La danza urbana como maestra de valores, en el CEIP Mare Nostrum

REPORTAJE

Este centro educativo, desde hace cinco años, forma parte del programa MUS-E de la Fundación Yehudi Menuhin. Este año, Lola Carpena, la artista que colabora con el centro, se ha basado en los superhéroes para guiar las sesiones de baile

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Bailar te tiene que gustar, es una afirmación que hemos oído casi todos alguna vez en la vida. ‘Yo no bailo, porque no me gusta’, es la otra versión que existe de la misma idea. Sin embargo, el hecho de mover un dedo contra una mesa o seguir el ritmo con el pie, golpeando el suelo, con alguna canción que te guste, lo creas o no, te gusta bailar.

“Soy fiel creyente de que a todo el mundo le gusta bailar, va en nuestra naturaleza. Lo que creo es que no sabemos que nos gusta bailar”, afirma Lola Carpena, artista colaboradora con el CEIP Mare Nostrum en el programa MUS-E, el cual están realizando en el centro desde hace ya cinco año.

Este programa, según cuenta la bailarina, trabaja ciertos valores “que a los docentes, por su figura como docente, les cuesta más trabajar como son el antimachismo, el antiracismo, la inclusión”, pero por la falta de espacio y horario, y una guía docente a la que seguir. Si hubiese algún problema relacionado, sí que podrían dedicar un espacio en sus asignaturas, pero se encuentran encorsetados por lo mencionado, la guía docente. La Fundación Yehudi Menuhin utiliza el arte en la educación para que, de esta manera, los niños tuviesen interés en ir al colegio y acabar así con el abandono escolar.

Lola, natural de Murcia, estudió el grado universitario de danza, formándose en pedagogía de la misma. Además, está estudiando el máster de formación del profesorado, a la vez que lo compagina con este programa. Esta bailarina se muestra especialmente “ilusionada” con este proyecto, porque siente reflejado en los niños “el placer de bailar”, algo que puede llegar a olvidarse “cuando llevas mucho tiempo en el ámbito artístico”.

Lola contribuyó el pasado año con este centro y reconoce “que está siendo más sencillo” que el anterior. Esta artista estaba acostumbrada a las academias de baile, donde la gente se apunta porque les gusta bailar. “El reto es que a los niños que no les gusta bailar tengan ese interés o puedan aprovecharlo de alguna manera, aunque no quieran ser bailarines, pero puedan aplicarlo de alguna manera a sus vidas, que les ayude”, señala.

Además, este año cuentan con la ayuda de los superhéroes. Cada curso escolar, el ‘Mare Nostrum’ sigue una línea temática para todo el años, la cual van incluyendo en las actividades de los alumnos, siendo este año los superhéroes. La danza urbana, estilo en el que se mueve Lola, trabaja mucho con las dinámicas conocidas como ‘batallas de baile’. Entre Anabel Ramón, la jefa de estudios del centro y Lola idearon un proyecto en el que, cada clase con su superhéroe asignado, “va a luchar contra un antivalor, en forma de batalla de baile y van a crear su propio rap”, cuenta Lola.

¿Cómo es una sesión de baile?

Estas clases de baile, o sesiones, se dan durante la hora de Educación Física de los alumnos, contando con la presencia de los profesores.

Nada más llegar, los jóvenes bailarines tienen que realizar el calentamiento, mediante juegos o, incluso, el baile. “Mi calentamiento es bailando, siempre. Uso música urbana, música hip hop, rap y vamos moviendo todas las articulaciones al ritmo de este estilo de bailes, con los pasos básicos que les voy metiendo poco a poco con el calentamiento”, explica Lola.

Una vez que han movido todas y cada una de sus articulaciones, empieza la siguiente parte de la sesión: los nuevos pasos. “Cada día les suelo enseñar un paso o un concepto nuevo”, todo basado en los distintos estilos de danza urbana, buscando siempre lo básico, para aquellos que, por ejemplo, muestran poco interés.

Después de esto, y con esas nuevas herramientas (pasos) que les ha proporcionado, empezaría la dinámica de grupo. Estas son variadas, puesto que pueden hacerse desde en pareja hasta en grupos. La idea es que, durante ese tiempo, “enseña al otro una variación, luego nos lo enseñan al resto” y así, van compartiendo sus ideas.

Además de esto, se les pide que creen una coreografía con la intención de que trabajen juntos y se relacionen unos con otros. Para acabar, y dependiendo del tiempo, pueden hacer una batalla de baile o una demostración. “Van saliendo por grupos y ellos mismos tienen la responsabilidad de ser jurado, de qué cosas tienen que valorar y ahí vamos metiendo los valores. O bien hacemos un círculo y vamos saliendo uno a uno a bailar libremente, cada uno a expresar con lo que se ha quedado con ganas de expresar ese día”, relata.

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Actitud y experiencia

Partiendo de la base de la principal creencia de Lola, la de que a todos nos gusta bailar, pero no lo sabemos, un programa como este está teniendo “muy buen aceptación” entre los alumnos. De hecho, Lola confiensa que al principio había muchos niños que le decían que ellos no bailan o que no les gustaba.

Sin embargo, “poco a poco se van arrancando, sitiéndose seguros de sí mismos”, señala. También, “van descubriendo posibilidades de su cuerpo que tienen, creatividad, que a lo mejor pensaban que no eran buenos en algo y están descubriendo que sí. O simplemente por el placer de aprender cosas nuevas”, añade.

Ahora la buscan cada dos por tres para saber cuándo les toca a ellos. “Los niños vienen muy motivados. Es muy bonito”. Lola cuenta que ella había trabajando con anterioridad en escuelas privadas de danza o en actividades organizadas por su ciudad, gratuitas, para gente sin recursos.

Eso fue lo que hizo que le llamara la atención todo este ámbito y se inclinara por redactar un proyecto para danza en la Educación Física. Un proyecto que no saldría adelante, pero que la ayudaría a conocer el programa MUS-E, con el que ahora está enseñando valores a niños ceutíes mientras aprenden y descubren el baile. “Es muy bonito”, repite nuevamente.

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