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E.P.
Miércoles, 3 de octubre de 2018
Daesh

Varios ceutíes entre los detenidos del ‘Frente Cárceles’ yihadista que captaba a radicales en prisión

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Un total de once españoles, dos de ellos conversos al islam, J. M. G. LL. y J. F. J., y el resto mayoritariamente nacidos en Ceuta, formaban parte del «Frente de Cárceles» yihadista que ha sido desmantelado por la Guardia Civil con el apoyo de Instituciones Penitenciarias.

Tres de ellos formaban parte de la primera célula española de Estado Islámico (EI), radicada en Ceuta, cuyos once integrantes fueron condenados a penas de diez a doce años de cárcel por la Audiencia Nacional en 2015 por reclutar combatientes para enviarlos a Siria. 

 

Otro de los investigados, según publica el diario La Razón, es Karim Abdeselam Mohamed, «Marquitos», nacido en Ceuta y condenado a doce años de cárcel como dirigente de la primera célula del Daesh en suelo español. Karim Abdeselam, preso en Mallorca, fue noticia en julio del pasado año por enviar una cucaracha por carta al juez central de Vigilancia Penitenciaria de la Audiencia Nacional para denunciar la abundancia de insectos en su celda.

 

En la «operación Escribano» han sido revisadas las celdas de presos yhihadistas de las cárceles de Albolote (Granada); Córdoba; Villabona (Asturias); Las Palmas II; Teixeiro (La Coruña), Estremera y Soto del Real (Madrid), Villena (Alicante), Algeciras y el Puerto de Santamaría III (Cádiz); Ocaña I (Toledo); Zuera (Zaragoza); Mansilla de las Mulas (León); Huelva; Murcia II; Mallorca y Valencia.

 

La mayoría de los individuos investigados, lejos de alcanzar los objetivos de reinserción social que pretende el cumplimiento de la pena, se habían mantenido activos en la militancia yihadista y su proceso de radicalización se habría acentuado en prisión.

 

Aunque la mayor actividad del grupo detectado se desplegaba en el terreno de la captación de adeptos y el suministro de material de Daesh para su sustento ideológico, en los registros de las celdas se han encontrado dos pinchos carcelarios. El hallazgo es inquietante porque Estado Islámico ha hecho varios llamamientos para que se ataque en las cárceles –en la prisión francesa de Osny en 2016 ya hubo una agresión de un yihadista contra varios vigilantes–, pero sobre todo porque los internos habían focalizado buena parte de su odio hacia los funcionarios de prisiones, a los que tachaban de «perros carceleros», «enemigos» y «torturadores».

 

No se han encontrado indicios de que fuera a producirse un ataque inminente ni se han detectado objetivos concretos, aunque la mera posesión de esas armas blancas caseras indica que el atentado podía producirse en cualquier momento. Además, en los registros se ha encontrado material original de Daesh ya distribuido, documentos de trabajo y cartas para ser enviadas a los presos captados.

 

La investigación comenzó hace año y medio en la cárcel de Estremera (Madrid VI), al detectarse una pintada de la bandera de Daesh en los patios. No era la primera vez que eso sucedía en un centro penitenciario, pero esta vez los funcionarios de la prisión consiguieron llegar hasta el autor: Mohamed Achraf. A partir de ese momento se monitorizaron sus actividades y ese fue el hilo de la madeja del que se pudo tirar. «El trabajo de la gente de Prisiones ha sido extraordinario; ellos son los que primero obtenían los datos que luego la Guardia Civil trabajaba», explican las fuentes.

 

El modus operandi del grupo variaba en función de las circunstancias. En algunos casos el proceso se hacía de forma personal –se promovían reuniones en los patios para que el mensaje llegara a toda la gente posible– y en otros se enviaban cartas a internos del resto de cárceles. Unas veces se daban instrucciones de cómo captar nuevos candidatos otras se proporcionaba material yihadista a los que ya habían comenzado ese proceso de radicalización para acompañarlos.

 

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