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Miguel R. Calderón
Viernes, 26 de mayo de 2017

175 Años de la muerte de Espronceda (1808-1842)

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Se cumplen ahora 175 años de la muerte de José de Espronceda, para muchos el mejor poeta del Romanticismo español y en cualquier caso, fiel representante del movimiento romántico de la primera mitad del siglo XIX

Nunca he olvidado, y ya ha llovido, los versos de Espronceda contenidos en su famosa “Canción del Pirata”, y que comenzaba con esta estrofa que muchos alumnos del Instituto de hace medio siglo, entre los que me encuentro, recordarán cuando la recitábamos en clase de Literatura con don José Fradejas : “Con diez cañones por banda/viento en popa, a toda vela,/ no corta el mar, sino vuela/ un velero bergantín”…/. 

Se cumplen ahora 175 años de la muerte de José de Espronceda, para muchos el mejor poeta del Romanticismo español y en cualquier caso, fiel representante del movimiento romántico de la primera mitad del siglo XIX.

Se da como fecha de su nacimiento el 25 de marzo de 1808 en Almendralejo (Badajoz). El padre de Espronceda era coronel del ejército y estaba casado con doña María del Carmen Delgado, a la que doblaba en edad, y de este matrimonio nació el futuro poeta . Una casualidad hizo que viera la luz en este pueblo extremeño cuando el coronel se trasladaba con su esposa a Badajoz, adonde iba destinado con motivo de los hechos que se estaban preparando ( el alzamiento contra los franceses).

Terminada la Guerra de Independencia el matrimonio regresó a Madrid con el pequeño. Hizo Espronceda sus primeros estudios en el Colegio de San Mateo, donde estaba de director el insigne don Alberto Lista. No tardó este crítico y poeta en adivinar en Espronceda al futuro gran poeta e hizo de él su discípulo predilecto.

Corrían entonces por España vientos de agitación, vientos de violencia, que soplaban desde Francia y que encendían la mente de la juventud en ansias de aventuras y de libertad. Los jóvenes estudiantes se agitaban, las sociedades secretas crecían incesantemente y la conspiración estaba a la orden del día. Espronceda no tardaría en figurar en una de aquellas sociedades, “La Numantina” fundada hacía poco y de carácter liberal y patriótico. A pesar de sus pésimas condiciones de orador, Espronceda inflamaba los ánimos con sus discursos. A raíz de la muerte de Riego, el militar que se sublevó contra Fernando VII, ocurrida en Madrid en 1823, se despertó en “los numantinos” un sentimiento de indignación, como es de suponer. Espronceda no fue de los menos exaltados, y en aquel estado redactaron una protesta que, firmada por todos, fue enviada al Gobierno.

Poco después, el poeta salía preso camino de Guadalajara donde quedaba encerrado en el convento de San Francisco, lo cual no fue mucho castigo para las prácticas de la época. Pasado algún tiempo le dejaron en libertad, regresando a Madrid. No mucho tiempo después se dirige primero a Gibraltar y luego a Lisboa.

Cuentan de su llegada a esta capital una anécdota que le retrata y señala como poeta e hijo de su tiempo. En efecto, al llegar a Lisboa le quedaba un duro por todo capital; pagó tres pesetas (moneda ya acuñada por José I Bonaparte) en el buque que le llevaba a Lisboa , como impuesto de Sanidad y, cogiendo las dos que le devolvieron, las arrojó al Tajo diciendo que no quería entrar en tan gran ciudad con escaso capital.

Sin embargo fue en Lisboa donde conoció a Teresa hija del coronel desterrado don Epifanio Mancha. La joven se convirtió en su gran amor, su musa inspiradora como buen romántico. Teresa había de tener una gran influencia en la vida de aquel muchacho exaltado; con ella se habría de inspirar para su poema “El Diablo Mundo”, y a ella iría dedicado el fragmento más bello, el famoso “Canto a Teresa”.

El padre de su amada tuvo que partir hacia Londres. Con el padre fue la hija, y detrás de la hija, el poeta, no se sabe si “en pos del amor” como decía él, o por afán de aventuras. Durante el tiempo que estuvo en Londres se dedicó a leer a Shakespeare y a Byron, cantar a Teresa y plasmar en versos sus nostalgias de España. De este sentimiento nacería su “Oda a la patria” escrita en Londres.

Espronceda siente la llamada de la acción. Y aquel joven impetuoso busca una empresa noble por la que combatir. Estuvo en Holanda, de allí pasó a Francia donde tomó parte en la Revolución liberal de 1830, batiéndose en las barricadas y fue, según dicen, o lo dijo él, uno de los héroes de las luchas en el Puente de las Artes de París. Participará también , con un grupo de exaltados , en un intento de impedir la entrada en España del Duque de Angulema que iba al mando de los llamados “Cien mil hijos de San Luís” para restaurar en absolutismo en España, acabando la peripecia en un desastre. Posteriormente, con otro grupo, partía hacia Polonia a luchar por aquella desgraciada nación, impidiéndolo el rey francés Luis Felipe de Orleans.

De vuelta a París encontró a Teresa, pero con un nuevo aliciente: estaba casada. No podía pedir más un poeta romántico. Espronceda le propuso a su amada huir hacia España, donde una amnistía le permitió vivir un tiempo de forma sosegada. Poco duró la dicha de la pareja. Espronceda que formaba parte de la redacción de “El Siglo” escribía artículos incendiarios contra la Monarquía y de nuevo fue objeto de persecución. Teresa huyó de su lado de forma definitiva. Nunca más la volvería a ver con vida. Al parecer su amada se lanzó a una vida disipada y murió joven de tuberculosis. El poeta sólo pudo verla ya muerta.

En 1841, apagado ya el recuerdo de Teresa, viaja Espronceda a Holanda para ocupar un pacífico cargo en la Legación de España. Duró poco tiempo; Madrid le llamaba de nuevo, con su vida agitada. De Holanda regresaría con la salud ya quebrantada por los fríos y la humedad. Sea lo que fuese, lo cierto es que se sintió repentinamente enfermo; unas fiebres altas y una afección de garganta – posiblemente difteria- le llevaron a tumba en pocos días. Tenía 34 años cuando ocurrió el óbito, un 23 de mayo de 1842. En pocas fechas pensaba casarse con una muchacha de la buena sociedad madrileña.

De la obra de Espronceda destacan “El Estudiante de Salamanca” y, sobre todo, la inconclusa “El Diablo Mundo”, muy superior a aquella. Su novela histórica ,”Sancho Saldaña o el castellano de Cuéllar” cayó en un póstumo olvido al igual que su drama histórico “Blanca de Borbón”. Lo mejor de Espronceda ha quedado en sus `poemas sueltos : “Himno al Sol”, “El Canto al Cosaco”, “A Jarifa en una orgía” y cómo no, la inolvidable “Canción del Pirata” que abría este humilde artículo en honor de este romántico de los pies a la cabeza que fue José de Espronceda.

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