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Julio Basurco
Lunes, 9 de enero de 2017

Cuando el odio es ofendido

Guardar en Mis Noticias.

Hace unas semanas, Arturo Pérez Reverte fue preguntado sobre las continuas acusaciones de machismo que le son lanzadas desde grupos feministas. El famoso escritor se defendió acudiendo a su condición de padre de una chica. El razonamiento sería el siguiente: “Si tengo una hija a la que le deseo lo mejor, ¿cómo demonios voy a ser machista?”. Touché.

 

El machismo no es la única forma de dominación que pretende negarse de manera tan burda. Todo prejuicio acostumbra a vestirse con los mismos ropajes. Casi ningún facha se ve como tal, pues existe un mecanismo para camuflar el odio de sentido común. Ignorando que el rechazo al diferente ha de adaptarse a los valores oficiales de cada época para sobrevivir, los distintos portadores de los peores sentimientos de intransigencia logran calmar su conciencia a través de comparaciones con tiempos pasados. 

 

Si en los años treinta, el racismo podía apoyarse en teorías pseudocientíficas , la única manera que tiene— una vez tumbadas tales tesis— de subsistir es basándose en diferencias culturales incompatibles. O en el “Primero los de aquí” de LePen. Quienes propagan este discurso no se consideran racistas porque para ellos la única definición de racismo es la correspondiente a un racismo hoy indefendible, al igual que el homófobo no se considera homófobo porque cree que la única homofobia es la del pasado. Se acude entonces al argumento de Pérez Reverte: “¿Cómo voy a ser yo xenófobo si trato a diario con inmigrantes y no estoy a favor de matarlos?¿Cómo voy a ser homófobo si tengo amigos gays”. 

 

La necesidad de apoyo en alguna parcela de la vida personal suele ser el clavo ardiendo al que se agarran los que, en lo más profundo de su ser, saben que son culpables de aquello de lo que se les acusa. Se defienden amparándose en irrelevancias de su mundo privado y atacan al contrario exigiendo credenciales que den fe de que su interlocutor puede opinar lo que opina. La vida privada de uno le proporcionaría justificación para escupir cualquier cosa; la vida privada del adversario le incapacitaría para expresar lo contrario. Así, Pérez Reverte, al ser padre de una mujer, queda libre de toda acusación de machismo y, por tanto, capacitado para defender tesis machistas y exigir al feminista de turno que, para serlo, primero sea, como él, padre de una fémina. Del mismo modo, tener un amigo inmigrante nos dejaría exentos de cualquier acusación de xenofobia y nos proporcionaría justificación moral para defender políticas antiinmigración y para exigir a los colectivos en defensa de inmigrantes que, antes, “los metan en su casa”. El racismo de épocas pasadas mataba, así que si soy amigo de un negro no puedo ser racista. Fin del debate.

 

Este tipo de argumentación es la tónica habitual de una extrema derecha civil (no civilizada) que ha hecho de las redes y los foros digitales su particular refugio, la trinchera perfecta desde la que disparar, a diario, insultos a la inteligencia y descalificaciones contra todo el que se atreva a defender los Derechos Humanos, la interculturalidad, los derechos sociales o el antifascismo. Contra todo el que denuncie la intolerancia y la injusticia de un mundo que ellos consideran justo y tolerante por comparación con intolerancias e injusticias del pasado.

 

A tal punto hemos llegado en nuestra ciudad que el diario El Faro ha tenido que amenazar (y no es la primera vez) con bloquear a los usuarios que escribieran comentarios hirientes y ofensivos en los links de su página de Facebook. Tras El Faro, hicieron lo mismo Ceuta Actualidad y El Pueblo. Curiosamente, es esa gente — la que cada día incita al odio y al linchamiento, la que ofende e injuria, la que utiliza el espacio virtual para amenazar e insultar, la que denigra diariamente al diferente, la que no duda en manifestar su desprecio contra aquellos que son conscientes de que quienes hemos nacido aquí no tenemos más derecho a una vida digna que quienes han nacido un poco más al sur, etc.— la que pone el grito en el cielo cuando, alguna vez, alguien les dice que sus “argumentos” son propios de “estúpidos”. Entonces, los profesionales del odio y el insulto exigen respeto y educación. 

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4 Comentarios
Fecha: Viernes, 13 de enero de 2017 a las 11:22
Pedro
Magnífico artículo. Lo rubrico de principio a fin. Felicidades.
Fecha: Martes, 10 de enero de 2017 a las 13:51
OTRO MAS
Si las mujeres van en biquini, entre ellas mis sobrinas, a mi me parece perfecto, pero no trago a aquellos que opinan que "es que van provocando". Lo malo es que casi siempre son los mismos. ¿Cómo no trago a esos machistas soy racista?
Tampoco estoy de acuerdo con la discriminación positiva a favor de la mujer, porque al fin y al cabo es discriminación y desde luego no me considero machista.
Todos iguales, ...... pero para todo.
Fecha: Martes, 10 de enero de 2017 a las 10:48
Silvio A
La solidaridad debe ser voluntaria, no se debe imponer, a este respecto debemos defender nuestra identidad milenaria como europeos, y pretender cambiar lo que es Europa sin contar con los ciudadanos, aparte de ser un error con consecuencias imprevisibles, es una locura. Si algún ingenuo cree todavía que estos individuos vienen con la pretensión de respetar nuestros códigos, leyes y normas con los que los españoles (y europeos) nos conducimos y que nos van a agradecer que los hayamos dejado entrar, la realidad desnuda es que, generalmente, sus únicas lealtades consisten en ser fiel a su raza, etnia, a sus creencias religiosas, a sus países de procedencia y a su derecho a entrar en los países democráticos europeos y coger lo que les venga en gana, sin intención de agradecer nada a nadie, sin doblar el espinazo para trabajar en nuestros países, ni, por supuesto, albergar la intención de crear riqueza en nuestros países, vienen a esquilmar las riquezas de los países a los que llegan, pues creen que les debemos algo y ese algo es mantenerlos sin dar un palo al agua y que trabajemos para mantenerlos. Pero el europeo está engañado por los cantos de sirena de los lacayos del mundialismo.
Fecha: Lunes, 9 de enero de 2017 a las 21:59
Silvio Ageloff
Tal vez, Basurco –cuyos escritos siempre suelen estar plagados de insultos, descalificaciones, improperios, ofensas, denuestos, dicterios y demás agravios 'ad hominen", hacia quienes no piensan como él, haciendo gala de un sectarismo de libro y de un proceder antidemocrático a todas luces –, tal vez, repito, no haya reparado en que quienes tienen argumentos sólidos (no ofensas, ojo) en contra de esta clase de inmigración sin control y en contra de las fronteras abiertas, acaso no tengan la posibilidad de hacerlos público en la prensa, como él hace. Y si casualmente a algún temerario le es publicado sus argumentos en contra de esta locura de inmigración sin control y rechazando las fronteras abiertas, entonces sucede lo que podemos leer en este escrito. Es decir, sería insultado, despedazado, arrastrado por el lodo, criminalizado, y, casi seguro, denunciado a la fiscalía por delito de odio al diferente, al extranjero, y todo lo que se mueve. Pero eso no le entra en la cabeza a Basurco. No le entra que haya otras opiniones en contra de los asaltos a las fronteras y que estas están para ser respetadas, defendidas y constituyen una seguridad para los ciudadanos de ese país.

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