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Redacción
Domingo, 12 de marzo de 2017

La llegada

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POR IÑIGO DOMÍNGUEZ

Lo de la asesora de Trump espatarrada en el despacho oval ya le pasa a cualquiera: estás en un sitio, pero no estás porque estás ocupado contando que estás ahí. No estás a lo que estás. No hay mejor momento para colarte lo que sea. Hasta hace poco era impensable pensar que eso pudiera llegar a ser colectivo. Y no hay mejores momentos que los actuales para colar a la gente lo que sea. Estás absorto, te hablan y dices: “Sí, sí, claro”, pero sin enterarte de nada. Esta mujer, evidentemente, se olvidó de dónde estaba y de lo que hacía. Como los que se caen en fuentes o se chocan con farolas por mirar el móvil.

 

Quizá estaba tuiteando. No sé si alguien se ha molestado en verificarlo, por coincidencia temporal. Supongo que sí. Hay cantidad de gente que, además de molestarse por todo, se molesta en hacer cosas absurdas. Pero seguro que lo que tuiteara esta mujer no tendría el menor interés. Antes, ante algo grave o urgente, se pedía un teléfono, o escribías una carta. Ahora se suele transmitir al instante algo sin importancia y que podría esperar perfectamente.

 

Si llegaran los marcianos se encontrarían una multitud como haciendo el saludo fascista, pero con un móvil en la mano. Todos les harían fotos, para empezar a hablar. Luego se las harían con ellos. Ellos pensarían que se hallan ante una raza que ha externalizado su sistema óptico en un aparatito. Les preguntarían desde la base que qué tal: “No sé, son gente que hace fotos y se las pasan entre ellos. Es imposible la comunicación. Nos volvemos”.

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1 Comentario
Fecha: Domingo, 12 de marzo de 2017 a las 13:05
Silvio Ageloff
LA JODISTE, ÍÑIGO. Ibas bien, muy bien, estabas haciendo una crítica del uso y abuso del móvil. Escribías que cuando el personal habla con alguien que está haciendo uso de su teléfono, éste alguien va y dice, sin mostrar interés y sin levantar la vista, "Sí, si, claro". Empezaste criticando las formas de la asesora del Presidente Trump –de rodillas en el sofá– y sin prestar atención a lo que sucedía a su alrededor. Escribes que sería interesante conocer la clase de mensaje que estaba enviando o recibiendo. Aseguras que lo que estuviera haciendo carecía del menor interés. Hasta aquí, insisto, ibas bien, si quieres, muy bien, pero no te resististe a asomar la oreja, se vieron claramente tus DEMONIOS POLÍTICOS. ¿A qué viene aquí "(...) una multitud como haciendo el saludo fascista (...)"? Y en esto se JODIÓ el artículo. Asomaste la oreja y todo el tinglado arquitectónico del artículo se desmoronó, se vino abajo. Es norma no escrita que en los textos, salvo en los específicos, no se vea la oreja del escritor. Sus gustos o disgustos han de desaparecer del texto. Parece que es una clase de manipulación del lector. Por eso digo que ibas bien hasta que se jodió el invento. ¿Fue un desliz?

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