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El Pueblo
Sábado, 11 de marzo de 2017

Y al final...pasó. Sólo era cuestión de tiempo

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Lo que muchos ceutíes temían que pasara, al final ha terminado pasando. Un joven falleció ayer, en pleno centro de la ciudad y a plena luz del día, tras ser atacado por varios menores marroquíes. Era, como el título de una de las novelas más citadas de Gabriel García Márquez, la crónica de una muerte anunciada. Sólo era cuestión de tiempo que este hecho fatal se produjera en Ceuta mientras muchas voces alertaban de una creciente inseguridad y de cómo el colectivo de menores extranjeros, tutelados o no por la Ciudad Autónoma, estaban causando problemas y miedo. A esas voces se las tachó de alarmistas, de xenófobas, de racistas, de radicales. Desde no pocos ámbitos, algunos políticos, se salió a criticar que quienes pedían más seguridad y un control más exhaustivo de los menores extranjeros estaban criminalizando a un colectivo e incluso incitando al odio. Bueno, ahora, con una víctima sobre la mesa, ¿qué tienen que decir los críticos? 

 

Y es que, la realidad, se mire por donde se mire y se le pretenda dar los tintes que se quiera, es que la inseguridad es creciente y que los menores extranjeros tienen parte de responsabilidad. Obviamente no todos, y entre este colectivo habrá excelentes niños que aprovechan la nueva oportunidad que se les brinda, pero cada vez son más los menores a los que se los ve merodear, en grupos, por toda la ciudad. Sólo hay que pasar por el puerto para ver a niños, de apenas nueve o diez años, apostados en los muros que rodean la Estación Marítima o merodeando cualquier instalación con intenciones que seguramente son poco legítimas. Esta situación no se puede obviar alegando que se intenta criminalizar a un colectivo porque, precisamente, no hacer nada es lo que ha dado alas a quienes desde dentro del colectivo lo han estigmatizado. Es hora de sacar la manzana podrida del cesto y hacerlo por el bien de los propios menores que sí aprovechan la educación que se les brinda, pero ante todo por el bien de la ciudad.

 

No se puede permitir que en Ceuta un joven pierda la vida en plena calle por falta de control. Una falta de control de unos menores que son peligrosos. La muestra de ello es que portan armas blancas, y ayer varios adolescentes no dudaron en sacar una navaja para sesgar una vida. Cuando la vida humana está en juego, no caben excusas y sería muy pobre intentar esgrimirlas. Ahora hay que asumir responsabilidades y tomar buena nota para que este asesinato, que debe convertirse también en una llamada de atención, no se vuelva a repetir. 

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