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Javier Ángel Díez Nieto
Lunes, 9 de enero de 2017

A los peregrinos del camino de Santiago

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Este escrito está dedicado a todos aquellos, que en grupo, en pareja o en solitario recorrimos ese maravilloso camino medieval español, que conocemos como el camino de Santiago y que forjó nuestra historia. Porque… la bellísima Navarra crisol de coronas, la ubérrima huerta de la Rioja y sus vinos, la dureza de los secarrales de los campos de trigo de las dos Castillas, el esplendor monárquico de León antes de alcanzar finalmente la suave Galicia, fueron los nuevos orígenes de la historia de una nación, ya vieja en su nacimiento.

 

Por ello… ¡Ya es buena época para empezar a soñar otra vez con sus sendas, de preparar las mochilas, las botas y desde luego…los calcetines! Y al tiempo lo hago también para animar a que todos aquellos espíritus inquietos, que todavía no han caminado por él, que lo hagan… ¡Se sorprenderán de los cambios que este realiza en sus personales vidas!, ya que no solamente es un recorrido religioso, sino cultural y formador. ¡Porque el deseo, en humildes gestos recogidos de otros hombres que ciegos anduvieron errantes, les animara a seguirlo! Así que… ¡Buen Camino! a todos ellos. 

 

Ya desde Roncesvalles verán como se agiganta la tierra de duras raíces que hacen crecer a España. Algunos oirán una primera misa antes de empezar a recorrer las señales que marcaran las sendas. Luego… delante e inmediatamente, comenzaran a sentir en un pequeño crucero de piedra la soledad de los largos días en un camino que tan fieramente defendido con romances y aceros les acompañara como única compañía. ¡Y sentirán que hay dos caminos divididos! Uno, dentro, personal…asolado por recuerdos llenos de ángeles y demonios y otro… fuera, mostrando los pasos ásperos y quebrados de unas tierras que aceraran sus piernas. Mas en él, no existe soledad profunda, porque, cerca y en silencio los que también la buscan le rodean. Aun así, sus pensamientos serán la senda más larga y grave que roturará su camino. Y de esta manera, sintiendo ese distintivo inconfundible de una vida que nos adocena, alcanzaran esas magníficas iglesias de piedra que continuamente crecerán ante sus miradas.

 

Porque….siempre habrá un rumor que ondulara algo personal en todas las laderas. Todo el camino lo sabe, mas en absorto cansancio, nunca se oyen nítidas. ¡Los pensamientos, fieles a sus anhelos, no escuchan! Es una voz y un llanto que se propaga por esas tierras... ¡Sol, senda y día, continuaran siempre juntos! Porque, como los exploradores extraviados, oirán subir el estruendo que sus propios pasos causan, irrumpiendo sus pensamientos. ¡Cansancio, quietud y sueño se reunirán en la noche! Porque, solo cuando la noche devora los sonidos claros las sombras de los caminantes alcanzarán el merecido sueño. Y el despertar estará acompañado de magníficos amaneceres siempre nuevos.

 

La soledad, toca el camino por todos sus rincones Y los instantes radiantes del fuego claro que llenan los espacios limpios, se perderán en la verdad de los nuevos sueños. ¡De esta manera, los pensamientos conocerán las terribles flores que crecen en la soledad! Al tiempo, dejando pasar los pueblos y ciudades que siempre esperan a los peregrinos, nuevos cantos borrando las pasiones, dejaran que la frente encuentre otros días sin el mismo tiempo. ¡Dureza y fortaleza, armaran la decisión tomada! Porque con ellas, el peregrino, tendrá que superar sus contradicciones. Contradicciones que se muestran más claras al cruzar las grandes ciudades que jalonan el camino y que le harán sentirse extraño. Algunos, las verán solo como una caricatura anónima que se cruza en su camino, anhelando cruzarlas pronto para recuperar su soledad. 

 

¡Buen camino! Se repiten los peregrinos, como buen deseo, bajo el sol o la lluvia de la ruta. Detrás siguen quedando las construcciones piramidales de ecos lejanos de las piedras que construyen las iglesias y ermitas. Todo es pura apariencia. Nadie ha olvidado su blanca casa a la que regresarán. ¿Qué importa vaya solo o acompañado? Porque, su camino no es el mismo en ninguno de ellos, es otro camino, más largo el que anda por dentro. Mascara o adorno, ajustan los lentos andares ante los demás. ¿Qué más da?

 

Es por tanto ya tiempo de pensar, de rehacer mochilas olvidadas y de soñar con las sendas que habremos de recorrer, sintiendo la belleza de un paisaje lleno de historias y leyendas que forjaron una única nación, hoy día tan cuestionada. Y cuando alcanzas el final, se deja sentir una especie de extraña frustración por haber terminado ya. Es entonces que sueñas de nuevo con regresar otra vez a caminarlo y volver a reflexionar...

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