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Javier Ángel Díez Nieto
Martes, 27 de noviembre de 2018

El sorprendente caso Emvicesa

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           A veces, la vida nos sorprende con amistades y lealtades que ignoramos que existen. ¡Son cosas que pasan! Por eso aquí y entre estas aguas azules de los dos mares que nos rodean he encontrado gentes a los que estimo y considero amigos sinceros. Y es por ello, que sabiendo que están siendo injustamente atacados, procuro defenderlos aunque sea en asuntos que no interesen a casi nadie. Porque quizás (…), y aunque algunos crean que no debo hacerlo, la verdad es que quiero decirlo y defenderlos, porque si veo que intentan apalear a unos amigos, con lo tenga a mano intentare defenderlos.

            ¡Bien (…), vamos a los hechos!  Que por cierto no he leído ningún hecho demostrado judicialmente en los escritos de la prensa. Y ya hace desde algún tiempo, más de un año, que alguno de esos amigos fue detenido e imputado, junto a otros empleados como colaboradores de lo que todos conocemos como la  “Lista fantasma de Emvicesa”. Todavía no han sido juzgados, pero la pena del banquillo pesa sobre ellos desde entonces.  Y lo único que sé, es lo que dicen los periódicos sobre este enrevesado asunto. De esta manera y por ellos, por las noticias publicadas,  he conocido que según dicen los escritos de sus defensores es que a fin de cuentas solo están acusados por falta de colaboración con la justicia en el descubrimiento de un delito que según la convicción de los juzgadores se ha producido.

            Así, he conocido que son acusados entre otros hechos de prevaricación administrativa, es decir que han dictado “A sabiendas” una resolución injusta. Por ello, me sorprende que gentes que no son funcionarios, ni tienen capacidad de decisión, puedan ser acusados del tipo penal de prevaricación como es el caso. Tan solo y en cualquier caso podrían haber sido acusados de posibles colaboradores o de inductores a dicha decisión, ya que la resolución injusta a sabiendas debe ser dictada siempre por una persona con autoridad suficiente para darla. Es decir que la prevaricación no puede ser ¡Nunca ellos!, solo la colaboración o inducción a ella, ya que no son funcionarios y por ello no tienen capacidad de decisión. Todo ello, se acredita aún más cuando las posibles irregularidades las comunicaron en su momento a quienes debían conocerlas con poder de decisión. Aspecto este último de la comunicación, que al parecer si está acreditada en la documentación entregada al juzgado. Con ello me refiero a la comunicación de dichas irregularidades por parte de los empleados de Emvicesa y que fueron desestimadas por quienes si debían tomar la decisión final en el asunto de otorgar o no la vivienda. La obediencia debida no exige más que eso…comunicarlo a quienes son responsables de la decisión administrativa, nunca a la obligación de acudir a los juzgados, salvo que sea por delito claro. Delito aun no confirmado y que todavía no  se refleja taxativamente en la actuación judicial sobre los verdaderos responsables del otorgamiento de la lista.

            Sin embargo, la acusación judicial integra a dichos empleados de Emvicesa, en una organización criminal de la que eran parte necesaria. Acusación basada, según se entiende en la prensa, en la simple falta de colaboración con la justicia por no denunciar el hecho que la justicia intenta demostrar. Aspecto este que resulta increíble, ya según las noticias publicadas no existen más pruebas que las suspicacias, interpretaciones interesadas o lo que es peor, por estimar falta de colaboración en el descubrimiento de un delito que según lo leído se basa simplemente en el run…run de la calle. Sin duda la presunción de inocencia constitucional quiebra en algún momento. Momento de quiebra que no se explica suficientemente, al menos en los escritos publicados hasta ahora. Con todo ello y sobre este aspecto, también podría considerarse que en el fondo lo que se pretende es simplemente coaccionarles para que denuncien algo a lo que ellos mismos no están obligados, ya que no tienen que demostrar su inocencia sino que deben ser los acusadores los que deben acreditar su culpabilidad. En fin, que algunos podrían preguntarse si no se está forzando una denuncia de los empleados para dar suficiente solidez a la acusación del delito que se intenta demostrar.

            Quizás este escrito sorprenda, pero sobre contar la verdad soy solidario con la gente que quiero y aprecio, aunque normalmente trabaje para ello en silencio. Pero es bueno sentir el corazón junto a los amigos y últimamente se habla demasiado en la prensa sobre este asunto.

Javier Ángel Diez Nieto

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