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EL PUEBLO
Miércoles, 23 de mayo de 2018

Un latigazo de indiferencia

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Los agentes sociales y los partidos políticos en la oposición fueron castigados este martes con latigazos de indiferencia a diestra y siniestra, mostrándose incapaces de encontrar ninguna pócima contra ella. Porque esa –la indiferencia– es la respuesta que los ceutíes ofrecieron este martes a la movilización convocada por una frontera “segura y fluida”. Quizás la culpa de esa radical indiferencia provenga de cierta clase política que ha quemado ya un buen número de palabras. Hay palabras, cada vez más, que a fuerza de haber abusado de ellas, de sobarlas y manosearlas hasta la náusea, han perdido su significado, su capacidad de mensaje, su genuino  sentido, alcance y evocación. 


Congregar a menos manifestantes que en el último llamamiento realizado hace unos meses, donde más de mil personas acudieron para protestar por la situación que se vive con la frontera, podría catalogarse como un verdadero fiasco, máxime cuando en esta última convocatoria muchas entidades,  asociaciones, sindicatos y partidos políticos se posicionaron en favor de la concentración con el fin de exigir a las administraciones competentes soluciones para la frontera. La realidad es que, pese al catastrófico futuro que se augura y ante las crónicas negras que algunos quieren vender para encender los ánimos de una tremenda marea humana que sacara los colores al Gobierno de la Ciudad y a la Delegación del Gobierno, tan sólo unas 700 personas secundaron esta protesta, no haciéndose por tanto visible la dimensión del problema de la frontera ni la sensación de preocupación y desasosiego ante el trabajo que se viene realizando para mejorar una situación que, todo el mundo reconoce, no es la mejor.


No obstante, una vez dicho esto y aunque la concentración no haya tenido el respaldo esperado, el Gobierno de Vivas no debería cometer el error de despreciar las reivindicaciones de los ceutíes que ayer se manifestaron. Unas reivindicaciones justas y necesarias porque la frontera pide a gritos medidas urgentes y contundentes, y sobre todo que se haga realidad lo prometido, porque lo prometido, también en política, es deuda.

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