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José Luis Navazo
Miércoles, 25 de julio de 2018

Carta abierta a Mustáfa Ramid, ministro marroquí de Derechos Humanos y Libertades

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Señor ministro; mí estimado amigo Ramid. Sé que una carta abierta parece algo inusual, pero dadas la confianza entre ambos y las circunstancias concurrentes, estimo que es la forma más directa de comunicarme contigo sin importunarte más de lo necesario. De hecho y hasta el momento, solo he hecho algunas gestiones en medios diplomáticos de tu país y en algún modo también mío: han sido muchos años compartidos y además como bien sabes mis dos amados hijos, mestizos, llevan también en sus venas sangre marroquí, además de la española de Asturias, de su padre.

 

 

Nos conocemos hace ya muchos años, exactamente desde otoño de 2005 tras aquél viaje del Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD) a España; nos hemos saludado y cambiado opiniones en congresos y otros encuentros, incluso hablamos a calzón quitado, de lo divino y lo humano, tras entrevistarte una vez en tu despacho de abogado de Casablanca, cuando tu partido aun estaba en la oposición.

 

Sé que estás al tanto de mi peculiar y sorprendente expulsión de Marruecos en el atardecer del 25 de julio, hace ahora un año. Discreta y muy correctamente, siempre lo he dicho, tras para mi sorpresa recogerme cuatro amables policías en mi domicilio familiar de Tetuán, llevarme a la comisaría y posteriormente ser trasladado sin más explicaciones y estrictamente con lo puesto, junto con el también periodista Fernando Sanz, hasta el paso fronterizo de El Tarajal y expulsado a España, vía Ceuta. Sigo sin saber los por qués de una medida tan draconiana, pues siempre he actuado de forma muy abierta y estoy en condiciones de asegurar que no hay pruebas (ni las habrá) de que haya vulnerado para nada la legislación marroquí. ¡Ay, algún ministro compañero tuyo, interpelado al efecto, mintió descaradamente! Que lo sepas, tengo pruebas concretas. Oficiosamente, algunas autoridades marroquíes me han confiado que la expulsión obedecía a motivos de “seguridad nacional” (¡Mon Dieu, Mustáfa!) y a mi presunta implicación, no ya en escribir puntualmente y con profusión de detalles, desde el primer momento, sobre la durísima situación que sufría y sufre mi querido Rif, si no en formar parte de la “conspiración” del Hirak rifeño, siendo “responsable” de su “oficina de prensa” en el exterior dada también mi amistad, de la que nunca renegaré, con Med El Asrihi (nos conocemos desde febrero de 2011), periodista del Hirak y uno de los centenares de presos políticos rifeños injustamente encarcelados en Oukacha. Absurdo, como sabes. O el intento en las redes sociales de manipular una fotografía junto a Nasser Zafzafi, presentándome ni más ni menos que como ¡coronel y responsable de los servicios secretos argelinos en Europa! Delirante; otras fuentes me han confiado que, en cierta medida, se me quiso hacer un favor, pues tras los últimos acosos recibidos había cierta inquietud de que elementos incontrolados, travestidos de matones “baltajíes”, pudieran atentar contra mi integridad física, lo que sería muy desagradable y enojoso para la imagen del país; también me han transmitido que era una forma de mandar un mensaje prístino, un “aviso” en toda regla, al resto de la comunidad periodística extranjera, afincada o en tránsito por el Reino, o intentar salpicar con mi caso la imagen de nuestro querido amigo Saadeddine El Othmani, jefe del Gobierno y con el que, como bien sabes, mantengo cierta empatía y sobre todo una sincera y gran amistad desde hace ya 13 largos años. Voilà!

 

Sin duda una buena cornada, tanto en lo personal como en lo profesional pues logró hacer una vía de agua, aunque no hundir, a mi pequeño medio digital, Correo Diplomático. Está siendo duro, pero no ha sido un jaque mate. Marruecos es un país libre y soberano que, bien sabes, respeto profundamente. Otra cosa es el oscuro entramado “majzení”, qué voy a decirte que no conozcas; o la actuación si n complejos de sus servicios especiales, y tanto. Vale pues: no puedo informar ni escribir desde Marruecos. Ok, uaja, comprendido. Pas de problème!

 

Pero otra cosa, mi querido Mustafa, señor ministro, es la familia. Y con esos sentimientos no se juega. Mis dos hijos, de 8 y casi 10 años, residen en la Blanca Paloma de la Yebala, estudian en el colegio español Jacinto Benavente y están inscritos como residentes en el Consulado General de España, en Tetuán. Su madre, funcionaria marroquí como estás al tanto, es docente en un instituto (liceo) de esa ciudad. Los veo cada quince días, vía Ceuta, o más. Depende. Por motivos de trabajo y distancia, hace ahora más de 1 mes que no estamos juntos. Señor ministro, querido amigo. Solo pido poder entrar a Marruecos para estar con mi familia. Dime Mustáfa, sinceramente: ¿qué motivos puede haber para que Marruecos impida a un padre, solamente, entrar a  a visitar y estar con sus hijos?; ¿con qué derecho puede Marruecos separar a un padre de sus retoños, de su familia? Francamente no es de recibo, más aún: ¡me parece un derecho humano fundamental! Y en tu calidad de ministro de Derechos Humanos y Libertades, mucho te agradecería tomaras nota de esta petición, muy humana, y actuaras en consecuencia dentro de tus posibilidades. ¿Qué más puedo hacer? ¿Manifestarme delante de cada uno de los numerosos consulados marroquíes presentes en  España con una pancarta? Sé, estimado ministro, que harás lo posible por solucionar este problema humano, que para mis pequeños se está convirtiendo en un drama; no comprenden rien de rien, ¿acaso su padre será un “delincuente”?  Créeme, tanto mis hijos como yo te lo agradeceríamos profundamente.

 

Recuerdos al jefe de Gobierno, mi amigo El Othmani, y a otros altos responsables del PJD con los que he compartido mesa, té, cus cús y muy buenos momentos.

 

Cordial y afectuoso abrazo desde mi entrañable tierrina, el Principado de Asturias.

 

Muy atentamente,

JL Navazo

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