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Martes, 18 de octubre de 2016

Egipto, Marruecos y el Frente Polisario

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Qué es antes, el huevo o la gallina? ¿Cuál es la raíz de la inestabilidad del Sáhara Occidental? ¿La fundación del Frente Polisario y la RASD (República Árabe Saharaui Democrática), o la anexionista Marcha Verde marroquí? No voy a meterme ahora en esas arenas, pero sí constatar el problema y recordar a mis amigos marroquíes, que lo del Sáhara (hoy Provincias del Sur) ha sido un regalo envenenado urdido desde Washington por míster Kissinger en el contexto de la Guerra Fría y cuya resolución, dentro de la legalidad internacional, me temo está lejos de vislumbrarse.

 

Si Marruecos es, por fortuna al día de hoy, el país más estabilizado (que no estable) del Magreb, Egipto con su peso demográfico y proyección internacional es sin duda el gran país árabe (islámico y cristiano), actuando como una caja de resonancia dentro del vasto movimiento del panarabismo. Y entre ambos, creciendo como las malas hierbas, dos tensiones que no dejan de engordar como una bola de nieve: por un lado el islamismo, en Egipto contenido y censurado y en Marruecos, asumido en cierto modo y enredado en el espejismo del juego gubernamental, en lo que respecta al menos a la influyente corriente del islamismo parlamentario.

 

Por otro el activo juego del Frente Polisario en África que, bien por activa o pasiva, no deja de echar palos en las ruedas de las complejas relaciones bilaterales entre ambos países que responden, a su vez, a contrapuestos intereses de orden interno. Así, si el MUR (Movimiento de Unicidad y Reforma), matriz ideológica del PJD (Partido de la Justicia y el Desarrollo), se alineó en su momento claramente y sin complejos con el depuesto presidente Mursi y sus Hermanos Musulmanes (la sintonía ideológica entre ambas formaciones políticas es grande), el rey Mohamed VI fue el segundo Jefe de Estado (después del de Arabia Saudí) en apoyar el contragolpe del mariscal Al Sissi, en julio de 2013

 

En cualquier caso, los islamistas parlamentarios del PJD (y del MUR), así como los islamistas alegales de Al Adl wal Ihssane (Justicia y Espiritualidad), que en abril de 2014 habían puesto el grito en el cielo ante una eventual visita del mariscal Al Sissi a Marruecos, guardaron este año y desde febrero un elocuente silencio ante la invitación oficial cursada por el soberano Mohamed VI al militar egipcio al frente del país, dejando una soterrada oposición a la visita en manos de los internautas y cierta sociedad civil. Estamos lejos de cuando hace poco más de dos años, un conocido miembro a dos bandas de la secretaría del MUR y el Consejo Nacional del PJD, Mohamed El Hilali, dirigía una carta a Benkirán para que éste interpelara al presidente egipcio nada más pisara suelo marroquí y le denunciara ante el Tribunal Penal Internacional. Claro que Abdelilah Benkirán, fiel islamista de Su Majestad y zorro e inteligente como pocos, hizo mutis por el foro.

 

Estos días, a partir del 8 de octubre y con motivo del 150 Aniversario del Parlamento egipcio, las aguas volvieron a agitarse amenazando con salir de su cauce. Ante la protocolaria asistencia a los eventos de una delegación del Frente Polisario, que ha causado soto voce cierto malestar en Rabat, el gobierno egipcio por boca de su ministerio de Asuntos Exteriores ha negado haber cursado ningún tipo de invitación a los independentistas saharauis descargando la responsabilidad, primero en la “autonomía” de los parlamentarios y, en segundo lugar, acusando a los islamistas de ambos países de intentar provocar la tensión, señalando en particular “al gobierno marroquí, próximo a los Hermanos Musulmanes” de atizar bajo cuerda los desencuentros entre ambos países.

 

Mientras en Marruecos, tanto desde Palacio como desde el gobierno en funciones, se guarda un escrupuloso silencio sin que eso signifique, ni mucho menos, “verlas venir y dejarlas pasar”.

 

Haya salud.

 

Visto.

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