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Miércoles, 11 de mayo de 2016

El día que Pirri alcanzó la gloria

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Fue el 11 de Mayo de 1966 y el escenario del acontecimiento – la final de la undécima edición de la Copa de Europa- el estadio Heysel de Bruselas , aquél que dos décadas más tarde entraría en la historia negra del fútbol, al protagonizar una de las tragedias más graves en el mundo del deporte rey.

 

Jugaban ese 11 de Mayo el Partizán de Belgrado y el Real Madrid para decidir quién sería el campeón de Europa, tras dos años en los que el Inter de Milán se había erigido como el rey del continente con dos títulos consecutivos.

 

Pero vayamos por partes. Aquel Madrid de 1966 nada tenía que ver con el que había ganado las primeras cinco ediciones de la copa de Europa. La última la de 1960 , la del 7-3 al Eintracht de Francfort. El nuevo Madrid renovado, el equipo “ye-ye” –por la juventud de su plantilla, salvo la excepción de Gento que tenía 32 años- era una generación de grandes futbolistas españoles que llegaban incontenibles ,” con ardoroso fragor, abatiéndolo todo, a las costas de Europa” - en palabras del inolvidable Matías Prats- , en las que habían encallado equipos tan potentes en aquella época como Manchester United, Anderlecht , Benfica, Inter de Milán, Spartak de Praga o Werder Bremen, unos para dejar paso al Madrid, otros para dar rumbo franco al Partizán de Belgrado, el segundo finalista. Si meritorio había sido ganar cinco copas consecutivas, también lo fue alzarse con la sexta en un momento de transición, cuando a un equipo de fulgurantes estrellas (Di Stéfano, Puskas, Santamaría, Kopa, Ríal, Gento) tuvo que sucederle otro más modesto, enteramente formado por nacionales y donde Gento ponía con su veteranía, la experiencia necesaria en aquel conjunto donde ya empezaba a destacar un jovencísimo Pirri que, con apenas 21 años y dos meses, se erigió en el jugador con menos edad del once madridista, donde destacaban también el defensa De Felipe, el segundo más joven de la plantilla al que le faltaban dos meses para cumplir los 22 años; el fino interior Velázquez con 23, Grosso (22) Serena (25), Amancio(26) , Zoco (26) o Vicente Miera, que el día anterior a la final había cumplido 27 años. Ciertamente, en la plantilla figuraban todavía Santamaría (37) , Puskas (39) y el incombustible Gento, que se acercaba ya a los 33 años, pero Miguel Muñoz, el entrenador, había decidido no contar ya con Santamaria y Puskas, para dar paso a la nueva generación, donde el intemporal Gento era el contrapunto necesario.

 

El Real Madrid accedió a la final después de eliminar en semifinales al vigente campeón el Inter de Milán. El equipo italiano plagado de figuras como el lateral Fachetti considerado en aquella época como el mejor lateral izquierdo del mundo, el guardameta Sarti o los españoles Luis Suárez y Joaquín Peiró, acompañados por el extremo Jair , el interior Mazzola y el extremo zurdo Corso, se `presentó en Madrid, a la ida, como favorito ante el cuadro merengue. El encuentro se disputó en el Santiago Bernabéu el 13 de Abril de 1966 y terminó con la victoria madridista por 1-0, marcando el tanto nuestro paisano Pirri que , dicho sea de paso, se encargó de seguir a Suárez al que anuló totalmente, impidiendo que el genio gallego pudiera elaborar el juego de ataque del equipo interista. En el partido de vuelta ,celebrado una semana después en San Siro en un ambiente infernal orquestado por el inefable Helenio Herrera, entrenador del Inter, Amancio se adelantó a los 19 minutos con un gran gol y sólo ya en las postrimerías del encuentro el defensa Fachetti, en el minuto 78, conseguía el gol del empate. El equipo italiano quedaba eliminado.

 

Y llegamos a la gran cita de Heysel el 11 de Mayo. A las siete de la tarde comenzaba la final entre madrileños y yugoslavos del Partizán que habían eliminado al Manchester United en semifinales. Era un equipo peligroso, la base de la selección yugoslava, donde militaban los internacionales Soskic, guardameta, el lateral derecho Jusufi, el volante Vasovic y sobre todo el extremo Pirmayer al que muchos veían como sucesor de Gento en el continente.

 

El Real Madrid alineó a su equipo de moda: Araquistain, sustituto de Betancort que había caído lesionado en el partido de ida contra el Inter, Pachin, De Felipe, Sanchis, Pirri, Zoco, Serena, Amancio, Grosso, Velázquez y Gento. El esquema del Madrid era jugar con un interior retrasado que era Velázquez, dos extremos natos, Serena y Gento, un interior en punta, Amancio y un ariete circulante, Grosso.

 

Como nadie ignora, a veces es más difícil llegar a una final que ganarla y lo del Madrid no fue casualidad. Los pesimistas, que según Henry James” siempre se esperan lo peor y siempre resulta peor de lo que se esperaban” , daban por finiquitados para siempre los tiempos gloriosos, pero aquel era un gran equipo en el que figurarían para siempre en la mitología cuadrada de los cromos infantiles : Pirri, Zoco, Amancio, Velázquez, De Felipe…

 

En la primera parte del encuentro el Real Madrid parecía no encontrar su sitio sobre el campo. Se mostraba nervioso e impreciso, mientras que el Partizán enlazaba mejor sus jugadas y llegaba con más peligro al área madridista. Además el equipo yugoslavo cuando no tenía la pelota, defendía con todos sus efectivos, mientras que cuando la tenía subían todos en bloque. Al final del primer tiempo se llegó sin goles, si bien el equipo blanquinegro se había hecho acreedor a un mejor resultado a su favor.

 

Tras el descanso, el panorama cambió por completo. El Madrid empezó a dar otra impresión, de mayor fuerza y decisión en su juego, siendo Velázquez el catalizador del equipo con la ayuda de un pulmón en el centro del campo, Pirri, que no daba un balón por perdido y teniendo como pareja al incansable Zoco cerrando la defensa. Pero justo cuando parecía que empezaban a cambiar las tornas, en un córner que sacó el Partizán en el minuto 55, Vasovic remató de cabeza superando la salida de Araquistain y ante la impotencia de Pachin que vio como el balón se introducía en la portería.

 

Los blancos reaccionaron con ese coraje y esa rabia que siempre había caracterizado a este equipo y como leones se lanzaron sobre el portal de Soskic. El premio llegó quince minutos más tarde, en el 70, cuando en un contraataque , Grosso lanzó un pase largo a Amancio quien, con terreno por delante y una velocidad endiablada, se escoró hacia el lado izquierdo para lanzar un fuerte disparo y conseguir el empate. El Madrid jugaba con rapidez y su fútbol era mucho más incisivo que el de los yugoslavos. No pasarían más de seis minutos hasta que Serena empalmó un balón desde fuera del área que entró como un obús en la portería de Soskic, significando el gol de la victoria para los blancos. Precisamente Serena había sido objeto, minutos antes, de un penalti que no pitó el alemán Kreitlein.

 

A raíz del tanto de Serena, el Madrid se hizo amo y señor de la pelota ante un Partizán que acusó el golpe. El equipo madrileño dejó que los minutos volaran hacia su sexto título de campeón de Europa, a pesar de que el tal Kreitlein prolongara el partido, sin justificación alguna cinco minutos más del tiempo reglamentario.

 

Esta nueva conquista del “trono” europeo, hacía presagiar que el Madrid pudiera volver a reeditar una época de dominio blanco, después de un período de transición en el que se habían sustituido las “viejas piezas” por otras nuevas. El presidente Santiago Bernabéu declararía al finalizar el partido y alzar la sexta copa, que “el Madrid volverá a ser tan temido o más que anteriormente”. Al menos esa era la impresión que todo el mundo tenía tras la remontada ante el Partizán. Gento había ganado su sexta copa de Europa, récord que a día de hoy sigue vigente.

 

Pirri alcanzó a sus 21 años recién cumplidos la gloria de ser campeón de la máxima competición continental . No volvería a levantar más veces el trofeo. Tras aquella final fallida ante el Liverpool (1-0) en 1981, el Madrid no volvería a ser campeón de Europa hasta 1998 (1-0 a la Juventus), tras una larga travesía de 32 años sin saborear las mieles del triunfo, salvo los dos títulos de la Copa de la UEFA de 1985 y 1986.

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