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El Pueblo
Lunes, 11 de diciembre de 2017

Hay que celebrar la Navidad sin complejos

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Las tradiciones de cualquier ciudad deben ser preservadas, cuidadas y fomentadas, y la administración es garante de que esto ocurra. No hacerlo sería abandonar un patrimonio inmaterial sin el que cada autonomía, ciudad o pueblo perdería su identidad. Por eso, se debe acabar con los complejos de invertir en perpetuar tradiciones que hacen que una ciudad tenga identidad propia y que sus habitantes puedan tener las raíces que todo árbol necesita para crecer. La Navidad es un buen ejemplo de ello. Cada vez que llegan estas fechas, cualquier inversión en fiestas navideñas suele ser motivo de crítica por parte de partidos políticos e incluso de asociaciones. Y eso no se puede tolerar. Evidentemente, hay necesidades acuciantes en todo el país y familias cuyas necesidades son tan básicas que requieren de todo tipo de ayudas para salir adelante. A este colectivo hay que ayudarlo, pero no sólo en Navidad, sino durante todo el año y para eso las administraciones públicas cuentan con mecanismos para ofrecer toda una red de recursos que permiten que quienes menos tienen puedan ser socorridos. Sin embargo, eso no resta para celebrar una fiesta que está dirigida a los más pequeños. Y la ilusión de los que empiezan a vivir, que anhelan durante todo el año que llegue la Navidad, no se puede utilizar como argumento arrojadizo en política. Y es que, hay que diferenciar muy bien entre cómo atender las necesidades y la necesidad de ofrecerles a los niños una oferta de ocio para estas fechas, sacarlos a la calle a ver los Reyes Magos y que disfruten de una fiesta a la que tienen derecho. Otra cosa rentabilizar el gasto y este año se ha hecho, por ejemplo, con los caramelos, porque no hay que olvidar que el contrato del año pasado salía por el mismo precio aunque exigiendo una menor cantidad de caramelos. No obstante, a veces la crítica fácil, como arrojar un caramelo, empaña cuestiones que no deberían estar en entredicho.

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