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Colaboraciones
Viernes, 17 de marzo de 2017

Hiyab y libertad religiosa

Guardar en Mis Noticias.

Por Cristóbal Flor Domínguez*

Gran revuelo ha causado en estos días la sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea declarando lícito el despido de una trabajadora musulmana por llevar velo en el trabajo, cosa que estaba prohibida por las normas de la empresa. Me recuerda este caso al de la azafata británica a la que se impidió llevar visible un crucifijo en el cuello que hacía ver su condición de cristiana. Ambos casos nos llevan a reflexionar sobre el alcance del derecho de libertad religiosa y sus límites. Según recoge la Constitución española en su Art. 16, todos los ciudadanos tienen derecho a la libertad religiosa, tanto activa como pasiva, es decir, los ciudadanos tienen el mismo derecho a manifestar sus convicciones religiosas, individual o colectivamente, y a no manifestarlas. Según la misma Constitución no existe más límite al ejercicio de este derecho que el del mantenimiento del orden público. El art. 9.2 del Convenio Europeo de Derechos Humanos dispone que “la libertad de manifestar su religión o sus convicciones no puede ser objeto de más restricciones que las que, previstas por la ley, constituyan medidas necesarias, en una sociedad democrática, para la seguridad pública, la protección del orden, de la salud o de la moral públicas, o la protección de los derechos o las libertades de los demás”.

 

En este caso concreto se invoca un pretendido principio de neutralidad, según el cual ostentar cualquier signo religioso, no hay que olvidar que esta empresa no distingue en sus normas entre signos musulmanes u otros, prohibiéndolos todos, constituye una ofensa de los derechos de los clientes. Y aquí vienen las preguntas para la reflexión, ¿de verdad alguien puede sentir vulnerados sus derechos básicos si quien le atiende lleva velo o una cruz? ¿Constituye una alteración del orden público? Creo que este principio, amparado por el Tribunal, tiene poco de neutral, más bien constituye una grave violación, a mi entender, del derecho a manifestar públicamente las convicciones religiosas. Lo contrario sería admitir algo del todo inadmisible y es que el terreno de las convicciones religiosas es exclusivamente el íntimo de las personas, negándole toda trascendencia pública. Claro está que cada empresa es libre de establecer las normas internas que crea convenientes, pero ¿no está la empresa estableciendo un elemento discriminatorio al establecer una especie de veto a las personas creyentes? ¿No es una vulneración del derecho a obtener un empleo en igualdad de condiciones?

 

Por tanto, la sentencia del Tribunal de la UE, con todo el respeto que merece, no deja de ser una mala noticia para todos aquellos que profesamos unas convicciones religiosas, pues apuntala la idea, cada vez más extendida en algunos círculos, de que la religión es un obstáculo para el desarrollo de una sociedad pacífica y abierta. 

* Sacerdote. Párroco de Ntra. Sra. Del Valle

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1 Comentario
Fecha: Sábado, 18 de marzo de 2017 a las 11:27
Ciudadano
Excelente argumentación, pero limitada. Se olvida una mención al derecho a no tener creencia religiosa que, por otra parte, ha supuesto una fuente inagotable de estímulos y avances para la humanidad. Los no creyentes no se sienten representados ni respetados en este cúmulo de dogmas, liturgias y sentimientos poco razonados a favor de lo intangible. En general, se acepta con poco o ningún entusiasmo la expresión pública o privada de la no creencia, habiéndose incluso desarrollado legislación para la protección de los sentimientos religiosos, y no al contrario. El cuadro quedará completo sólo si se aceptan todas las posibilidades, incluido el derecho a la no religiosidad y a la crítica razonada a las creencias propias y ajenas.

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