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Martes, 3 de mayo de 2016

El fin del circo político

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Fin de la función. La semana pasada en el Palacio de La Zarzuela fue el escenario por el cual desfilaron una serie de políticos españoles que bien pudieran integrarse en una compañía teatral, una vez demostradas sus poderosas dotes dramáticas. Se celebro una nueva ronda de estériles consultas, dado que ningún candidato a la presidencia del Gobierno de España pudo comparecer ante Felipe VI con los apoyos necesarios para ocupar tan distinguido cargo. Tales circunstancias permitieron que los principales líderes políticos pudieran comparecer tras las sucesivas reuniones ante esas cámaras cómplices de su celebridad con un único fin, proseguir con su campaña propagandística, la misma que ahora tiene una fecha señalada, el 26 de junio en el que se celebrarán nuevas elecciones. La mañana, no obstante, tuvo un momento entre dramático y cómico, cuando el partido valenciano Compromis puso sobre la mesa un programa de acuerdo de treinta puntos, acompañado de la habitual guarnición ideológica, la apelación al diálogo sin límites, la búsqueda de un acuerdo del cual, inevitablemente, habría de queda excluido el Partido Popular, ganador de las elecciones, como sus más de siete millones de votantes. A tales extremos ha llegado el sectarismo de las autodefinidas fuerzas del cambio, o de izquierdas, que pretender aislar, de forma maniquea, a tan amplio sector de la Nación.

 

La propuesta, puesta sobre la mesa apenas unas horas antes de que se cumplieran los últimos plazos, tenía mucho de chantaje. Para mayor confusión, el Partido Socialista Obrero Español se mostró sumiso. Se apresuró a estudiar los treinta puntos del compromiso, oponiendo leves objeciones durante una mañana que fue transcurriendo a espaldas de esa voluntad popular que tan vanidosos personajes dicen poder conocer e interpretar.

 

El acuerdo, no obstante, era ya imposible, pues las huestes del caudillo de Podemos llevaban tiempo negociando la incorporación de Izquierda Unida, a un proyecto en el cual pretenden disolver a una fuerza que ya se encargó de disolver los restos del PCE, a base de inyectar ideologías extravagantes.

 

El espectáculo, no obstante, debía continuar, y por ello, el lides de Ciudadanos que había quedado totalmente en fuera de juego, compareció ante los medios sin saber muy bien cuál era ya su papel. Su acercamiento con el Partido Socialista Obrero Español ha venido acompañado de una flagrante omisión. Hasta donde hemos conocido el contenido de sus acuerdos con el Partido Socialista Obrero Español, la garantía de que en el territorio nacional el español podrá usarse y enseñarse al menos en las mismas condiciones que las lenguas regionales. Tal parece que, ante la proximidad de la poltrona, el partido que con tanta firmeza ha mantenido esta exigencia en la tierra catalana donde surgió, se ha desdibujado en asunto tan principal.

 

El líder de Podemos y sus confluencias, partido que esa misma mañana mostró su inequívoco apoyo al etarra Otegui en una Europa a la que los podemitas, con el silencio cómplice del Partido Socialista Obrero Español, han llevado con el objetivo de blanquear a este sujeto hispanófobo, mientras despreciaban a las víctimas de la barbarie etarra. El líder de Podemos en su engolado tono habitual, lamentó, entre lágrimas de cocodrilo, ese “no pudo ser”, que tantas veces ha esgrimido mientras acaricia la idea del sillón de Vicepresidente del Gobierno. El líder de Podemos, cabecilla de una facción que no cabe denominarse partido, es un depurado producto de la ideología que domina el actual periodo político e ideológico de España. A tal ambiente debe su éxito, y por ello, es lógico que acoja en su mesiánico seno toda idea de disolver España. Que exija la celebración de consultas secesionistas totalmente coherentes con su intoxicación negrolegendaria. Puesto al servicio de las fuerzas reaccionarias.

 

En efecto, el Secretario General socialista quien jugó el más patético papel ante las cámaras. Con gesto serio, casi consternado, el político socialista sacó, no obstante, fuerzas de flaqueza y no dudó en acusar a Podemos de ser objetivamente el causante de mantener la que a su juicio es la peor de las situaciones posibles, la permanencia del Partido Popular en La Moncloa. Ni siquiera en la derrota de su personalísima ambición, el Secretario General socialista pudo dejar a un lado la característica que mejor le define, un sectarismo sin límites, digno de su predecesor Zapatero.

 

La comparecencia final, breve, del Presidente del Gobierno en funciones y Presidente del Partido Popular, abundó en lo que ha mantenido desde la celebración de las elecciones de diciembre, la oferta de una gran coalición y la evidencia de que el Partido Socialista Obrero Español ha estado caracterizado por el “no”, por la negativa de explorar cualquier posibilidad de acuerdo. El momento de bajar el telón había llegado. Felipe VI informó a Francisco Javier López de la imposibilidad de formar Gobierno. Todo parece indicar que, los comicios están convocados, y que los españoles deberán volver a las urnas el 26 de junio.

 

En tales circunstancias, apelo por lo tanto, a la responsabilidad que debe exigirse al ciudadano para que a la hora de decidir el sentido de su voto se tengan en cuenta no sólo las ambiciones personales, sino, sobre todo, las líneas programáticas que van quedando cada vez más claras. Huelga decir que reitero como objetivo el fortalecimiento de España como nación indivisible.

 
 
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