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Julio Basurco
Lunes, 28 de noviembre de 2016

Fidel

Guardar en Mis Noticias.

Vivimos en un mundo en el que existen bandos. Queramos o no, es así, y asumirlo no supone adoptar una postura maniquea y simplista que niegue la complejidad y las contradicciones de un mundo siempre envuelto en dinámicas cambiantes. Más al contrario, implica entender que la perfección y la bondad absolutas, al igual que el mal total, son ilusiones inexistentes en la realidad material, y que esconderse tras su búsqueda, cual parapeto, para no mojarse constituye una actitud cómoda, cobarde y, esta vez sí, puramente maniquea. Condenarlo todo, no significarse con nada, no defender nada porque nada es perfecto y bueno al 100% es fácil. Y, en mi opinión, despreciable.

 

Analizar la figura de Fidel Castro y el legado de la revolución cubana adquiere una dificultad de tal calado, propia del carácter multidimensional del mito y del proceso, que impide que los bandos, inevitables e inherentes a la política y a la vida, puedan construirse en base a lecturas rápidas e ignorantes de los innumerables factores que deben ser valorados a la hora de defender una posición con un mínimo de solvencia y rigor.

 

Es imposible emitir un juicio sobre Cuba y Fidel sin pararnos primero a contextualizar y enmarcarlo todo en la realidad de lo que ha sido América Latina durante el siglo XX, entender lo que en esa región supuso el neocolonialismo norteamericano, con sus injerencias y sus golpes de Estado al servicio de dictaduras militares y parafascistas en la llamada “Operación Cóndor”, la Guerra Fría, la geopolítica, el embargo económico, los sabotajes, las teorías de la dependencia y las luchas por la libertad de los pueblos de la periferia sometidos al dictado de las metrópolis del centro. 

 

A menudo, a quienes nos negamos a condenar a Cuba, se nos acusa de “hablar desde el primer mundo”. Es al revés. Lo que no podemos hacer es condenar a Cuba o a América Latina atendiendo a un análisis marcado por nuestro punto de vista eurocéntrico. No podemos comparar a una isla de 11 millones de habitantes situada en el Caribe con lo que existe en España, Francia o Alemania. Hacer comparaciones entre países de regiones subdesarrolladas, pobres e históricamente explotadas con el día a día de los países industrializados y a la cabeza del desarrollo económico es un disparate. A Cuba hay que compararla con los países de su entorno. Con países capitalistas, y de los que nadie habla, como Haití, Honduras o El Salvador. Seguramente, si Cuba no fuese lo que es hoy, no sería como Oslo ni Berlín; sería como sus vecinos. 

 

Todo esto debe ser tenido en cuenta para tratar de entender las contradicciones de la política interior cubana, una política interior imposible de exportar a ningún país europeo y con la que, quienes sin ambages consideramos a Cuba y a Fidel Castro como parte de nuestro bando en la lucha mundial por la dignidad y la justicia social, mantenemos muchísimas diferencias y desacuerdos. No así, en cambio, cuando hablamos de la política exterior cubana, sin duda, un ejemplo mundial de cooperación, solidaridad, desinterés y compromiso con las causas justas. 

 

Mientras el Occidente democrático y liberal llamaba terrorista a Nelson Mandela y mantenía excelentes relaciones con la Sudáfrica racista, Fidel Castro y el pueblo cubano adquirían un papel central en la batalla por el final del apartheid; mientras Estados Unidos, antes de lograrlo a través de Pinochet, conspiraba para derrocar al gobierno electo y democrático de Salvador Allende, Fidel Castro le brindaba a Chile toda su ayuda; y si la potencia más poderosa del mundo decidió combatir al gobierno de Cuba asfixiando económicamente a un pueblo en desarrollo, Fidel era recibido como un héroe por la ciudadanía neoyorkina en los zonas humildes de Harlem o el Bronx.

 

Todo esto hay que tenerlo en cuenta. Es lo que, como escribió Eduardo Galeano en las líneas que tomo prestadas para el fin a este artículo, nunca cuentan sus enemigos. Los enemigos de un gigante cuyo mayor error, siguiendo a Santiago Alba Rico y las tesis de Fernández Liria acerca de los males del “socialismo real”, seguramente fue pensar que se podía crear ese “hombre nuevo” que, tal vez como él, podía estar siempre luchando, siempre arriesgándose, siempre viviendo por y para la revolución. Siempre pensando en cómo mejorar el mundo. Con sus luces y sus sombras, nos deja el personaje político más fascinante de la segunda mitad del siglo XX. Hasta siempre, gigante.

 

“Pero sus enemigos no dicen que no fue por posar para la Historia que puso el pecho a las balas cuando vino la invasión, que enfrentó a los huracanes de igual a igual, de huracán a huracán, que sobrevivió a seiscientos treinta y siete atentados, que su contagiosa energía fue decisiva para convertir una colonia en patria, y que no fue por hechizo de Mandinga ni por milagro de Dios que esa nueva patria pudo sobrevivir a diez presidentes de Estados Unidos que tenían puesta la servilleta para almorzarla con cuchillo y tenedor. Y sus enemigos no dicen que Cuba es un raro país que no compite en la copa mundial del felpudo. Y no dicen que esta revolución, crecida en el castigo, es lo que pudo ser y no lo que quiso ser. Ni dicen que en gran medida el muro entre el deseo y la realidad fue haciéndose más alto y más ancho gracias al bloqueo imperial, que ahogó el desarrollo de una democracia a la cubana, obligó a la militarización de la sociedad y otorgó a la burocracia, que para solución tiene un problema, las coartadas que necesita para justificarse y perpetuarse. Y no dicen que a pesar de todos los pesares, a pesar de las agresiones de afuera y las arbitrariedades de adentro, esta isla sufrida pero porfiadamente alegre ha generado la sociedad latinoamericana menos injusta. Y sus enemigos no dicen que esa hazaña fue obra del sacrificio de su pueblo, pero también fue obra de la tozuda voluntad y el anticuado sentido del honor de este caballero que siempre se batió por los perdedores, como aquel famoso colega suyo de los campos de Castilla”.

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2 Comentarios
Fecha: Lunes, 28 de noviembre de 2016 a las 15:44
EXILIADO
Descanse en paz Comandante.
Fecha: Lunes, 28 de noviembre de 2016 a las 12:30
moni
Lo resumo ...Fidel dictador y ladron.

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