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Miércoles, 31 de agosto de 2016
Miguel R. Calderon

Auschwitz: Retorno al Pasado (I)

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Saliendo de Cracovia en dirección a Katowice, al oeste de la antigua capital polaca, hay una carretera secundaria, que se desvía al suroeste, con tráfico denso y cierto peligro- la calzada es estrecha y no hay arcenes- ,que nos conduce tras 60 kms de azaroso viaje en autocar y algo más de una hora de recorrido, a una localidad de unos 40.000 habitantes llamada Oswiecim. Nadie allí quiere siquiera oir hablar de que hemos llegado a Auschwitz, pues así fue como los alemanes bautizaron a este pueblo durante los años de la II Guerra Mundial. Y sin embargo, fue en esta zona de orografía llana, cercana a la confluencia del río Vístula y su afluente el Sola, donde tuvo lugar a partir de Septiembre de 1941 la política de exterminio con el gaseamiento de 250 prisioneros enfermos, a los que se añadirían 600 pilotos rusos hechos también prisioneros tras la ruptura por Hitler en Junio de ese año, del pacto germano-soviético de no agresión y que supuso la invasión de la URSS por parte de las tropas del III Reich.

 

Llegamos a la puerta metálica de entrada al campo de trabajo de Auschwitz I, construido en 1940 para albergar judíos, gitanos, prisioneros políticos y de guerra de todas las nacionalidades, resistentes polacos, homosexuales y convictos comunes.

 

Un letrero en el arco que corona el acceso al lugar, permanece incólume como mudo testigo de la hipocresía humana: “Arbeit Macht Frei” (El trabajo os hará libres). Fina ironía. Pura ficción. ¿El trabajo como redención humana? No. El trabajo como medida de paciente eliminación física de los más débiles, de los que no podían aguantar jornadas extenuantes de actividad febril que comenzaban a las cinco de la mañana y se prolongaban doce horas en invierno y diez en verano. Ni que decir tiene que los enfermos, y los ancianos eran directamente asesinados. Pura mercancía humana. Muchos de los que traspasaron aquella entrada supieron con el tiempo que el trabajo allí tal vez supusiera una liberación. Porque , al fin y al cabo, la muerte era la liberación para tanto sufrimiento y tanta maldad humana.

 

Auswichtz fue uno de los más de cuarenta campos de exterminio que los alemanes organizaron en el este de Europa. Tal vez no murieran allí más personas que en Treblinka, al este de Polonia, o en Belzeck o en Sobibor; tal vez no haya sido el más terrible de ellos. Nunca se sabrá, porque de aquellas fábricas de la muerte muy pocos sobrevivieron para dar su testimonio.

 

En Auschwitz se organizó con precisión germánica el asesinato industrial de más de un millón de personas inocentes (las cifras oscilan entre 1,1 y 1,5 millones). El Holocausto fue organizado técnicamente por Adolf Eichmann, cumpliendo la voluntad de Hitler y siguiendo las órdenes de Himmler, jefe de las SS. De Eichmann llegó a decir el cazanazis Simón Wiesenthal “que no era una mala persona”. De hecho Eichmann incluso estuvo en Palestina. No odiaba a los judíos. Cumplía órdenes.

 

Sin embargo todos los estamentos de la sociedad alemana estuvieron implicados en el genocidio judío: el Gobierno que dio las órdenes; los juristas que habían desarrollado las leyes racistas; los funcionarios de las oficinas de empadronamiento que habían registrado quién era judío y quién no, que decidían si alguien era mestizo en primer, segundo o tercer grado; la policía que detenía a las víctimas; los bancos que embargaban sus cuentas corrientes y sus negocios; los caseros que se quedaban con sus viviendas; los funcionarios de la seguridad social, que desviaban las cotizaciones que ya no se pagaban; los ferroviarios que transportaban a los prisioneros hasta los campos; los ingenieros que construían las líneas; las grandes empresas que fabricaron los hornos crematorios, así como sus empleados; los obreros de Siemens, I.G. Farben y sus afines Basf, Agfa y Bayer, en fin, los habitantes de Berlin, Munich, Fulda etc que podían ver y oler lo que salía de las chimeneas… y la población en general.

 

El campo de Auschwitz-1 se convirtió en el centro administrativo de todo el complejo , abarcando al cercano de Auschwitz-Birkenau y el de Monowitz donde trabajaban los presos como esclavos en la factoría de I.G. Farben.

 

Se componía de 34 barracones y varias zonas específicas: Control de Ingresos, Talleres, Cocinas, Zona de Horcas y Muro de fusilamientos, Cámara de gas y crematorio , Zona de investigación y “experimentos médicos” y la Residencia de oficiales.

 

Rudolf Höss fue el encargado de dirigir Auschwitz hasta 1943 en que fue sustituido por Arthur Liebehenschel y éste a su vez por Richard Baer. Por su parte el doctor Josef Mengele era el encargado de hace la “selektion”, es decir quién merecía seguir viviendo, al menos de modo provisional, y quién directamente debía ir a las cámaras de gas donde con sólo 7 kg de Zyklon B, un poderoso insecticida a base de ácido cianhídrico altamente venenoso, podía gasearse a un total de 1.500 personas.

 

Para el visitante, el horror de Auschwitz no radica solo en las cámaras de gas, en los hornos crematorios – en 1943 había ya instaladas cuarenta y seis cámaras incineradoras que garantizaban la eliminación de 4.700 cadáveres en sólo 24 horas- ; en las celdas de castigo minúsculas donde el condenado tenía que permanecer de pie; en los montones ingentes de cabello humano arrancado para confeccionar tela de crin; en las toneladas de zapatos, menaje, gafas, o las pastillas de jabón hechas con grasa humana; en el hacinamiento en los barracones donde en una especie de cubículos dormían hasta seis personas. A lo largo de los diferentes bloques del campo se pueden ver exposiciones en las que se muestran las condiciones en las que malvivían los prisioneros.

 

Pero el horror de Auschwitz está también en la burocracia y en la sociedad que sustentaba el genocidio, en la negación misma del Holocausto.” En tiempos de Hitler el miedo impidió al ciudadano alemán manifestarse; después de la guerra todos quisieron olvidarse de aquellos tiempos espantosos y el pueblo alemán se dedicó a a la reconstrucción, al “milagro económico” de un país destrozado. Mas tarde tuvimos mala conciencia y seguimos callando. Pero ahora soy vieja y veo que no puedo escapar del pasado”. Este testimonio pertenece a Rita Scheliha, una berlinesa que a sus ochenta años, así se expresaba en el 50º aniversario de la liberación de Auschwitz el 27 de Enero de 1945.

 

Salimos de Auschwitz y a unos 3 kms de distancia accedemos al Campo C Auschwitz- Birkenau, a través de una estructura compuesta por dos módulos rectangulares a derecha e izquierda y una puerta amplia- por donde atraviesa una línea férrea- y coronada por un arco rebajado y una torreta de vigilancia desde donde se divisa con facilidad el recinto de 2,5 x 2 kms , construido en 1941 cuando ya era una evidencia la implantación de lo que se conocería como “Solución Final”, es decir el exterminio judío. Todo el campo estaba cercado con alambres de púas y electrificado.

 

Para cumplir el objetivo marcado, Birkenau fue equipado con cuatro crematorios con cámaras de gas. Cada cámara podía albergar hasta 2.500 prisioneros por turno. El exterminio a gran escala comenzaría en la primavera de 1942 cuando los trenes llegaban constantemente a lo largo de las 24 horas del día.

 

Violeta Friedman, una de las supervivientes de Auschwitz-Birkenau y que llegó al Campo en 1944 con 14 años cuenta en sus memorias la terrible experiencia que le tocó vivir: “ Allí supimos lo que el futuro aún nos tenía reservado. Allí supimos lo que era un campo de concentración nazi, lo que eran los barracones, las literas, lo que era estar amontonadas, y sufriendo el frío cuando nos hacían formar a las cuatro de la madrugada para contar a las aproximadamente 35.000 personas del Campo C. Lo mismo sufríamos en verano, cuando el calor de mediodía era insoportable. El sadismo no tenía límites”

 

Para un prisionero el peor destino no era la cámara de gas, sino el “Sonderkommando”. Este estaba formado por judíos y su tarea era llevar a la gente a la muerte, vaciar las cámaras y quemar los cuerpos. Al cabo de un tiempo, los miembros eran ejecutados por las SS y se adiestraba a nuevos. Las ventajas eran mayores raciones de comida y la esperanza de vivir durante más tiempo.

 

Fueron los “Sonderkommando” los que iniciaron una de las pocas rebeliones documentadas de Auschwitz. El siete de octubre de 1944 un “Sonderkommando”, compuesto en su mayor parte de judíos griegos sefardíes, decidió morir matando y se enfrentó con cuchillos, alpacas de pelo humano (como bombas incendiarias) y granadas caseras. Lograron destruir el crematorio 4 y matar a tres SS. Ninguno de ellos escapó con vida. Al finalizar el día sus cuerpos ardían en los hornos.

 

Un mes más tarde, en noviembre, los transportes dejaron de llegar al Campo C. Los bombardeos contra la planta de I.G. Farben se hacían cada vez más frecuentes y las noticias de la capitulación del VI Ejército en Stalingrado ya eran conocidas desde hacía tiempo. Al dejar de llegar los transportes, las cámaras de gas y los hornos también dejaron de funcionar. Himmler había dado órdenes de detener los gaseamientos y desmantelar los crematorios en cuanto se comprobó que el avance del Ejército Rojo sobre Auschwitz era prácticamente imparable. Igualmente ocurrió con gran parte de los barracones, destruidos para eliminar pruebas. Por eso hoy. Auschwitz-Birkenau se nos antoja un inmenso solar donde sólo las torretas de los crematorios son mudos testigos de lo que allí ocurrió.

 

Algunos emergen en la distancia , guardando en su interior las pruebas del genocidio y eso que los últimos oficiales de las SS se emplearon en borrar huellas antes de abandonar a su suerte a los últimos 7.650 prisioneros de Auschwitz pero llevándose consigo a otros 58.000 con destino a los campos de concentración del interior de Alemania.

 

Cuando los rusos llegan a Oswiecim el 27 de Enero de 1945 se encuentran con 7.500 esqueletos andantes. Lo que ven supera con mucho todos los horrores que han conocido en la guerra. Se acercaba el fin de la pesadilla para aquellos infelices que habían sobrevivido a tanta crueldad.

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1 Comentario
Fecha: Miércoles, 31 de agosto de 2016 a las 10:00
Francisco Parrado Bollit
Muy interesante amigo Miguel, Precisamente estoy leyendo Auswichtz, una trilogia de Primo Levi,
Si tienes esto editado me gustaria saberlo.

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