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Domingo, 29 de mayo de 2016

El hundimiento del Bismarck

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En el otoño de 1940, un año después del comienzo de la II Guerra Mundial, se inicia la llamada batalla del Atlántico que llega a su apogeo en la primavera de 1941 cuando el Almirantazgo alemán, pudo mantener constantemente en el mar medio centenar de submarinos. En tres meses, las pérdidas de la marina mercante británica, comprendidos los países neutrales, alcanzaban 1.691.000 Tm. (412 buques), hasta el punto de que el mantenimiento de los enlaces marítimos con los EE.UU. era la preocupación de primer orden en la Gran Bretaña. Y, poco a poco , los norteamericanos abandonarían su neutralidad para consolidar la resistencia inglesa en esta guerra económica y marítima. Primero fue sólo el suministro de alimentos, materias primas y armamentos, pero luego la ayuda se extiende a la presencia de patrullas para la observación del mar en busca de los submarinos alemanes y barcos de su flota en general.

 

Es en este contexto donde aparece la historia del Bismarck, un barco, un acorazado alemán de 251 metros de eslora y 45.170 toneladas de desplazamiento, En el momento de su botadura era el buque de guerra más veloz y el mejor blindado a pesar de que no tenía los mejores cañones. El bautizo de esta auténtica obra maestra de la ingeniería naval alemana, tuvo lugar el 14 de Febrero de 1939, escasamente siete meses antes del comienzo del conflicto bélico, y con un testigo de excepción: Adolf Hitler y su gobierno en pleno. El nombre de Bismarck hacía referencia a la mítica figura del canciller Von Bismarck , el héroe de la unificación alemana en 1871. El propio almirante inglés Sir John Tovey que sería el artífice del hundimiento del acorazado alemán, no escatimó elogios a la hora de ponderar las virtudes de semejante joya bélica, hasta el punto de pronunciar aquella frase que se hizo famosa:”¡ No se le puede hundir a cañón!

 

No obstante, y dicho lo anterior, el Bismarck también tenía sus puntos débiles. El más notable era la vulnerabilidad del sistema del gobierno del buque que a la postre fue la causa indirecta de su hundimiento.

 

El Bismarck intervino, a lo largo de su efímera vida, en una sola operación bélica conocida como la batalla del estrecho de Dinamarca en la primavera de 1941. El acorazado alemán había hundido el crucero Hood, orgullo de la Royal Navy británica y causado importantes daños al acorazado Príncipe de Gales.

 

La destrucción del Hood desencadenó una búsqueda incesante del Bismarck por parte de la marina británica que desplegó una verdadera flotilla para su captura.

 

El buque alemán fue localizado a 1280 kms al NW del puerto francés de Brest. Atacado desde el aire por aviones torpederos Swordfish, un torpedo impacta en la zona de popa inutilizando el ensamblaje del timón de babor que queda virado 12º a babor. A las 8:47 del día 27 de mayo, el Bismarck está rodeado por los acorazados King George V y el Rodney, junto con los cruceros Dorsetshire y Norfolk y algunos destructores. El Bismarck es incapaz de controlar el rumbo y poco a poco va recibiendo un diluvio de acero y fuego que destruye sus superestructuras, inutilizando sus cañones uno a uno. Sin embargo , ni la cintura acorazada ni la cubierta protectora han sido perforadas, con lo que se da la paradoja de que sus máquinas funcionaban pero sin dirección.

 

La resistencia del Bismarck al cañoneo continuo al que es sometido resulta heroica y su comandante, el capitán de navío Ernest Lindemann, impasible tras haber recibido durante dos horas un terrible castigo, toma una controvertida decisión: es preferible provocar el hundimiento del barco antes de que éste caiga en poder del enemigo. Por ello, ordena abrir los grifos de fondo y explosionar las cargas de autodestrucción.

 

El acorazado alemán no tiene capacidad de respuesta al martilleo constante de la artillería de los buques británicos. Su cubierta está llena de heridos y muertos. Lindemann ordena a sus hombres abandonar el barco y más de 800 hombres saltan a las frías aguas del Atlántico Norte al SW de Irlanda. El Bismarck comienza a hundirse de popa. El comandante prefiere quedarse en el puente agarrado a un mástil. A las 10:39 de este 27 de mayo de 1941 el buque alemán desaparece bajo las aguas.

 

Tras una hora de incertidumbre, el crucero británico Dorsetshire recoge a 85 supervivientes del Bismarck. El destructor Maorí rescata a otros 25 náufragos Cinco más serán izados del mar por otros barcos. De los 2.200 hombres que iban a bordo del Bismarck, sólo sobrevivieron 115.

 

En Junio de 1989, una expedición dirigida por el oceanógrafo Robert Ballard, el descubridor del Titanic, consiguió localizar el Bismarck a más de 3000 metros de profundidad en el Atlántico Norte, hundido de popa y con la proa mirando desafiante a la superficie. En 2002, en un documental filmado por James Cameron se mostraban imágenes del interior del acorazado. Sus hallazgos confirmaron lo que ya se sabía: que el buque no había recibido suficiente daño bajo la línea de flotación que justificara su hundimiento por obuses y torpedos. Lo hicieron zozobrar los propios tripulantes con las cargas explosivas de autodestrucción. Churchill , el premier británico, que había dado la orden : “ Hundid el Bismarck”! pudo al fin respirar tranquilo.

 

En 1960 se estrenó una película en blanco y negro con ese mismo titular, dirigida por Lewis Gilbert y protagonizada por Kennett Moore y Dana Winter.

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