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EL PUEBLO
Lunes, 25 de junio de 2018

Hay que honrar la palabra

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Que algunos políticos mienten ya lo sabíamos. Lo que no esperábamos es que la nueva delegada del Gobierno elegida por el presidente Pedro Sánchez estuviera entre ellos. Nos ha soprendido que las palabras y los actos de Salvadora Mateos, ‘Ory’, hayan tomado caminos tan diferentes, haciéndola quedar como una mentirosa en un tiempo récord. Ella sabe a que nos referimos. En este sentido, es corriente decir que la mentira es inherente a la política, pero no es cierto. Podrá decirse que es frecuente, o nada inusual, pero no se puede ni debe decir que es connatural a la política. Porque la democracia depende de la veracidad.

 


La señora Mateos, que hoy tomará posesión de su cargo, parece no saber que ahora es una representante institucional, es decir, representante de todos los ciudadanos, y que nuestros lectores merecen un respeto. Además, debería saber que no importa que lo que prometa sea algo trivial o algo muy importante, el compromiso de decir que hará algo, debería ser suficiente para que se haga cargo de ello. Si no va cumplir su palabra, mejor calle señora delegada. Los efectos de decir una cosa y hacer otra, son graves y perjudiciales, por cuanto contribuyen al deterioro de la credibilidad y de confianza

 


Todos hemos escuchado a los abuelos hablar sobre aquellos lejanos tiempos en los que una promesa era poco menos que un compromiso de vida o muerte. Hay que honrar la promesa, es como dar nuestra palabra, algo que la señora Mateos obvia, demostrando que su palabra se la lleva el viento o queda en papel mojado. Es lo que ocurre cuando te comprometes a algo para salir del paso o dar largas a alguien.

 


Por ello, sería bueno que alguien le dijera a la señora Mateos que es mejor que no se comprometa a nada que no vaya a cumplir, porque cuando se es consciente de que su compromiso es solo un espejismo, lo único que demuestra es que no merece la pena. 

 


Los cargos políticos son circunstanciales. Por el contrario, nuestra palabra y nuestros actos nos acaban definiendo como personas a largo plazo. Eso es lo que realmente importa. En este sentido, la señora Mateos ha desaprovechado su primera ocasión para demostrar que es de confianza, tanto como para que su palabra sea suficientemente válida y una garantía de verdad. 

 


Señora Mateos, si no está dispuesta a cumplir su palabra, lo mejor es que no se comprometa a ello. Y da igual a quien se la dé. Piénselo la próxima vez que esté tentada…  La confianza se gana con esfuerzo y se quiebra en un instante.

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