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Miguel R. Calderón
Lunes, 1 de mayo de 2017

La historia del 1º de mayo: día internacional de los trabajadores

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En recuerdo del 1 de mayo reivindicativo de 1886, esta fecha sería consagrada durante el Primer Congreso de la II Internacional Socialista

Amediados del siglo XIX, las condiciones de vida de los trabajadores en Europa y Estados Unidos se diferenciaban muy poco de la esclavitud. No en vano el doctor Guérin aseguraba en 1835 que “ para el obrero, vivir es no morir”. Se trabajaba por encima de las 14 horas diarias, seis días a la semana, incluso niños y mujeres embarazadas, en faenas pesadas y en condiciones sanitarias infrahumanas, con salarios de hambre que apenas permitían ir malviviendo. La miseria , la explotación y la represión policial eran el pan de cada día para las clases trabajadoras.

 

En EE.UU., después de la Guerra de Secesión (1861-1865) que había enfrentado al Norte y el Sur, se dieron las circunstancias que propiciaron un avance económico que situaría a esta nación en poco tiempo a la cabeza del sistema capitalista internacional.

 

Los grandes monopolios industriales emergentes lo tenían todo a su favor y contaban además con una mano de obra muy barata facilitada por una incesante oleada de emigrantes pobres e indefensos. 

 

Los primeros planteamientos reivindicativos partieron de los trabajadores inmigrantes, sobre todo ingleses que continuaron en territorio americano la lucha ya emprendida en Inglaterra por la reducción de la jornada de trabajo.

 

Ya en 1868, la lucha por “los tres ochos” ( ocho horas para dormir, ocho horas para la cultura y el ocio y ocho para trabajar) había logrado plasmarse en una ley federal estadounidense que la instauraba para los trabajos públicos del Estado, pero que la mayoría de las empresas privadas se resistían a aplicar.

 

La historia de “los mártires de Chicago” comienza en 1884, en el IV Congreso de la Federación Americana del Trabajo (AFL) donde se votó una resolución por la cual a partir del primero de mayo de 1886, la jornada laboral quedaría establecida en las ocho horas.

 

Una oleada de huelgas sacudió el país durante el mes de abril y, ante la potencia del movimiento, muchas empresas concedieron las ocho horas antes del 1 de mayo.

 

El primero de mayo de 1886 el líder anarquista Albert Parsons dirigió una manifestación de 80.000 trabajadores a través de las calles de Chicago. La huelga fue masiva en todo EE.UU. y hubo enfrentamientos violentos en numerosas ciudades, principalmente en Chicago, donde actuaban, además de las fuerzas policiales y antimotines, una especie de policía privada al servicio de los industriales y empresarios: la Compañía o Agencia Pinkerton.

 

El 3 de mayo, mientras otro anarquista, August Spies, hablaba a una reunión de huelguistas, un grupo se enfrentó con los esquiroles. Inmediatamente aparecieron más de 200 policías que disolvieron la multitud a golpes y disparos. El resultado fue de seis muertos y medio centenar de heridos, todos entre los trabajadores.

 

En protesta por lo ocurrido, los anarquistas convocaron para el día siguiente, 4 de mayo, una concentración en el Haymarket Square de Chicago, que contaba con el permiso de las autoridades. Cuando se dispersaban los trabajadores, alguien lanzó una bomba que estalló y mató a un policía. Inmediatamente, las fuerzas de seguridad abrieron fuego indiscriminado contra los trabajadores matando a varios de ellos y causando numerosos heridos.

 

Nunca se supo, a pesar de las investigaciones, quién tiró la bomba. Pero este hecho permitió a las autoridades judiciales- instigadas por varios políticos, empresarios y diarios-, detener y procesar a los principales dirigentes anarquistas y socialistas de la ciudad.

 

En el juicio, un verdadero fraude procesal, el fiscal llegó a pedir al jurado: “Declaren culpables a estos hombres, hagan un escarmiento con ellos, cuélguenlos y habrán salvado nuestras instituciones, nuestra sociedad”.

 

El 11 de noviembre de 1887 fueron ahorcados Parsons, Spies, Fischer y Engel. Louise LIngg, anarquista, se suicidó en prisión y Fielden, Nebee y Schwab lograron conmutar la pena de muerte por cadena perpetua.

 

En recuerdo de aquel 1 de mayo reivindicativo de 1886 y los trágicos acontecimientos que le sucedieron, esta fecha sería consagrada durante el Primer Congreso de la II Internacional Socialista, celebrada en París en 1889, como Día Internacional de los Trabajadores. 

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