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Miguel R. Calderón
Sábado, 18 de marzo de 2017

Pol Pot y los Jemeres Rojos en Camboya (1975-1979)

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El mismo día que los Jemeres Rojos entraron en Phnom Penh pusieron en práctica la primera de sus medidas para “purificar la raza jemer”, oriunda de la baja Camboya, y acabar con las diferencias sociales. Consistía en algo tan simple como la eliminación de las ciudades

En 1863 Camboya se convirtió en protectorado francés y pasó a ser gobernada como parte de la administración francesa en Indochina, aunque Francia respetaba la dinastía propia del país asiático. Tras alcanzar la independencia de Francia en 1953, Camboya se convirtió en una monarquía constitucional gobernada por el príncipe Sihanouk en 1955.

 


Por su vecindad , Camboya se vio inmersa en el conflicto de Vietnam, siendo aprovechada esta circunstancia por EE.UU. para deponer a Sihanouk, que veía con simpatía la lucha de Vietnam del Norte, y ayudar al general Lon Nol que instaura la república en 1970. Mientras, Sihanouk se exilia en China. Es en este momento cuando se va gestando la figura sanguinaria de Pol Pot y los Jemeres Rojos.

 


Entre 1970 y 1975 se había librado en Camboya una guerra civil entre las guerrillas comunistas ( los Jemeres Rojos) y el gobierno títere de Lon Nol, sostenido por EE.UU. Desde 1969, los norteamericanos bombardearon Camboya sin descanso y al año siguiente invadieron el país para “limpiarlo” de posiciones y “santuarios” norvietnamitas: 31.000 norteamericanos y 43.000 survietnamitas ocuparon el país sin apenas éxito. Las brutalidades de los bombardeos y la propia invasión, pusieron a la población camboyana decididamente del lado de los Jemeres Rojos.

 


El 17 de abril de 1975 los Jemeres Rojos entraron en Phnom Penh , la capital del Estado. La guerra civil, que había dejado un saldo de un millón de muertos, había concluido. Daba comienzo, sin embargo, el régimen autoritario de Pol Pot, de ideología maoísta, que gobernaría la llamada Kampuchea Democrática entre 1975 y 1979 , llevando a la práctica un experimento político sin igual en la historia contemporánea, con una concepción extremista de la revolución.

 


Pol Pot había nacido el 19 de Mayo de 1928 en el seno de una familia acaudalada emparentada con la Corte real. Cursó estudios en París entre 1945 y 1953 y ejerció posteriormente como maestro en Phnom Penh. Durante casi cuatro años, sometió Camboya a un régimen despiadado y sanguinario con la finalidad de conseguir la primera sociedad realmente igualitaria del mundo. El resultado fue un genocidio: la muerte de más de la cuarta parte de la población, más de dos millones de camboyanos.

 


Para los Jemeres Rojos era el comienzo de una nueva época, “Camboya año cero”, y todo lo que representase el pasado debía desaparecer y de hecho el dinero desapareció y la colectivización integral se llevó a cabo en sólo dos meses. Pero además la ideología jemer anuló el mercado, la educación, la religión, los libros, la familia, las formas tradicionales de gobierno, en fin, todo lo que viniese del extranjero. Se prohibieron las manifestaciones públicas de afecto, las quejas, el llanto, los insultos, las disputas; cualquier exteriorización emocional era un pasaporte a la muerte. Los sentimientos humanos eran despreciados y considerados un pecado de individualismo. La expresión de sentimientos particulares estaba vedada y solo cabían aspiraciones colectivas como el trabajo, eso sí, a un ritmo extenuante. Era al fin y al cabo el único valor que otorgaba a la ciudadanía el régimen de los Jemeres Rojos.

 


La ideología de Pol Pot y los suyos consistía en una combinación de comunismo a ultranza, nacionalismo y agrarismo. Se basaba en un odio absoluto hacia las clases pudientes, hacia la injerencia extranjera en Kampuchea- principalmente de los vietnamitas y los occidentales-, y hacia los habitantes de las ciudades, porque, a su modo de entender, eran la cuna de todos los males que afligían al país. Las bases de su guerrilla eran reclutadas entre los campesinos jóvenes más pobres. Muchachos y muchachas del pueblo jemer, con edades comprendidas mayoritariamente entre los 12 y los 14 años, analfabetos, endémicamente hundidos en la miseria y por ello fácilmente manipulables.

 


El mismo día que los Jemeres Rojos entraron en Phnom Penh pusieron en práctica la primera de sus medidas para “purificar la raza jemer”, oriunda de la baja Camboya, y acabar con las diferencias sociales. Consistía en algo tan simple como la eliminación de las ciudades.

 


Fueron casa por casa para evacuar “temporalmente” a los habitantes con el pretexto de un ataque aéreo por parte de Estados Unidos. La misma consigna sería repetida sobre las demás ciudades del país apenas fueron conquistadas. Cientos de miles de personas fueron deportadas al campo. En apenas unas semanas, Phnom Penh y los otros centros urbanos fueron reducidos a pueblos fantasmas. Para cuatro millones de camboyanos fue el inicio de un calvario de desplazamientos constantes por aldeas rurales que acabaría con buena parte de ellos. Eran los traidores, el “pueblo nuevo”, la gente del “17 de Abril” (toma de Phnom Penh) en contraposición con el “pueblo viejo”, los campesinos que constituían las bases populares del movimiento y que se habían unido a las guerrillas de los Jemeres Rojos desde el principio.

 


Los medios de comunicación, como el teléfono y el correo, fueron desmantelados y el genocidio y la tortura se hicieron extensibles a todo aquel que fuera capaz de hablar una lengua extranjera, al que supiera leer y escribir, a quienes mostraran unas manos suaves no castigadas por el trabajo rural, a los médicos, maestros, niños, estudiantes, sacerdotes, personas que llevaran gafas, ancianos y enfermos.

 


Tuol Sleng, una escuela de Phnom Penh que los jemeres habían transformado en una prisión conocida como S-21, se convirtió en el centro neurálgico de la represión y fue encomendada a Kang Khek Ieu, un sanguinario ex profesor (como Pol Pot) que se hizo llamar “camarada Duch”. Bajo su batuta los jemeres apresaron, torturaron y finalmente exterminaron a la población camboyana. Más de 20.000 hombres, mujeres y niños pasaron por sus celdas. De ellos 4.000 dejaron sus confesiones autobiográficas y sólo seis sobrevivieron para contar a la Humanidad los horrores del régimen comunista de los Jemeres Rojos.

 


Cuando las tropas vietnamitas lograron penetrar en Camboya en enero de 1979 y depusieron a los Jemeres Rojos, había aún catorce cadáveres recién ejecutados, atados a las camas en las celdas de interrogatorio. Desde entonces, sirve de prueba del genocidio que Pol Pot negó cuando fue hecho prisionero oficialmente por el grupo que había fundado décadas atrás, los Jemeres Rojos. El “hermano número uno” como era conocido entre sus correligionarios, murió el 15 de abril de 1998 en un campamento cercano a la frontera tailandesa, donde vivía en situación de arresto domiciliario, sin enfrentarse a sus responsabilidades ante el Tribunal Internacional. Nunca se arrepintió de sus crímenes.

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