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Viernes, 15 de abril de 2016

Lenguaje sexista y correción política

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Resulta que los “progres” del gobierno de la Junta de Andalucía y las feministas más rancias que un aceite caducado, están que se salen a la hora de tildar de retrógradas a aquellas personas, “sembradoras de la polémica y que se encuentran cómodas usando un lenguaje machista”, en palabras de la consejera de Educación Adelaida de la Calle, con motivo de la aprobación del Plan de Igualdad de Género en la Educación en la comunidad andaluza.

 

Los antecedentes de esta tontería son bien conocidos por cualquiera que tenga algo de memoria. Primero fue Carmen Romero, esposa que fue de Felipe González, quien hablaba a sus alumnos del Instituto de “jóvenes y jóvenas” y se quedó tan encantada de haberse conocido, siendo como era profesora de Lengua y Literatura. Más reciente pero no por ello menos hilarante fue la patada que dio al DRAE la ministra de Igualdad con Zapatero, Bibiana Aído. Esta indigente intelectual se caracterizó por dejar frases para el olvido o para la historia con minúscula , en su afán por erigirse en adalid de un feminismo trasnochado e incongruente, con aquellas perlas de: “ quizás veamos en el diccionario en equis tiempo la palabra “miembra”; o “vamos a crear una biblioteca para y por mujeres”, o “ los miembros y miembras de esta comisión… y otras del mismo tenor.

 

Imaginen por un momento un aula de un colegio público. Los alumnos ( y las alumnas) están ese día especialmente revoltosos ( y revoltosas). Hago un inciso y pregunto: ¿Es sexista meterlas a ellas dentro de un paréntesis? ¿ Por qué no a ellos?. Reflexionen y sigamos: ante la proporción que va tomando el jolgorio en el aula, el profesor- profesora, – me niego a poner aquí el símbolo de la “arroba” de las direcciones de los correos electrónicos que tanto gusta a las feministas de nuevo cuño , pues no es una letra del abecedario español ¬¬- , exhorta al silencio y la compostura en clase con un espontáneo “¡Niños, por favor, silencio! Craso error. Ha metido la pata. La ha pifiado. Ha dicho niños. Sólo los varones estarán obligados a obedecer la orden y dejar de comportarse como cacatúas. Las niñas están exentas y podrán seguir cotorreando. Para que su mandato hubiese obtenido un éxito del cien por cien el docente y la”docenta” tendría que haber dicho “¡Niños y niñas, por favor! Justo esto es lo que recomienda el dichoso Plan de Igualdad de Género en la Educación.

 

Y a todo esto, ¿qué dice la RAE? “En los sustantivos que designan seres animados existe la posibilidad del uso genérico del masculino para designar la clase, es decir, a todos los individuos de la especie, sin distinción de sexos”. Por ejemplo: “Todos los ciudadanos mayores de edad tienen derecho a voto”.

 

Por si no quedara claro el ejemplo la RAE continúa:” La mención explícita del femenino sólo se justifica cuando la oposición de sexos es relevante en el contexto”. Ejemplo: “El desarrollo evolutivo es similar en los niños y niñas de esa edad”.

 

La actual tendencia al desdoblamiento indiscriminado del sustantivo en su forma masculina y femenina va en contra del principio de economía del lenguaje y se funda en razones extralingüísticas. Por tanto, deben evitarse estas repeticiones por al menos dos razones: porque generan dificultades sintácticas y de concordancia, y porque complican innecesariamente la redacción y lectura de los textos. El uso genérico del masculino se basa en su condición de término no marcado en la oposición masculino/femenino. Por ello, es incorrecto emplear el femenino para aludir conjuntamente a ambos sexos, con independencia del número de individuos de cada sexo que formen parte del conjunto. Así, “los alumnos” es la única forma correcta de referirse a un grupo mixto, aunque el número de alumnas sea superior a de alumnos varones.

 

José Manuel Blecua, que fue director de la Real Academia Española desde 2010 a 2014, ofreció en su día su parecer sobre este tema: “lo de ciudadanos y ciudadanas es sólo una moda de los políticos”. Y sobre todo entre los de la izquierda. En el PSOE andaluz, con Susana Díaz a la cabeza, el “andaluces y andaluzas” es una regla de oro, de obligado cumplimiento, al comienzo de cada discurso.

 

El plan puesto en marcha por el gobierno andaluz, da un paso más en su Cruzada particular contra lo que considera lenguaje sexista. El alumnado- es decir, los alumnos y las alumnas- deberá saber que no está compuesto por “andaluces” ni “andaluzas”, sino que formará parte de la “población andaluza”, que a su vez no estará gobernada por políticos ni por políticas, claro, sino por “la clase política”. Los escolares, además, tendrán que comprender que no son ni serán “ciudadanos” ni “ciudadanas” – y de rebote se acaba así con la polémica- , sino que estarán integrados en la ciudadanía.

 

Lo que algunos expertos consideran un vicio lingüístico, que se ha impuesto con éxito gracias a la influencia y a la toma del poder por parte de algunos de los grupos más radicales de la corrección política es, para las autoridades educativas andaluzas , una herramienta eficaz para desterrar, ya desde las aulas, el “uso sexista del lenguaje”.

 

Sin embargo, en un informe de la RAE sobre la proliferación de esta clase de guías – Andalucía no es la única comunidad que ha puesto negro sobre blanco estas directrices- la Academia ya advirtió en su momento que “ si se aplicara en todos sus términos más estrictos, no se podría ni hablar”. Pues eso.

 
 
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