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Miguel R. Calderón
Miércoles, 26 de abril de 2017

El 80º aniversario del bombardeo de Guernica

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El lunes 26 de Abril de 1937, el bombardeo sobre Guernica, municipio vizcaíno, comenzó a media tarde. Desde ese momento y durante unas tres horas, aviones alemanes e italianos atacaron la villa con bombas destructivas

En los primeros días de la Guerra Civil, los aviones del Gobierno de la República habían atacado cuarteles de los rebeldes y éstos hicieron lo mismo en la zona republicana. La guerra aérea era ya un hecho en España y, en vísperas del estallido de la II Guerra Mundial, el país se convirtió en campo de pruebas para las potencias fascistas, Italia y Alemania. Éstas desarrollaban una nueva aviación y los ataques en zonas de población civil eran un objetivo esencial.

 

El lunes 26 de Abril de 1937, el bombardeo sobre Guernica, municipio vizcaíno, comenzó a media tarde. Desde ese momento y durante unas tres horas, aviones alemanes e italianos atacaron la villa con bombas destructivas e incendiarias. Lanzaron primero 36 bombas de 50 kg que cayeron alrededor del puente sobre el río Oca que atraviesa la localidad. Antes de las seis de la tarde ya se habían lanzado sobre Guernica las bombas incendiarias, cuya explosión retardada en viejas construcciones de madera causaron el incendio que consumió gran parte de la villa. Las explosiones envolvieron Guernica en una capa de humo espeso aprovechado por los cazas de combate para ametrallar el pueblo y sus alrededores, regresando a continuación los aparatos a sus bases. El 28 de abril, dos días después del bombardeo, las tropas golpistas entraban en la villa foral, tomando el control de la misma.

 

Los ataques habían destruido 271 edificios, las tres cuartas partes del pueblo, sin alcanzar el que se suponía era el objetivo principal: el puente de Rentería. En los planes bélicos consta que las bombas no alcanzaron el puente, ni tampoco la Casa de Juntas, ni el histórico roble conocido como “El árbol de Guernica” (símbolo de las libertades vascas desde la Edad Media), las fábricas de armas que había en las afueras de la población , y ni siquiera la estación de ferrocarril que, aunque pequeña, constituía un objetivo militar.

 

Se han vertido todo tipo de teorías sobre las razones del bombardeo. En la actualidad una de las más aceptadas señala que la operación habría sido ordenada por un mando alemán sin informar previamente ni al general Kindelán, al mando de la Aviación Nacional, ni a Franco, quien para evitar críticas internacionales había ordenado que no se bombardearan poblaciones sin su permiso. La orden pudo haber partido del general Sperrie, comandante en jefe de la Legión Cóndor, la unidad militar con la que Alemania materializaba su ayuda al bando nacional. Aunque son muchos los que opinan que fue su Jefe de Estado Mayor, W. F. Von Richthofen – apartado de su destino poco después del bombardeo-, quien dio la orden.

 

El ataque se habría realizado pues, con el propósito de desmoralizar al enemigo y enseñar a los mandos nacionales a actuar con mayor contundencia. Von Richthofen había acusado al general Mola- al mando del Alzamiento- ante Franco de ser demasiado lento por el escaso avance de sus tropas. Además Richthofen había recibido de Mola constantes presiones para que La Legión Cóndor destruyera las industrias vascas ya que el general español, que tenía a su cargo el Ejército del Norte, consideraba políticamente nefasta la concentración industrial en Vizcaya.

 

Hay que resaltar que las posteriores afirmaciones de Göering ante el tribunal de Nuremberg, en el sentido de que fue él quien dio la orden de evaluar los efectos de un bombardeo sobre una ciudad desprotegida, son tenidas por los especialistas como poco fiables.

 

La presencia de corresponsales extranjeros en Bilbao propició que las fotografías de Guernica en ruinas dieran la vuelta al mundo, convirtiéndose en una poderosa propaganda en pro de la República y antifranquista.

 

El bombardeo centró en España una polémica de cifras que iban desde más del millar de muertos que anunciaron las autoridades republicana y vasca, hasta su negación absoluta como tal bombardeo por parte de la propaganda nacional, que ocultó el papel de la aviación extranjera y afirmó que Guernica había sido incendiada y destruida por “rojos vizcaínos dinamiteros asturianos”. Durante años ésta sería la única versión aceptada. Pero el bombardeo también fue explotado como arma de propaganda. El Gobierno de la II República tuvo un gran éxito en la Exposición Universal de París al presentar un cuadro pintado por Picasso que bautizó como “Guernica”.

 

La villa vasca fue un caso excepcional porque se convirtió en un símbolo de la brutalidad de la guerra. Pero no lo fue por el número de víctimas o por afectar a la población civil porque en este aspecto destacaron otros ataques, como los de Durango y Elorrio que se habían producido en Marzo de ese mismo año de 1937. Alcañiz (Teruel) en marzo de 1938 (más de 500 víctimas) o Barcelona ese mismo mes, donde sólo el día 17 los ataques aéreos causaron 652 muertos y más de 1000 heridos. En Guernica, la cifra de víctimas que se baraja oscila entre 150 y 300 muertos, además de numerosos heridos. Las cantidades eran importantes, teniendo en cuenta la población total que alcanzaba los 500 habitantes, pero el caso es que en la memoria colectiva el bombardeo de la villa vasca provocó millares de víctimas. Eso sí, Guernica se convirtió para la posteridad en un símbolo universal del horror de la guerra.

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