid.

 

¿Anécdotas? La China por ejemplo. Seis partidos políticos de Casablanca, la capital económica del Reino, han ahorrado más de un 50% de su presupuesto en gorras, camisetas y esas fruslerías electorales, adquiriendo las mismas de un proveedor local quien lo habría importado a través de una empresa china.

 

Las espadas están en alto. Si el rifeño Ilyas El Omari ha tenido que dar explicaciones sobre el origen presuntamente turbio del capital económico de su entramado empresarial mediático, Abdelilah Benkirán debe encarar dos frentes: uno en Tetuán el de su ex compañero de fatigas Amín Boujoubza (recientemente expulsado del partido), que acusa abiertamente al PJD de recibir una considerable financiación de ciertos países del Golfo, muy “demócratas” ellos como es sabido; y otro de Abdelkrim Moutii, su ex jefe en la Chabiba Islamiya (Juventud Islámica) hacia 1976, quien desde Londres ha declarado que “El PJD es un cáncer que erosiona Marruecos”.

 

Haya salud.

 

Visto.

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