Un frigorífico para 18 estudiantes y goteras en los dormitorios: la residencia de Ceuta
RESIDENCIA DE ESTUDIANTES
Los casi 40 residentes han firmado un documento con las quejas que presentarán hoy a la Ciudad Autónoma, que gestiona las instalaciones a través de Clece
La humedad se mastica en las habitaciones de la residencia de estudiantes de Ceuta. La tercera planta del Campus de la Universidad de Granada (UGR) en la ciudad autónoma es un estrecho pasillo con 38 estancias de unos 15 metros cuadrados. La uniformidad de las paredes, recién pintadas de blanco, se rompe por los cercos grisáceos que decoran los techos de los reducidos dormitorios. La lluvia caída este lunes ha dibujado alargadas goteras en el ventanal que ilumina cada una de las estancias, la mayoría sin aire acondicionado y un calor impropio para la fecha. En las dos salas comunes, un solo frigorífico, dos sofás y un microondas a compartir entre 18 personas. Cansados de “deficiencias”, hoy presentarán las casi 40 firmas recogidas a la Ciudad Autónoma, propietaria de la residencia.
“Creían que con pintar las paredes de nuevo se iba a solucionar el problema. Pero ya ves lo que han tardado en aparecer otra vez las humedades”, comenta una de las casi 40 estudiantes que habita en el centro residencial propiedad de la Ciudad, que gestiona la empresa privada Clece. La granadina veinteañera, estudiante de Ingeniería Informática, apunta con su dedo índice hacia el techo de su baño privado para señalar una mancha circular dispuesta sobre su placa de ducha. Trabajadores de Clece acudieron a examinar la gotera y concluyeron, según esta, que era “algo normal” y podía estar “tranquila” al no haber “peligro de que se derrumbara el techo”.
“Pasamos un calor insoportable, y el aire acondicionado solo funciona en cinco o seis habitaciones”, explica la chica que desde hace dos años habita el espacio cuyas puertas abre a El Pueblo de Ceuta. Se habría marchado ya de no ser por el alto precio de los alquileres en la ciudad y la comodidad de tener la universidad a 30 segundos en ascensor. “Es que estamos dentro de la universidad, pero hay muchos desperfectos”, reconoce. Asegura ser “de las afortunadas” de la residencia, ya que la persiana de su ventana aún puede correrse y descorrerse. “Otros compañeros tienen rota sus persianas y sus habitaciones están siempre a oscuras”, comenta. Se agacha hasta su cama para levantar el delgado colchón y dejar a la vista un somier de láminas móviles. “No están fijas. Muchas noches se mueven y me caigo”, cuenta.
El pequeño chaparrón de este lunes fue la gota que colmó el vaso. A sabiendas de lo que estaba a punto de ocurrir, poco antes de que comenzara a llover con más intensidad, avisó a uno de los nuevos compañeros de que debía mover de sitio su cama, que tenía justo debajo de la ventana. “Tu cuarto tiene goteras, yo que tú cambiaba la cama”, le advirtió. “Y la cambió. Menos mal, porque se formó un charco. Tuvo que poner cubos”, narra. Asegura que la humedad en el ambiente originada por las goteras y la falta de ventilación le está provocando el “desarrollo de nuevas alergias”. Por no hablar de los insectos que se comen sus cereales. “Todo es por lo mismo: el moho y la humedad”.
Junto a su cama, encima del escritorio, toma la joven un folio lleno de firmas por ambas caras. Este miércoles se dirigirán al Palacio Autonómico para hacer entrega del documento al Gobierno local, al cual pretenden exponer todas las quejas. El año pasado se reunieron con la UGR, que los emplazó a comunicarse con Clece, la cual pasó el testigo a la universidad, hasta que ambas entidades acordaron que los residentes debían ponerse en contacto con la Ciudad Autónoma.
Un frigorífico y un microondas
“El año pasado estaba súper feliz porque nos prometieron que teníamos Cafetería y descuentos especiales. Pero la Cafetería estuvo cerrada hasta finales del curso, y no tenemos descuentos. Y tampoco tenemos cocina en la residencia. Ni horno, solo un microondas”, expresa la joven granadina que prefiere mantenerse en el anonimato. Junto a ella, una compañera de hogar y de grado universitario reafirma su testimonio. Es una “estudiante internacional”, procedente de Marruecos, y también lleva dos años tanto en el campus ceutí como en la residencia de la tercera planta. Para ésta, lo peor es carecer de aire acondicionado en las habitaciones y de horno u hornillo en la cocina. “Muchas veces no sabemos ni qué prepararnos de comida, porque a veces ni tenemos microondas, deja de funcionar porque se sobrecalienta. Es que somos 18 usándolo…”, expone.
Al igual que su compañera, se ha planteado varias veces mudarse a un piso compartido, pero en cualquiera tendrá que pagar más de 300 euros, y no puede permitírselo, ya que, como estudiante internacional, no se beneficia de becas. El precio por habitación ha subido este año, pero sigue sin rebasar los tres centenares. Antes pagaban 273 euros al mes, ahora 288. Barato, pero “caro” para las “condiciones” que les ofrecen. Si bien agradecen la ubicación y el hecho de disfrutar de baño privado, las goteras y la falta de ventilación, sumado a los problemas culinarios, dificultan la estancia en la residencia.
Se confiesa “cansada” de tener que cubrir su cama con plásticos los días de lluvia. Y de que la pizza sea su plato más frecuente. O los platos precocinados. “No están buenos. El otro día me calenté unos macarrones y estaban duros. No podemos comer eso a diario”, relata la estudiante granadina. Reconoce tener “la suerte” de vivir cerca y poder llevarse a Ceuta tuppers desde su casa. “Pero no todo el mundo puede. Imagínate los Erasmus o los latinoamericanos”, añade.
Esperan ambas que la visita de este miércoles al Palacio Autonómico sirva de algo. Hace tan solo una semana, el Gobierno local se pronunció al respecto de la necesidad de ampliar el servicio de residencia de estudiantes en Ceuta. Su portavoz, Alejandro Ramírez, anunció que están trabajando en la identificación de solares que puedan ser usados para construir nuevas residencias. Aseguró que “hay iniciativas privadas que están barajando poder construir equipamientos”. El edificio contemplado es el antiguo Hospital de la Cruz Roja, que sigue siendo propiedad de la ONG.
Ramírez aseguró que la nueva residencia “es uno de los retos marcados junto con la universidad y los operadores privados” con el fin de “potenciar el ámbito educativo a través de una marca, reconocida mundialmente, como la de la Universidad de Granada”. También la semana pasada tuvo lugar el acto de apertura del curso académico de la UGR en Ceuta. En el mismo, el vicerrector para los Campus de Ceuta y Melilla, Planificación Estratégica y Comunicación, Salvador del Barrio, reconoció que el alumnado “tienen necesidades de alojamiento porque hay tensiones importantes en la ciudad”. “Es una realidad que, de cara a futuro, si queremos crecer en número de estudiantes, el tema del alojamiento es muy importante”, reconoció.
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