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EL PUEBLO
Sábado, 19 de agosto de 2017

La unidad no puede ser un compromiso efímero

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Unidad. Esta ha sido una de las palabras que más se han repetido desde que se perpetró el horror en Las Ramblas de Barcelona y posteriormente en Cambrils. Desde todos los sectores de la sociedad y desde todas las facciones políticas se ha hablado de hacer frente a la lacra del terrorismo yihadista desde la unidad. Y es que, no se podría hacer de otra manera. Sólo desde la unidad se puede dotar al Estado de derecho de los instrumentos necesarios para combatir lo que está amenazando directamente sus cimientos. Desde el Daesh pretenden coartar una libertad que no tiene precio y que los ciudadanos están dispuestos a defender a toda costa. También tienen que hacerlo los dirigentes políticos. Y para eso, también se apuntó ayer, hay que pasar a la acción. Las palabras quedan bien sobre el papel: negro sobre blanco fijado para la posteridad. No obstante, la posteridad no asegura la gloria y las promesas imcumplidas acaban en fiasco. La gloria (reputación, fama y honor extraordinarios que resultan de las buenas acciones y grandes cualidades de una persona) sólo está asegurada para quienes no dudan en dar un paso al frente para garantizar un futuro mejor a los suyos. Y esto es lo que, a fin de cuentas, reclama una sociedad que acaba de ser golpeada con el mazo del terrorismo. La unidad es fundamental para alcanzar el objetivo de acabar con una amenaza que no entiende tampoco de colores, sexos, ni religiones. El yihadismo es una amenaza global y todos los pueblos están expuestos a ser golpeados por ella. Pero ante esta amenaza sólo cabe contundencia, unidad, y una defensa sin fisuras del Estado de derecho, así como de la libertad. No obstante, estas palabras que ayer se repitieron hasta la saciedad han de ponerse en práctica si no queremos ver que nada cambia. La unidad no puede ser un compromiso efímero.

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