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Julio Basurco
Martes, 14 de febrero de 2017

No se puede ser neutral en un tren en movimiento

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Lo que quería decir el historiador Howard Zinn con la famosa frase que pone título a este artículo es que la neutralidad, ante situaciones de injusticia es, de facto, apoyar al bando beneficiado. No se puede ser neutral ante un tren en movimiento y no se puede ser neutral ante una agresión. O contribuyes a pararla o contribuyes, por acción u omisión, a que continúe. No hay más.


Con la polémica que acompaña a la frontera ocurre exactamente lo mismo. Hay una política fronteriza que algunos consideramos que vulnera los Derechos Humanos; otros, de manera contraria, no lo consideran así y creen que las concertinas y los pelotazos de goma son instrumentos legítimos para la “defensa” del territorio nacional. De acuerdo. Partiendo de ahí, si se organiza un acto para exigir que las actuales políticas cambien, se puede estar a favor o se puede estar en contra, pero no hay lugar para una supuesta neutralidad. Decir que no se apoya la “Marcha de la Dignidad” al Tarajal porque “se ha politizado” es, sí, una profunda estupidez, una vacua excusa.


A Ciudadanos le ha molestado que dijera esto mismo en una tertulia televisiva. Renunciando a hacer cualquier tipo de valoración acerca del nivel político de un partido que, como partido, escribe un artículo en el que el mayor atisbo de comienzo de argumentación consiste en la repetición constante del calificativo “Principito” para referirse al rival, me permito el lujo de repetirles lo mismo por escrito: son mentirosos que no quieren reconocer que apoyan la actual política fronteriza porque consideran que mantenerse aparentemente “neutrales” ante situaciones polémicas es lo más inteligente. No es neutralidad, sino pura cobardía.


Es curioso que, precisamente, se nos pretenda acusar de electoralistas a quienes sí nos mojamos sin miedo a las consecuencias. Porque eso es, imagino, lo que quieren decir aquellos que mantienen la perogrullada de que un acto político que exige un cambio de políticas para solucionar un problema político se ha “politizado”: que los partidos que sí apoyan la marcha lo hacen para sacar rédito. Sólo hay que darse una vuelta por redes sociales o fijarse en el discurso dominante local que posibilita que el Partido Popular siga manteniendo mayoría absoluta para darse cuenta de que en nuestra ciudad, por desgracia, lo electoralista, lo “populista”, es envolverse en la bandera, decir “Viva España y viva la Guardia Civil” y defender que a ante lo “ilegítimo” (la inmigración “desordenada”) cualquier acción es “legítima”, incluso disparar a quien nada por sobrevivir. Apoyar la Marcha del Tarajal conlleva más insultos que aplausos. Hablando claro: apoyar la Marcha del Tarajal te quita votos, no te los da.


Por último, hay algo que, probablemente, meta en un follón a quien esto escribe, pero que, considero, es hora de que alguien se atreva a decir públicamente. El artículo de Ciudadanos es divertido, sí. Pero lo que no es divertido es que quien tiene a sueldo a un reconocido agresor machista reincidente que, además, tiene la cara dura de posar en los minutos de silencio que se organizan cada vez que agresores machistas como él asesinan a alguna mujer, pretenda dar lecciones (no a mí, sino a cualquiera) acerca de “malas compañías”. Eso no es divertido, sino trágico. Y hasta ahí podíamos llegar. Lávense la boca, señores de Ciudadanos, antes de hablar de mi gente.

*Respuesta a Ciudadanos

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