Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies
Cartas al director
Jueves, 9 de febrero de 2017

“Los héroes son héroes porque nadie sabe que lo son”

Guardar en Mis Noticias.

 

Es difícil comenzar a escribir algo cuando tienes tantos pensamientos agolpados en la cabeza y tantos sentimientos en el corazón. Hoy, dentro de 4 horas, se cumplirán 3 días desde que tuve que despedirme de mi campeón porque su guerra, nuestra guerra, ha tocado a su fin.

 

Dicen que el primer amor de una niña es su padre, y a quien lo dijera no le faltaba razón, y además no es solo el primero, sino también el amor más incondicional, puro y verdadero.

 

Mi padre, el inspector de policía, Justo Avilés Macías, tuvo a bien llegar a Ceuta a desarrollar sus prácticas en el año 1975, pero lo que él por entonces no sabía, es que a la vuelta de la esquina se encontraría con el amor de su vida, mi madre, esposa incondicional donde las haya y motivo de su estancia en esta maravillosa ciudad por el resto de su vida.

 

Él ascendió a inspector jefe a la edad de 42 años y tengo bien sabido, por supuesto, no porque sea mi padre, que era un magnífico profesional, íntegro, honesto, leal, y no compañero de sus compañeros, sino amigo de sus compañeros hasta extremos que le hacían rozar la ingenuidad. Persona incorruptible, digna de admiración, el que no pedía una saludo al pasar porque simplemente fuera el jefe, ni miraba a nadie por encima del hombro simplemente porque sus galones pesaran más que los de otros.

 

Su entrega al Cuerpo de Policía no tenía límites, igual iba a trabajar con 40 de fiebre, con la cara doblada por un flemón o con rotura de ligamento cruzado de la rodilla por un accidente teniendo que subir a un segundo piso para llegar a su despacho, su encomio por desampañar más allá de lo adecuadamente correcto su trabajo podía con todo lo demás. 

 

Siempre he querido seguir sus pasos, para mí, todo un ejemplo a seguir, y por ello me encontraba preparándome mi oposición para inpectora de policía, cuando un 13 de enero del año 2014 a las 21:05h recibí una llamada de mi madre tras una visita al otorrino para revisar a mi padre de su afonía. Una de esas llamadas que te dejan congelada en el sitio donde estés sin poder articular palabra, solo sintiendo como caen por tus mejillas un goteo incesante de lágrimas al escuchar que la persona a la que más amaba en el mundo, tenía cáncer de laringe..

.

Por supuesto, el día 14 a primera hora de la mañana estaba en Ceuta, ya que me encontraba estudiando mi oposición en la península. Tenía que acompañar a mi padre en todo un proceso que no había hecho nada más que mostrar las puntitas de unas orejas tremendas dignas del lobo más feroz.

 

Poco a poco empezamos tratamientos típicos de radioterapia y quimioterapia, teniendo que darse de baja de su trabajo y desplazarnos fuera de la ciudad, dado los escasos medios con los que contamos allí para afrontar este tipo de casos, que por desgracia son cada día más habituales en todas las familias.

 

Al principio por temas de partes de baja que tienes que ir enviando y en fin, por mera burocracia, seguimos manteniendo contanto con la Jefatura de Policía de Ceuta, pero poco a poco, esos mensajes de ánimo incialmente recibidos fueron espaciándose cada vez más en el tiempo. Ese jefe perfecto al que todo el mundo apreciaba muchísimo va quedando en el olvido, van pasando los meses y ya no era su jefe , ya que como es lógico había otra persona haciendo sus funciones y mientras tanto unos y otros se sorteaban en sus mentes la silla de mi padre.

 

Es muy triste que en el siglo mas avanzado a nivel de comunicaciones alguien sea capaz de decir, “nos acordamos mucho de tí”, “pues no sabes lo que lo echamos de menos”...y perdón por la expresión o la forma tal vez de decirlo, pero me produce la más sonora y a la vez corta carcajada el escuchar estas cosas cuando nadie se digna a mandarte un mensaje, un email, un whatsapp...algo. Tras una traqueostomía mi padre no podía hablar, pero podía escribir, escuchar, comprender, estaba perfecto, solo que con un orificio en la garganta por el que ahora respirar. Fue muy doloroso para él como poco a poco por circunstancias y su empeoramiento cada vez caes más en el olvido, por no hablar ya de la jubilación por incapacidad...ahí ya puedes olvidarte, porque de la noche a la mañana dejas de ser el jefe que puede recuperar su puesto y todos te estamos esperando con los brazos abiertos, a no ser más que un leve recuerdo por el que nadie hace nada por saber de tí. Es muy triste que una persona dedique 41 años de su vida como ha dedicado él y tengas que escuchar que determinadas personas se creen en posesión de valores que ni ellos mismos saben lo que significan. En la conciencia de cada uno quedará. Yo sí puedo decir hoy y con la boca llena, que estoy muy orgullosa de mi padre, un compañero que no dudaba en tender una mano amiga a un compañero en apuros, que cargaba con la culpa de otros para proteger a los suyos.

 

Gracias papá, allá donde estés por haberme hecho ser la persona que soy hoy, por haberme transmitido unos valores tan sublimes que nunca tendré vida para llegar a parecerme a tí ni si quiera la mitad.

 

Gracias a “sus compañeros” ya que gracias a ellos me he dado cuenta que señores, el compañerismo en esta institución no existe, que a todos nos gusta mucho aparentar, hacer ver que somos como no somos, algo que me parece deplorable y gracias una vez más porque a tiempo me he dado cuenta que puedo seguir el camino de la oncología, donde sin duda puedes ayudar a más gente y hacerlo con todo tu corazón, gente que te mira a los ojos y te dice “gracias por salvar a mi padre” o “gracias por ayudarme, aunque no hayamos obtenido el resultado esperado”, pero lo que verdaderamente te llena es el cariño que rodea esta atmósfera a la vez tan dramática y de la que ninguno estamos libres de ser los siguientes en pasar por ella.

 

Sinceramente sí doy gracias al Señor Miguel Fonta por su preocupación incansable por mi padre y por el ya fallecido D. Javier Caldito, quienes se merecen todos mis respetos. Gracias a mi tío Jose Luis Pérez Viruel y a mi tía Encarnación Díaz Escobar, porque aunque nos han separado 400km siempre habéis estado para insuflar aliento con vuestra presencia física en la ciudad de Badajoz cuando todo parecía torcerse, solo por verlo una vez más. Gracias a mis prima Paqui y Yolanda Pérez Díaz, porque más que primas, son hermanas para mí y a Antonio Luis Cantarero Ladero, un primo más para mí.

 

Gracias a la redacción de este periódico por permitirme hacerles llegar mis palabras.

 

Dicen que el cáncer es una enfermedad de pérdidas, pérdida de la salud, de amigos que no lo eran tanto, compañeros que realmente no conocen el significado de esa palabra, pero otra cosa está muy clara también con respecto al cáncer, éste solo destruye lo que previamente a él no estaba fuertemente cimentado, ya que las relaciones verdaderas, creadas desde el corazón, ni un tsunami puede con ellas.

 

Con esto me despido, no solo de ustedes que me leen, sino de mi padre, de mi héroe, de mi gran amor, de mi gran policía, de mi gran amigo... Te quiero papá. Nos volveremos a ver y me apretarás la mano como solo tú sabes. Mil besos para el cielo.

Acceda para comentar como usuario Acceda para comentar como usuario
¡Deje su comentario!
Normas de Participación
Esta es la opinión de los lectores, no la nuestra.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
1 Comentario
Fecha: Sábado, 11 de febrero de 2017 a las 00:35
Viry
Digna hija de un gran hombre.

El Pueblo de Ceuta • Términos de usoPolítica de PrivacidadMapa del sitio
© 2017 • Todos los derechos reservados