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SAMUEL DUEÑAS
Lunes, 16 de abril de 2018
SOCIEDAD

La aseguradoras “empujan” hacia la sanidad pública a los pacientes con mayor gasto

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Pacientes de oncología en Ceuta denuncian el trato recibido por los seguros sanitarios y señalan que “es muy triste que pasemos a ser una carga cuando caemos enfermos”

En España el sistema sanitario está distribuido en pacientes que tienen Seguridad Social y por otro lado, en relación a los funcionarios existen unas mutualidades como ISFAS para los guardias civiles y militares o MUFACE para los profesores y Policía Nacional, etc. Así, estos pacientes funcionarios pueden elegir la Sanidad por varias vías; ser cubiertos por la Seguridad Social, o por el contrario y en el caso de que no deseen la Seguridad Social, pueden elegir que sean atendidos por la sanidad privada con Adeslas, Asisa o, en el caso de MUFACE, DKV. Así, cuando un paciente elige una de estas aseguradoras, éstas deben prestarle todos los servicios que están en el concierto sanitario. 

 


En este sentido, estos pacientes eligen a principio de cada año si quieren ser tratados por la Seguridad Social o con aseguradoras privadas y en la mayoría de los casos prefieren tener medicina privada. Así, las aseguradoras deben darle cobertura a todas sus necesidades médicas, incluida la oncología, que cuenta con un alto índice en Ceuta. Hay tener en cuenta que aunque los pacientes no vayan al médico, el Estado les paga a las aseguradoras una prima al año de más de 1.000 euros por persona, por lo que a los seguros les interesa que sus “clientes” no consuman recursos, pues reciben una cuantía económica importante anualmente. El problema llega cuando los pacientes enferman o necesitan algún tipo de tratamiento de alta cuantía, porque entonces a las aseguradoras ya no les interesa porque deja de ser retable, lo que ha generado un malestar importante en muchas personas de Ceuta que han necesitado medicación por enfermedad. Consideran que mientras han estado sanos no han tenido problemas, pero cuando enferman se sienten “ninguneados y maltratados” por estas compañías, que empiezan a poner trabas para que cuando tengan que elegir en enero, se decidan por la Seguridad Social y de esta manera ahorrarse el alto coste de sus tratamientos. 

 


Ceuta cuenta con un nivel asistencial 3, por lo que el tratamiento de Oncología entra dentro de los gastos que debe cubrir la aseguradora. Por ello, a los pacientes oncológicos tienen que asegurarles el tratamiento en Ceuta, lo que ocurre es que a diferencia del resto de la península, ni Adeslas ni Asisa tienen hospitales en Ceuta para prestar el servicio de oncología. En este sentido, para evitar el desplazamiento de los pacientes el Ingesa suministraba la medicación que, posteriormente, facturaba a la aseguradora.  No obstante, desde hace dos años existe en Ceuta una clínica privada en la que los pacientes pueden recibir el tratamiento. Por ello, aquellos que antes eran atendidos por el Ingesa, ahora se han derivado a la privada. Sin embargo, pese a ello, desde las aseguradoras obligan a que sean trasladados a la península; situación que no entienden las personas afectadas, pues además deben costearse ellos el viaje y el alto precio del tratamiento para, seguidamente, proceder a presentar las facturas en sus aseguradoras, que no cesan en poner “pegas” para proceder al pago del tratamiento.

 


Así lo han confirmado cuatro pacientes afectados, que se las han “visto y deseado” para que las aseguradoras les abonasen el dinero de un tratamiento que, tal y como aseguran “no debemos adelantar nosotros, pues para eso llevamos años pagando sin estar enfermos”.

 


La situación es compleja, ya que los pacientes que enferman y necesitan tratamiento lo que desean es “aceptar cuanto antes la enfermedad” sin necesidad de ser “ninguneados, engañados e invitados para que abandonemos la aseguradora porque comenzamos a ser un cliente que no interesamos ya que suponemos un gasto importante”, pues hay que tener en cuenta que los tratamientos son de miles de euros”. Así, estos pacientes lamentan que “la sanidad se haya convertido en una máquina de ganar dinero y que prime más lo económico que la salud de las personas que sufrimos algún tipo de enfermedad”. 

 

“Es muy triste ver el cambio de actitud en las aseguradoras cuando pasas de ser un paciente que no supone coste alguno, a cuando empiezas eres atacado por una enfermedad y necesitas una medicación que, en todo caso, debe cubrir la aseguradora”, señalan.

 

Rocío Pérez, Funcionaria del Ministerio de Educación

 

Rocío Pérez es funcionaria del Ministerio de Educación y lo único que pretende con su testimonio es “ayudar a las personas que se encuentren en la misma situación que yo”. Hace unos años le detectaron un cáncer de ovarios y en enero de 2017 le realizaron una  operación. “Fui a la Seguridad Social y me derivaron a un cirujano del Hospital Quirón de Marbella y después los cuatro primeros cíclos de quimioterapia me los dí en la Seguridad Social en Ceuta. En el mes de junio, al operarme me dí los dos últimos ciclos de quimioterapia y seguidamente tenía que comenzar con unas vacunas, pero me informaron que el Hospital Universitario ya no se iba a hacer cargo de los pacientes oncológicos. Ante esta situación fui a la compañía y me dijeron que no me podía poner el tratamiento porque no atendía a los pacientes de Asisa, por lo que me eché las manos a la cabeza porque yo tenía que continuar con las vacunas. Me dijeron que me tenía que ir a Jerez de la Frontera y yo me negué rotundamente. No me dieron respuestas y yo acudí a una clínica privada de Ceuta que desde hace dos años estaba realizando el tratamiento oncológico. Sin embargo, la compañía no me aseguraba que me fuera a pagar el tratamiento, poniéndome muchísimas trabas. Yo quería ponerme el tratamiento en Ceuta, pero ellos insistían en que me tenía que ir a la península o a la seguridad social”. En este sentido, Rocío Pérez asegura que “la gravedad de todo esto es que a los pacientes que nos toca vivir situaciones de este tipo y en un camino lleno de piedras, cuando llega la hora de la verdad y te hace falta un servicio médico que estás pagando, la aseguradora te invita a irte a la seguridad social porque somos pacientes costosos”.

 

Rafael Martínez, militar

 

Rafael Jiménez es militar y en el año 2016 le salió un bulto en el cuello, por lo que fue sometido a una serie de pruebas en la que se le detectó que tenía un limfoma falicular. “Los oncólogos me dijeron que tenía que ponerme seis ciclos de quimioterapia y Asisa me dijo que me la tenía que poner en el Hospital Civil o irme a Málaga, algo que no me pareció normal. Así, yo me puse en contacto con la clínica privada de oncología en Ceuta y pedí un presupuesto para presentárselo a la compañía de seguro de Asisa, pero mi sorpresa fue que me denegaron la solicitud que hice y me dijeron que eso no me correspondía, que me tenía que ir sí o sí al Hospital Civil o a Málaga, por lo que insistí en que no. Sin embargo, el IFAS me dijo que sí me pertenecía ponérmelo en Ceuta y que Asisa tenía que cubrirme los gastos médicos, pues el presupuesto total del tratamiento ascendía a cerca de 25.000 euros”. En este sentido, Jiménez asegura que tuvo que llevar el caso a la Justicia a través de un abogado, pero desde la aseguradora insistían en que no tenían que cubrirme el tratamiento, aunque finalmente se demostró que me correspondía y al final Asisa me está pagando el tratamiento, pero debo poner yo el dinero por adelantado y presentarle las facturas”. Por ello, este paciente señala que “no se puede consentir que estas cosas sucedan y que seamos máquinas de hacer dinero para las aseguradoras, entre otras cosas, porque no todo el mundo puede adelantar el dinero de un tratamiento que es muy costoso”. Así, asegura que “se están vulnerando los derechos de las personas y es algo que debe saber todo el mundo, porque al igual que me ha ocurrido a mí esta situación, le puede ocurrir a otras personas, por lo que pido que se abra una investigación”.

 

“No es justo que jueguen con las personas enfermas de esta manera”
 

El siguiente caso se trata de una mujer con 81 años que sufre una enfermedad rara en la piel, por lo que necesita un tratamiento de una cuantía económica que no está al alcance de todos. Por este motivo, su familia lamenta que desde Adeslas le “hayan toreado”, pues consideran que “si no tuviera familia y tuviese que gestionar todos los trámites que nos están pidiendo al fin y al cabo porque es una paciente muy costosa y no les interesa, mi madre estaría más que enterrada. No es justo que jueguen con las personas enfermas de esta manera”, señalan. Así, explican que “mi madre lleva toda la vida cotizando y en el momento que necesita ayuda se está encontrando con un cúmulo de problemas que nos está poniendo la aseguradora y que tiene como principal motivo el dinero”. En esta línea lamenta que “la sanidad se haya convertido en una máquina de hacer dinero y prime más lo económico que la salud de las personas”. Por otra parte, esta familia manifiesta que “lo que no se puede permitir es que tengamos que estar de contables y viendo si nos ingresan o no el dinero, porque para eso mi madre ha estado pagando la aseguradora tantos años, para que cuando ocurriese una cosa de este tipo pudiese estar cubierta y fuese ayudada, no que nos han tomado el pelo y a la hora de la verdad todo son problemas porque lo que quieren es contar con pacientes que no les supongan gastos importantes y, en el caso de mi madre, el tratamiento es muy costoso, por lo que sencillamente, no les interesa. Es triste, pero es la realidad de las aseguradoras sanitarias privadas”, concluyen.

 

“Las personas enfermas no nos merecemos este trato”

 

Otro paciente expone que “tengo una enfermedad crónica y cuando hace unos meses volví a retomar el tratamiento el Ingesa no cogía a pacientes de las aseguradoras y me dijeron que era la compañía la que tenía que hacerse cargo del tratamiento, por lo que fui a Asisa para presentar el informe de un tratamiento que debía ser urgente porque estaba bastante mal y había que hacerlo en un hospital de día, pues se trata de un tratamiento biológico que no se puede poner en otro sitio, pues debe estar supervisado por un médico y con una máquina especial. Así, presenté los informes médicos en Asisa y me dijeron que no había ningún problema, pero que ellos me pedían el medicamento a Jerez de la Frontera y me lo traerían por mensajería, a lo que me negué de manera rotunda, ya que es un tratamiento que debe llevar una cadena de frío. Al final me dijeron que lo pusiera, pero cuando vieron que era un tratamiento continuado y de por vida, me empezaron a enviar cartas diciéndome que me denegaban las facturas y que para cobrarlas, debía ir al Hospital para pedir un documento en el que indicasen que no me iban a poner el tratamiento”.

 

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