Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies
Antonio García-Berbel (*)
Sábado, 2 de septiembre de 2017

La dimisión del vicario de Ceuta

Guardar en Mis Noticias.

Me parece que las cosas se han sacado de quicio en el caso de la visita de la divinidad hindú a la Catedral de Ceuta. No pretendo posicionarme a favor o en contra de que se permitan la entrada en los templos católicos de ídolos de otras religiones, dejando que entre el lobo en el rebaño y disperse las ovejas. Lo que me gustaría es entender porqué es algo malo lo que ha hecho el Vicario, y dónde está la razón de su maldad. Llama poderosamente la atención el comunicado que colgó el Obispado en su web a propósito de lo ocurrido, que lo define como “un hecho lamentable”, a consecuencia del cual hay “heridos”, “escandalizados” y “confundidos en su fe”, y señala al responsable: su Vicario episcopal y párroco, a quien el Obispo ha “amonestado”, y perdido sus oficios. ¿Por qué es un “hecho lamentable” lo que ha ocurrido? ¿Qué debemos lamentar: lo que ha hecho el Vicario, o lo que han hecho los hindúes, o ambas cosas a la vez? Esto es precisamente lo que no explica el Obispado, y por este motivo, el comunicado del Obispado me parece “lamentable”, puesto que el Obispo parece olvidar un principio fundamental de nuestro sistema de convivencia, válido para el ámbito administrativo y el penal, que reza así: nullum crimen, nulla poena sine praevia lege, que significa que ninguna conducta se puede condenar, ni imponer una pena, si no hay una norma que lo justifique. Ese comunicado ni razona, ni fundamenta en norma alguna (sea moral, magisterial, o jurídica) en qué consiste el error del señor Vicario dimitido, y por este motivo me parece un auténtico disparate jurídico su contenido. En la época en que vivimos, hay que razonarlo todo, incluso lo evidente. Veamos el contenido de este “lamentable comunicado”:


Primer párrafo: “La aceptación en el interior del Santuario de la Patrona de Ceuta de miembros de la comunidad hindú portando imágenes de una de las divinidades por ellos venerada ha estado mal y es un hecho reprobable, que no se debió consentir”.


¿Por qué es un hecho “reprobable”? ¿Por qué no se debió consentir? Alguna razón, fundamento, explicación, documento, norma legal, etc…, que justifique la “maldad” del hecho y la obligación de reprobarlo debe haber. El Obispado calla, no explica, no razona, no justifica. Comenzamos mal.


Segundo párrafo: “El Sr. Obispo desea expresar su profundo dolor por este hecho lamentable que ha podido causar daño, confusión o escándalo en la comunidad cristiana y, como representante de la Iglesia en Cádiz y Ceuta, pide perdón a todos los que por esta actuación han sido heridos, escandalizados o confundidos en su fe”.


Estas líneas, en las que el protagonista es “el Sr. Obispo”, contienen una mezcla de manifestaciones de su propia emotividad y sentimientos (“profundo dolor”, “confusión”) y de acusaciones (“daño”, “hecho lamentable”, “escándalo”, “heridos” “confundidos”)  nuevamente sin fundamentar ni teológica ni canónicamente, y criminalizando directamente al responsable de “esta actuación”: el Vicario-párroco. 


Sin embargo, dos párrafos más adelante, el Obispo dice que la intención del Párroco era “la de acoger la muestra de respeto que la comunidad hindú quería hacer a la comunidad cristiana y a la Patrona de Ceuta”. Entonces, Sr. Obispo, ¿en qué quedamos? Vd., a su Vicario, por un lado lo acusa, pero cinco líneas más abajo justifica su conducta, algo realmente incomprensible en un sistema jurídico como el nuestro en el que hace tiempo que se despenalizó la imprudencia leve, y más incomprensible aún teniendo en cuenta que en el ordenamiento canónico cuando no hay dolo no hay delito. ¿Qué, o a quién, está realmente reprobando y castigando el Obispo?


Tercer párrafo. “En ningún caso se reprueba el amor de los miembros de la comunidad hindú a sus creencias, agradecemos sus muestras de respeto y reiteramos nuestra satisfacción por la cordial relación con ellos y las demás confesiones religiosas de Ceuta, lo que nos obliga a ser cada vez más fieles a nuestra tradición cristiana”.


Esto sí que es de imposible comprensión. Cuando Moisés destrozó las tablas de la Ley fue porque encontró al pueblo de Israel adorando un becerro de oro. El comunicado del Obispado, con un extraño juego de palabras, justifica una condena al Vicario tratando de quedar bien con los causantes de la misma. Si “no se reprueba el amor de los miembros de la comunidad hindú a sus creencias”, entonces ¿cuál es la causa del “hecho lamentable” cometido por el Vicario? Incomprensible. Según el primer párrafo del comunicado, la presunta maldad del Vicario está intrínsecamente ligada a la permisión de las prácticas religiosas hindúes en un templo católico, ¿o es otro el fundamento real del “hecho lamentable” y del castigo al Vicario?


¿Cuál es el realmente el “hecho reprobable”? ¿El “hecho físico” de permitir la entrada material de unos “herejes”, como son los hindúes, en una propiedad privada católica? o ¿el “hecho espiritual” de acoger a esos “herejes”? ¿Qué ha “estado mal” en la conducta del Vicario: permitir una violación del derecho de admisión en los templos católicos, omitiendo su obligación de echar o impedir el acceso a los “herejes”, o permitir que los “herejes” se acerquen, poniendo en peligro doctrinas, dogmas y costumbres católicas? El Vicario dimitido, y Ceuta, merecen una aclaración de POR QUÉ fue un error su conducta.


El Obispado ACUSA al Vicario, criminaliza unos hechos, los reprueba, no justifica la razón de su maldad, a la vez que dice que no hubo tal maldad, pero sin embargo lo AMONESTA, es DIMITIDO, y se hace partícipe a la sociedad civil de esa decisión episcopal a través de un comunicado en el que no hay un razonamiento lógico y congruente que explique el error, la reprobación y el castigo.


Cuando los argumentos que los gobernantes utilizan para tomar decisiones se apoyan en “Las cosas están mal porque están mal”, “esto es así porque sí”, o “esto está mal porque lo digo yo”, quizás se puede convencer a los ya convencidos, a los pusilánimes, pero no valen para convencer a personas medianamente inteligentes.


En esta vida hay que ser más “razonable”, y “razonar” las decisiones, porque las que se toman sin ser “razonadas” fácilmente son arbitrarias. El integrismo y la tiranía son de los peores vicios en los que puede caer un gobernante. En las sociedades mínimamente civilizadas cualquier decisión, cualquier sanción, (hasta las multas de tráfico) se motivan, y son nulas de pleno derecho si no se apela a algún precepto para imponerla.


Cuarto párrafo. “El Sr. Vicario de Ceuta y Párroco del Santuario, debidamente amonestado por permitir estas acciones, ha lamentado los hechos. Reconoce que ha sido un error permitir la entrada de estas imágenes y que no ha pretendido en ningún momento venerar nada fuera nuestro Dios único y verdadero, pues su intención era tan solo la de acoger la muestra de respeto que la comunidad hindú quería hacer a la comunidad cristiana y a la Patrona de Ceuta, efectuando una ofrenda floral en el exterior del templo, y no la de celebrar ningún tipo de acto religioso conjunto”.


Las amonestaciones, por su propia naturaleza jurídica, y por un natural respeto al derecho a la buena fama del amonestado, se hacen de forma secreta. Hay dos tipo de amonestaciones canónicas. Unas se llaman “paternales” (la llamada de atención del Obispo). Otras se llaman “legales” (las que se incorporan a las “actas” de algún procedimiento canónico). No sabemos qué tipo de amonestación es la que ha recibido el Vicario. En cualquier caso, por el deber que tiene el Obispo de guardar secreto de oficio y de proteger la buena fama de sus colaboradores, este párrafo tiene un alto contenido difamatorio y humillante para el Vicario. Nadie tiene derecho a saber que el Sr. Obispo ha instruido un procedimiento canónico (aunque haya sido meramente administrativo y oral) al Vicario, o que éste ha reconocido los cargos o acusaciones contra él, y que su “expediente” ya está manchado y se le ha impuesto una de las denominadas “sanciones negativas” como es la de retirarlo del cargo que ejercía.


Quinto párrafo. “El Sr. Vicario ha reconocido su error, lamenta el daño que haya podido causar a los fieles y acepta su total responsabilidad, presentando su dimisión, que ha sido aceptada”.


Estas letras son ya el culmen del despropósito del comunicado; rezuman ensañamiento hacia el Vicario, con una concentración de elementos negativos (“error”, “daño”, “responsabilidad”, “dimisión”) difícil de superar, y que lo presentan como un delincuente, por eso, y a fin de cuentas, lo más escandaloso de todo este asunto es el comunicado del Obispado. Una vez más, han fallado también las formas.


* Doctor en Derecho y Socio del despacho Berbel-Abogados

Acceda para comentar como usuario Acceda para comentar como usuario
¡Deje su comentario!
Normas de Participación
Esta es la opinión de los lectores, no la nuestra.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
El Pueblo de Ceuta • Términos de usoPolítica de PrivacidadMapa del sitio
© 2018 • Todos los derechos reservados