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Miguel R. Calderón
Domingo, 11 de junio de 2017

¿Era Cristóbal Colón Judío? (IV)

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Su apellido, originariamente Colombo, lo lima a través de la forma catalana Colom, propia de judíos, hasta quedar en Colón. Además, su madre se llamaba Susanna, y Jacobo el abuelo materno, nombres muy hebreos

Al igual que en la Historia de los Descubrimientos Geográficos, hubo un momento en que la historiografía hizo gala de una exagerada “feniciomanía”, situando a los fenicios en cualquier parte del Mediterráneo, cosa parecida ha sucedido con lo que podemos denominar “judeomanía”. 

 

Después de que un significado historiador español escribiera que los judíos eran tronco y yedra en la Historia de España, no han faltado seguidores que se han afanado por localizar sangre hebrea en Santa Teresa, en San Juan de la Cruz, en Gonzalo Fernández de Oviedo y … en Colón.

 

Realmente el personaje se presta a ello; y diversas son las notas que se apuntan para asignarle una condición judía. Su conocida reserva por lo que se refiere a su pasado no obedece a una intención de ocultar su origen humilde, a pesar de los intentos de su hijo Hernando por enaltecer el linaje del Almirante, diciendo que procedía “de sangre ilustre, aunque sus padres, por mala fortuna, hubiesen venido a grande necesidad y pobreza”. Todo se debía simplemente a su hebraísmo en un momento difícil para esta raza. Colón nunca demostró estar afectado de un nacionalismo genovés; él es un genovés no asimilado, sin arraigo moral ni cordial, o sea, que era más bien un ave de paso, dispuesta a hacer su nido en cualquier parte. Ello sólo se explica admitiendo su filiación judía, afectado de una gran movilidad y dispuesto a ser portugués en Portugal y castellano en Castilla, pero nunca genovés-genovés como eran sus compatriotas.

 

Su apellido, originariamente Colombo, lo lima a través de la forma catalana Colom, propia de judíos, hasta quedar en Colón. Dentro de la misma familia nos encontramos también que su madre se llamaba Susanna, y Jacobo el abuelo materno, nombres muy hebreos.

 

Hablaba Colón denotando su condición de extranjero. Más de un contemporáneo señala esta nota característica de su habla extraña. La explicación se encuentra en que Colón dominaba el castellano del siglo XIV propio de una familia sefardita trasladada desde Mallorca hacia Génova en el siglo XIV. 

 

Muchos son los catalanismos que se apuntan en su prosa y, sin duda, Colón adquirió una formación dentro de un ambiente de cosmógrafos judeo-catalanes, entre los cuales descuella Jehuda Cresques, alias Jaime Ribes desde la persecución a los judíos en 1391. También la escritura denota esa condición de descendiente de sefarditas. Siempre escribirá en castellano a sus hermanos, a sus hijos, al embajador de Génova, etc. Sólo hace una anotación en italiano llena de errores, y varias en latín con fallos propios de un castellano.

 

Una de las facetas más interesante de cualquier persona es su religiosidad. Por lo que a Colón se refiere, Bartolomé de Las Casas hizo constar que “ en las cosas de la religión cristiana, sin duda era católico y de mucha devoción”. Ese sin duda denota cierta inseguridad o temor a que se le discuta tal afirmación. Cierto es que el Almirante dispensó una gran devoción a la Santísima Trinidad, propia de los judíos conversos.

 

Su conocimiento de la Biblia, sus continuas notas bíblicas, sus referencias a Tharsis, a las minas del rey Salomón, a las profecías de Isaías sobre la inmediata llegada del Mesías, despiden un aroma hebreo. Su obsesivo interés por reconstruir la Casa Santa o Templo de Jerusalén es traído a colación por los defensores del hebraísmo colombino. Los especialistas en este tema apuntan que siempre hubo un anhelo por lograr y mantener el acceso a las fundaciones cristianas de Jerusalén. Los franciscanos, en especial, mostraron un continuo celo por los Santos Lugares. En esta dirección hay que situar la preocupación colombina de reconstruir la Casa Santa, sabedor de que los Reyes Católicos eran reyes de Jerusalén y patronos de los Santos Lugares, que es a lo que él se refiere.

 

Judía es también su codicia, su afán por el oro, su idea de enriquecimiento. Le interesa el oro como instrumento de poder y de gloria, aparte de que el preciado metal era imprescindible en la economía monetaria de entonces y todos los Estados lo buscaban.

 

En cuanto a la presencia en su entorno de protectores con origen converso, es lo propio de la época. No estaba Colón en condiciones de elegir a sus amigos y protectores en la Corte cuando desesperadamente buscaba el apoyo a su proyecto. Y en la búsqueda de vestigios no ha habido duda alguna en señalar la presencia entre sus protectores de algún judío converso, cual es el caso de Luís de Santángel cuyo apoyo a la causa colombina fue decisivo o de fray Diego de Deza que vio con simpatías el plan de Colón y siempre, reconoce éste, ”me ha favorecido y deseado mi honra”.

 

Lo mismo que se resalta la extraña firma usada desde 1493 y que fija Colón al instituir el mayorazgo en 1498 con siete letras en forma triangular:

S       A      S 

X       M       Y 

Esta esotérica firma es en sí otro enigma más en la biografía de Colón. Miles han sido las interpretaciones: Sanctus/ Sanctus Ave Sanctus/ Xpoforus, María, Yoannes… O también: Servus / Sum Altissimi, Salvatoris /Xristo, María, Yesus…

 

El “Xpo. Ferens” con el que remata sus escritos es la forma grecolatina de su nombre, Cristóbal a traducir por “el que lleva a Cristo”

 

Con base a lo expuesto se ha concluido diciendo que Colón es un ligur de origen sefardita. El Almirante era un genovés de lengua y cultura castellana por la sencilla razón de que su familia era judeo-española de origen catalán o, tal vez, mallorquín, en cuyo seno se hablaba el castellano-sefardita. Más de una característica vista en Colón y útil para defender su raigambre hebrea puede ser aplicada a otros personajes. La oscuridad que rodea su pasado es la que envuelve también el pasado de Hernán Cortés o de Francisco Pizarro, por ejemplo. Lo cierto es que en la exposición de todas estas tesis, a lo que más llegan a conceder notables colombinistas es que el ilustre genovés pudo haber tenido un lejano origen judío. Cosa, por otro lado, que no estamos en condiciones de afirmar ni de negar con seguridad.

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4 Comentarios
Fecha: Miércoles, 14 de junio de 2017 a las 18:18
Silvio Ageloff
Da grima ver cómo musulmanes y judíos tienen el victimismo a flor de piel. Ven fantasmas por todos lados y enseguida creen que nuestra única preocupación desde que nos levantamos de la cama por la mañana es pensar en qué manera podemos ensañarnos con los pobrecitos islámicos y judíos, y fastidiarlos. ¡Venga, ya! Valiente vida miserable sería la nuestra si esa fuera nuestra única pretensión en nuestras vidas. Han aprendido las palabras mantras de "racistas", "xenófobos", "antisemitas" y demás, que me los imagino leyendo la prensa cada mañana en busca de racistas, antisemitas, islamófobos y similares para montar en cólera y amenazar a diestro y siniestro con el Código Penal por odio al diferente y al Otro. ¡Venga, ya! En este caso, conozco al autor desde hace muchos años y en modo alguno es racista, antisemita, ni siente odio por nadie ni hacia nadie. Ni es "venenoso". Es una excelente persona por la que uno puede poner la mano en el fuego por ella. ¡Venga, ya! ¡Qué cansinos son! Con esta clase de gente no se puede ir ni a coger billetes de 20 euros. El victimismo llega a convertirse en un manía persecutoria que te hace ver fantasmas donde no los hay. ¡Dios, qué cruz!
Fecha: Miércoles, 14 de junio de 2017 a las 00:28
Silvio Ageloff
Esos ESTUPIDOS calificativos –texto antisemita, odio a los judíos, afirmación inhumana y racista– que el llamado Hernán Abramzon dedica al autor del artículo son el santo y seña de un victimismo histórico, y, asimismo, es una vulgar treta utilizada para descalificar y criminalizar a quienes sustentan una opinión contraria a lo que establece el pensamiento correcto. Recuérdese que la corrección política es un invento masónico: "amordazar al adversario afectando respetarle mientras se le exige el máximo respeto". El autor se ha limitado a exponer ciertas ideas sobre los judíos que en aquel tiempo, final de la Edad Media, eran moneda corriente, de modo que no se debe ni puede aplicar el pensamiento correcto actual a aquellos tiempos medievales. En otras palabras, con nuestra mirada políticamente correcta del siglo XXI no podemos analizar hechos históricos medievales. El tal Patricio no valora en su medida la información que aporta el texto, sino que su "victimismo" le hace tener la piel muy fina. El judío ha pasado a las páginas de la Historia con unas connotaciones que, al parecer, se las ha ganado a pulso con su comportamiento, entre ellas la usura y la codicia. Está en los libros.
Fecha: Lunes, 12 de junio de 2017 a las 23:12
Patricio Hernan Abramzon
Qué texto más antisemita. Usted tiene el odio a los judíos metido en la médula. ¿Qué es eso de que su codicia y ambición de oro es una condición judía? Esa afirmación es perversa. ¿Quién se la enseñó? ¿Cómo no le da vergüenza hacer semejante afirmación inhumana y racista? ¿Cómo le suena una afirmación así?: "era cristiano, por lo tanto no era muy inteligente". Suena a prejuicio, ¿verdad? Le recomiendo que revea lo que alberga en su alma, porque suena a veneno. Y que Colón fue o no judío es una anécdota. Judío o no, el oro de América se lo quedó España, que lo usó para comprar productos industriales a Inglaterra... y todo a costa de millones de muertos.
Fecha: Domingo, 11 de junio de 2017 a las 18:31
JUan
No soy historiador, pero los Jafuda Cresques era cartografos MALLORQUINES, NO CATALANES

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