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José Luis Navazo
Sábado, 18 de febrero de 2017

Los cinco de Alhucemas

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El próximo lunes se conmemora el sexto aniversario del Movimiento del 20 de Febrero (M-20F), versión a la marroquí de la mal llamada “Primavera Árabe” que desembocó, en nuestro imprevisible e inestable vecino del sur, en una nueva Constitución y en unas elecciones adelantadas que elevaron al gobierno a los islamistas parlamentarios del Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD).

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Como siempre y al margen de las capitales administrativa (Rabat) y económica (Casablanca) del Reino, fue el norte del país (de Tánger a Tetuán, Alhucemas y Nador) la región en la que el naciente movimiento, pacífico y contestario, sacó más músculo. Si la exhibición de fuerza ciudadana fue encauzada con habilidad en Rabat, puedo levantar acta de ello, en otras localidades elementos ajenos a los manifestantes, azuzados desde la sombra, generaron una serie de altercados con la idea arrojar la sospecha de la violencia sobre los organizadores. Tales fueron los casos de Tetuán y sobre todo Larache. Por otro lado y por medio de servicios especiales, se atentó directamente contra los manifestantes en Nador y sobre todo en Alhucemas. 

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En Alhucemas, en la luminosa e histórica capital del Rif, los restos de cinco jóvenes aparecieron calcinados en la madrugada del 21 de febrero dentro de las instalaciones del Banco Chaâbi (Banco Popular), en el centro de la ciudad. Extrañas muertes que al día de hoy están lejos de haberse esclarecido y cuya autoría (ni los chicos se suicidaron ni se quemaron solos) apunta a una maniobra organizada desde las cloacas del Estado.

 

Como hoy recuerdan los organizadores del movimiento popular rifeño, la confianza en el entramado del Majzén es nula pues siguen sin depurarse, también en la atroz muerte de Mohcen Fikri el 27 de octubre de 2016, los últimos eslabones de la cadena de responsabilidades que, en el caso de Fikri, llegan hasta los barcos pesqueros y sus capturas ilegales. La pregunta, que rueda como una bola por las calles de Alhucemas, es sencilla pero contundente: ¿quién es el armador, el propietario de esos pesqueros...?

 

Estos hechos no son puntuales, pues reflejan la dura situación social, política y económica que sufre la región desde 1956, con la partida de los españoles y el fin del Protectorado. Como recuerdan varias fuentes en la ciudad, “España dejó una ciudad estable y en crecimiento, un escenario que saltó por los aires con la sangrienta represión de 1959 y que aun hoy, pese a los esfuerzos desplegados por el rey Mohamed VI, está lejos de solucionarse”.

 

Todavía en la primavera de 2012 un diputado de la Unión Socialista de Fuerzas Populares (USFP), Abdelkhaar Amgar, denunciaba ante la comisión ejecutiva de su partido “las intervenciones violentas y desproporcionadas de las fuerzas del orden”, advirtiendo de la necesidad de “indemnizar a los ciudadanos de Ben Ayache, Imzourem y Bougdaren”, objeto de ataques cotidianos, destrucción de bienes y pillaje por parte de quienes, en principio, debían protegerles.

 

¿Ha cambiado la situación en los últimos años? No lo parece. Los rifeños siguen saliendo a la calle, pacíficamente, una y otra vez, en defensa no ya de sus derechos más elementales si no sobre todo de su dignidad.

 

Tras los últimos acontecimientos, el régimen parece haber apostado estos días por la represión pura y dura: la plaza central de la ciudad está vallada para evitar concentraciones, la marina y el ejército controlan las instalaciones portuarias y el aeropuerto mientras la policía, de uniforme y de paisano, ha sido notablemente reforzada haciéndose omnipresente por las calles. La militarización de Alhucemas y su región es un hecho, lo que no deja de ser una grosera provocación para una población, concienciada pero pacífica, que lucha por sus derechos y su dignidad. El mensaje del movimiento popular es prístino: “Vamos a seguir con las movilizaciones el tiempo que haga falta”.

 

Por lo demás el régimen marroquí, no contento con la represión, ensaya diferentes maniobras de distracción y aviso. Ralentizando por ejemplo sus controles y permitiendo, cuando no alentando, oleadas de emigrantes subsaharianos sobre Ceuta...

 

Y el que quiera entender, que entienda. 

 

Haya salud. 

 

Visto.

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1 Comentario
Fecha: Lunes, 20 de febrero de 2017 a las 12:28
abdelmalik Abdelkader M
Hay que tener muy poca vergüenza decir que la conflictividad llegó después de que España dejara el Rif como un balsa de aceite y en progreso.

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