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Redacción
Miércoles, 14 de junio de 2017
Por Luque

¡Ay España! Cuánto te cuesta salir adelante

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Parece ser que el partido de turno en el poder antepone sus propios intereses ante todo lo demás, incluyendo el modelo educativo

Recientemente se ha publicado un estudio sobre la calidad de la gobernanza educativa española realizado mediante un cuestionario estandarizado que han cumplimentado 21 colaboradores escogidos entre ex altos cargos de la administración de, dice el artículo, distintos signos políticos, así como directores de centros de enseñanza y otras autoridades. El estudio ha sido dirigido por el Presidente del Consejo Escolar del Estado y el análisis final lo ha llevado a cabo quien fue Director General de Educación y Cooperación Territorial del Ministerio de Educación, encabezando un comité que ha llegado a la siguiente conclusión: “la gobernanza educativa española es muy deficiente”. Punto. La expresión inmediata que viene a la mente tras esta noticia es: ¡pues claro!
Qué se podía esperar de unos responsables que, habitualmente, ante conclusiones de este tipo no han hecho el más mínimo intento de emprender acciones correctoras. Es habitual promover encuestas, sondeos, estudios, etc sobre la situación de la enseñanza y todo tienen un denominador común: se acaban en si mismos. Una especie de reconocimiento trágico, tanto del mal como de la incapacidad para corregirlo.


Parece ser que el partido de turno en el poder antepone sus propios intereses ante todo lo demás, incluyendo el modelo educativo. Esto que tiene toda la pinta de letanía repetitiva, queda corroborado perfectamente por la incapacidad para alcanzar el tan deseado Pacto de Estado para la Educación y ante la imposibilidad de dar una explicación a dicha incapacidad. Sin embargo, se pretende transmitir la imagen de preocupación por intervenir en el asunto, añadiendo a la dichosa raíz LO (ley orgánica) una cadena de desinencias que dan como resultado LOCE, LODE, LOGSE, LOCE, LOE, LOMCE…que no son más que propuestas clónicas, pero con el marchamo del grupo político que gobierna en el momento. Decididamente los políticos están a otra cosa.


Pero la responsabilidad de la “gobernanza muy deficiente” es inductiva a los siguientes estratos organizativos. El servicio de inspección tiene mal encaje en el sistema ya que sus componentes proceden del profesorado y se deben a la Administración. Este equilibrio les conduce a una especie de autismo que les convierte en burócratas puros. Es difícil ver a un inspector realizando labores constructivas para la enseñanza, ya que se limitan a la recepción de papeles con propuestas y respuestas estereotipadas, huecas, o sea de las bien llamadas corta-y-pega, generadas por algunos elementos del sistema, aunque fundamentalmente por el profesorado, lo cual les merma la dedicación que necesitan para cumplir su verdadera función de enseñar. Una reflexión que puede ser interesante es que en algunos países que se encuentran a la cabeza de los logros educativos no existe la función de inspección.


Otro factor coadyuvante a la muy deficiente gobernanza lo constituyen los equipos directivos que ya no tienen la autoridad que le confería la participación del profesorado en la elección del propio director. Actualmente este cometido lo asume la Administración e incluso se ha convertido en habitual conceder la continuidad en el cargo en periodos sucesivos. Cabría pensar que se dan estos procedimientos debido al rechazo de la autoridad educativa a emprender aventuras al margen de dóciles candidatos que ya han demostrado su buena disposición a acatar cualquier postura de la Administración. Como contrapartida, a menudo se percibe en los equipos directivos comportamientos adaptados a merecer la reelección y dedican buena parte de su cometido en labores de maquillaje, así como a controles abusivos e innecesarios sobre parte del profesorado intentando transmitir una atmosfera de orden y autoridad.


¿Y qué decir del profesorado? Este colectivo meollo de la enseñanza, el más cumplidor, responsable e ilusionado, está sufriendo una lenta pero permanente erosión de sus valores, debido a ese afán latente del entorno que lo envuelve de convertirlos en bultos sospechosos, a los que hay que estar arreando constantemente y al que se le ha hurtado toda autoridad y capacidad de decidir. Las nuevas generaciones de profesores, carente de cualquier referente, vienen sin pretensiones, con la lección aprendida, que es la que se ha ido generando de forma paulatina, casi 3imperceptible, por la deriva errática de la Enseñanza. La enseñanza para ellos y para todos se ha convertido en una obligación incómoda que hay que evitar en la medida de lo posible, de manera que el prestigio de un profesor es inversamente proporcional al número de horas que le toca impartir y a veces se termina orbitando a los equipos directivos, con la esperanza de conseguir alguna pequeña prebenda de reducción horaria, en forma de nombramiento de cargo colaborador con dicho equipo directivo.


Los servicios de orientación desbordan cualquier intento de comprensión. En toda la comunidad educativa hay un desconcierto a la hora de comprender su cometido. Seguramente habría que hacer un esfuerzo para establecer y acotar, de una forma real, su cometido, a continuación hacérselo saber a ellos mismos y por último, exigirles su cumplimiento sin ambigüedades. Ellos también están desorientados.


No cabe duda del protagonismo de estudiantes y padres, pero es un protagonismo pasivo, ya que ellos son los receptores de un producto en el que no han intervenido en absoluto. No nos podemos engañar con grandilocuencias de asociaciones de padres y madres, porque son, solamente, artificios y humo. Sería un ejercicio peligroso realizar un sondeo estadístico en el que se propusiese a los padres manifestar su prioridad en la disyuntiva entre la formación o la promoción de sus hijos, porque es de temer que el resultado indicaría que se podría haber conducido a la sociedad, otra vez más, por un derrotero equivocado.


Si el pilar fundamental de la prosperidad de una sociedad es la Educación, nos encontramos en una grave y profunda crisis. ¡Ay España! cuanto te cuesta salir adelante.


Así están las cosas, pero no debe cundir el desaliento. Sí hay lugar para el optimismo porque todo toca fondo y porque el género humano y en particular los españoles siempre ha demostrado su sabiduría adaptándose a las situaciones más extrema. Actualmente y a pesar de nuestras políticas educativas, aparecen jóvenes que tanto dentro como fuera de nuestras fronteras sorprenden con sus logros alcanzados por méritos propios. Con toda seguridad ya han nacido y están entre nosotros los responsables de reconducir la situación hacia la cordura y la lógica, el problema vendrá cuando nos pregunten que qué estábamos haciendo con la Enseñanza, porque, como nos pasa ahora, no vamos a tener contestación.

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